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dimarts 15 de desembre de 2015
Cumbre del Clima
Todos contra el cambio (climático) pero sin el cambio (socioeconómico)
Pedro Costa Morata

¿La reciente conferencia de París, llamada COP21, sobre el clima? Pues una variación sobre la exaltación del disimulo y la mala voluntad de lo que vienen consistiendo estas conferencias sobre el cambio climático, que ni siquiera en gramática formal traslucen que poco a poco la tragedia se perfila y se acerca, envolviéndonos a todos, pueblos y países. Porque un texto final, necesaria y fatalmente consensuado, que una vez más recomienda pero no obliga (should, que no shall), que remite a supuestos ejercicios reductores de CO2 de buena voluntad para 2020, que expresa preocupaciones literarias y esperanzas miríficas sin aludir a las causas del problema generador del cambio climático (para no acercarse a la necesidad de cuestionarlas), que en consecuencia no contempla el abandono expreso y a término de los combustibles fósiles y que contenta a la gran masa de Estados presentes con promesas de inversiones compensatorias (que, tantas veces anunciadas, se sabe que ni serán tantas ni tan oportunas) no es más que una comedia con centenares de intérpretes falsarios o contentadizos, encantados de representar el papel que les otorga una distribución aleatoria e injusta.

Sería interesante analizar in extenso algo que se ha esparcido y oído en las discusiones y notas de prensa, a modo de objetivo global, que es frenar, antes de alcanzar los 2 grados, el aumento de la temperatura media del planeta, para evolucionar después a parámetros “correspondientes a la era preindustrial”: un desiderátum carente de fundamento a la luz de la experiencia, pero que cuestiona (sin quererlo, haciéndolo así ininteligible) nada menos que la evolución de la economía occidental desde la segunda mitad del siglo XVIII. Demasiado imposible para tan frustrante conciliábulo, y por eso no resulta difícil resumir el cuadro en presencia de frivolidades, desganas y perversidades a modo de decálogo para el desencanto y la indignación.

Lo primero es que los datos (1) sobre el cambio climático, aunque sean objetivos y científicamente incuestionables, no preocupan gran cosa a la clase política mundial. Se trata de un fenómeno que parece más intuido que real, más futuro que próximo; y el afanarse en frenarlo, más erosivo que brillante.

Además, los dirigentes actuales (2) no se sienten responsables de algo que ‘viene del cielo’ y que se dejará sentir en el futuro, y no esperan en absoluto que se les recrimine o, mucho menos, incrimine con el tiempo. Se sienten seguros de una ‘garantizada irresponsabilidad’ y eso no supone estímulo político alguno.

Gran parte de la intelligentsia internacional (3), formada por científicos, tecnólogos y economistas como profesionales más cercanos al problema, está segura de que, con el tiempo, habrá soluciones científico-técnicas oportunas y eficaces en el caso de los primeros, y que las leyes del mercado sabrán regular ese fenómeno amenazador, en el caso de los segundos; con lo que unos y otros colaboran en la feliz irresponsabilidad de los políticos.

No existe, en consecuencia, ni siquiera en una medida mínimamente significativa (4), un general reconocimiento de que es el cambio socioeconómico radical y urgente lo único que puede impedir el cambio climático fatal, aunque esté claro que es a ese modelo, dominador y arrogante, al que se le debe imputar.

Este modelo casi universal (5), que se afirma como vencedor frente a otros, fracasados o residuales, no tiene por costumbre –ni puede, quiere o prevé hacerlo– preocuparse por lo que vaya a suceder a medio o largo plazo: no es su preocupación directa ni su objetivo ordinario.

Por el contrario, el mundo de los negocios (6) se frota las manos de regusto por las ingentes inversiones a la vista, en primer lugar las gigantescas e infinitas obras de infraestructura que serán poco a poco necesarias para hacer frente a un problema que no se pretende solucionar in nuce, sino acudiendo a sus consecuencias más acuciantes y desastrosas.

El deshielo polar en marcha, por ejemplo (7), constituye una gran novedad de indudable interés económico, que en absoluto se considera funesta: nuevas rutas marítimas por el Ártico y el Polo Norte, espacios despejados listos para explotar nuevas riquezas… en los que están interesadas las potencias más contaminantes.

Puede decirse, en definitiva, que gran parte de las desgracias que se anuncian (8) son en general espléndidas novedades para la expansión económica futura, en el entender del mundo de los negocios.

No ha tardado en ponerse a punto el instrumento financiero (9), sagaz y atento a nuevas e ilimitadas oportunidades… que ha empezado a experimentarse en el seguro ante desastres climatológicos del tipo huracanes tropicales y otros, teniendo como clientes –asustados, presionados, inermes– a los propios Estados.

Last but not least, la opinión pública mundial (10) encara este cambio y sus consecuencias con muy variado enfoque. Y todos y cada uno de nosotros, ciudadanos privilegiados de países desarrollados que podemos criticar a nuestros dirigentes por inacción o incompetencia, mantenemos hacia nosotros mismos una amplísima indulgencia recurriendo, por ejemplo, a los combustibles fósiles en mucha mayor medida de lo que nuestras necesidades marcarían; concretamente fortaleciendo nuestro vínculo –por más que insano– al automóvil particular, sabiendo perfectamente que se trata del principal agente del cambio climático.

Añadamos, en esta lista de incapacidades prácticas para impedir el futuro trágico que se cierne sobre el planeta y los humanos, la intransigencia de las potencias emergentes, China e India en primer lugar, que viven una locura desarrollista asumiendo casi con violencia el modelo occidental culpable del drama climático, y se sublevan e indignan cuando en conferencias como la de París se les pide contención y cambio porque ellos, dicen, también tienen derecho al desarrollo que los países occidentales ya alcanzaron (Les asiste la razón de los necios, desde luego, pero pueden, con su negativa, acallar a los que les conminan a hacer lo que antes ellos no hicieron y ni siquiera ahora asumen con decisión). En el terreno de las realidades, está claro que el planeta no puede aguantar este proceso, decidido aunque necrófilo, de dos potencias de descripción estrafalaria y soez, sí, pero que sobre todo muestran la culpa inocultable de haber abandonado sus respectivas tradiciones filosófico-políticas justamente cuando se reconocen las virtudes de las culturas tradicionales para enderezar el destino del planeta y la humanidad.

Finalmente, quizás es el momento de preguntarnos si –vista nuestra contumacia y el irreductible conflicto entre el desarrollo, según el modelo extendido y triunfante universalmente, y la supervivencia– los seres humanos pueden demostrar la capacidad suficiente para resolver este trance, el primero y decisivo que se les presenta como especie; y si esta especie, a sí mismo considerada inteligente, no va a ser finalmente incapaz de interesarse por el futuro, a fuer de irresponsable, demostrando con ello que esa inteligencia no está ‘inteligentemente orientada’, con lo que –como en las demás especies– no es la supervivencia lo que aparece inscrita en su genética ni es, por lo tanto, su característica esencial.

(*) Pedro Costa Morata es ingeniero, sociólogo y periodista.



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Todos contra el cambio (climático) pero sin el cambio (socioeconómico)

ECOLOGISTAS EN ACCIÓN SOBRE LA CUMBRE DEL COP21

“En París no se han aprobado medidas concretas contra el cambio climático”

Finaliza la cumbre COP21 que se ha desarrollado en París desde el pasado 30 de noviembre contra el cambio climático. En ella han participado cerca de 200 delegaciones y ayer se llegaba a un acuerdo por el cual se insta a las partes a “mantener el aumento de las temperaturas por debajo de los dos grados con respecto a los niveles preindustriales” y se les anima a “perseguir los esfuerzos para limitar el aumento a 1,5 grados”. La satisfacción por parte de Naciones Unidas y de muchos de los países participantes no tiene parecido con la valoración negativa que los grupos ecologistas hacen del acuerdo. Estas organizaciones advierten de que “es decepcionante e insuficiente al carecer de herramientas necesarias para luchar con eficacia contra el calentamiento global” y de que “no se ha apostado por un cambio de modelo basado en las renovables, optándose por consagrar la mercantilización del clima”. De esta manera, Ecologistas en Acción no duda en considerar el acuerdo como decepcionante y Greenpeace asegura que los compromisos son insuficientes para lograr el abandono de los combustibles fósiles. Los colectivos ecologistas recuerdan que el acuerdo no es vinculante para las partes. En París ha estado durante estos días Javier Andaluz, responsable de la campaña de clima de Ecologistas en Acción, que analiza para cuartopoder.es lo debatido y acordado en la cumbre.

— ¿Cómo valora el resultado de la Cumbre?

— Hemos perdido una oportunidad grande, histórica. En el acuerdo de París no se ponen medidas concretas contra el cambio climático. Se ha llegado a un acuerdo, algo que es mejor que no tener nada, pero es vago e indefinido y no recoge medidas eficaces. Se ha perdido la oportunidad de conseguir medidas eficaces contra el cambio climático. El acuerdo es una serie de palabras bienintencionadas, pero cuando se analiza ves que no establece medidas concretas ni vinculantes para los países. Esto hace que no tengan por qué cumplir con lo acordado, aunque prevé un mecanismo para que se llegue a convertir en el futuro en vinculante para los países. Uno de los grandes problemas que tiene el acuerdo es que no sólo se habla de la emisión de gases de efecto invernadero, sino que habla de gases de efecto invernadero en comparación o en contraste con los sumideros de carbono de los países, una medida de compensación en la que no sólo se valorarán los gases de efecto invernadero emitidos, sino también los bosques o mares que actúan como sumideros, así como las inyecciones de carbono en el subsuelo. Todos los elementos relacionados con la importancia de los Derechos Humanos en el texto del acuerdo han desaparecido. La descarbonización de la economía no está en el acuerdo. Los países tenían que financiar con 6.000 millones de dólares, pero no se contempla esto dentro del acuerdo, por lo que se puede deshacer en futuras cumbres.

Se ha perdido también la oportunidad para impulsar las energías renovables y la desinversión en combustibles fósiles. La necesidad de la ONU de encontrar un documento que fuera aplicable a todas las partes hace que el acuerdo caiga en favor de Arabia Saudí o de las grandes potencias petroleras.

— ¿Considera que hay algún avance, algo positivo, en esta cumbre?

— Positivamente se puede valorar el que tengamos un acuerdo, en él se menciona el grado y medio como límite en el aumento de la temperatura global, pero no es funcional, sólo se menciona. Recoge los dos grados y en la medida de lo posible el grado y medio, para ser exactos. Como positivo también podemos decir que va a ser aplicable a todas las partes, que es el primer acuerdo internacional en el ámbito del cambio climático que tenemos, pero aún así nos cuesta mucho entender cómo se va a llevar a la práctica, si no existen mecanismos para ello. Cada cinco años se podrán revisar los mecanismos al alza o para igualarlos, es un avance porque no se contempla el que se revisen a la baja. Nuestros mecanismos de desarrollo limpio que vienen heredados de Kyoto se mantienen. Se hace alguna referencia a la ciencia, algo que puede ser efectivo de aquí a algún tiempo. En el 2023 se revisará por primera vez y se actualizarán los compromisos, y en el año 2020 comenzará la ratificación a la ONU, esperemos que mediante estas ratificaciones, la ONU consiga que se adapten los países al horizonte de los dos grados.

— ¿Qué países y partes implicadas han sido las que más reacias se han mostrado a las exigencias de los ecologistas?

— Estas negociaciones son muy complejas. Los países petroleros han impedido que se hablara sólo sobre las emisiones y el carbón y han introducido el balance de las emisiones con los sumideros que hemos explicado antes, los bosques, el mar… Este ha sido uno de los grandes bloqueos. No se ha hablado de la descarbonización. Por otro lado, Estados Unidos ha considerado que el acuerdo era difícilmente asumible si establecía una obligación nacional. Los países del sur, por su parte, siguen presionando para que exista una financiación adecuada, la cual no queda recogida dentro del acuerdo, lo que es un punto peligroso.

—Frente a esta insatisfacción por el acuerdo, desde Ecologistas en Acción siguen llamando a la movilización y a la acción ciudadana…

— Tenemos muy claro que ante este tipo de acuerdos será la ciudadanía la que demuestre que es posible la reducción de las emisiones y otros modelos de producción y consumo. Los grupos que se han manifestado en París durante los últimos días son bastantes. Al final se demostrará que, por ejemplo, en Europa se pueden reducir más las emisiones de lo que se comprometen los países. Hay una gran permeabilidad de nuestro sistema económico para las energías limpias y la ciudadanía lo va a demostrar. Será la ciudadanía la que tenga que parar las emisiones y acuerdos como el TTIP e impulsar un nuevo modelo de energía y de movilidad. Es por donde, al final, va a venir el cambio auténtico, sobre todo porque vamos a ver cómo el cambio climático será cada vez más evidente en nuestro día a día.

 
7 de juny
Mano Negra & Manu Chao - Sidi Hbibi (Live) Bayonne (France) 2008 More than a concert... in a big venue or an intimate dive, the equation is sure to be the same: Manu Chao are an explosive cocktail an explosion of joy.

concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"