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divendres 3 de juny de 2016
CAPITALISMO - GLOBALIZACIÓN
EL ORDEN CRIMINAL DEL MUNDO
Jean Ziegler Eduardo Galeano
per  mrg-valencia

Voces contra la Globalizacion. Otro mundo es posible

El documental “El orden criminal del mundo” trata aspectos como quiénes son los amos del mundo, las situaciones de miedo a las que estamos sometidos, la destrucción de los derechos, la tragedia de la inmigración y el capitalismo asesino, y propone soluciones. Es un documental realizado para el programa En Portada, de la 2 de TVE, y recoge las opiniones del escritor Eduardo Galeano y el ensayista y relator de la ONU Jean Ziegler, y en menor medida las del dirigente campesino colombiano Héctor Mondragón, los misioneros en África José Collado y Ángel Olaran, el jurista norteamericano William Goodman, el juez Baltasar Garzón, la ex-ministra de cultura de Malí Amirata Traoré y el escritor Ernesto Sábato.

Actualmente vivimos en un mundo regido por el neoliberalismo ultra, dirigido por las grandes corporaciones y por gobiernos preocupados únicamente por su economía. Con la actual crisis se aprovecha para inyectar millonadas a los bancos, para que el sistema financiero no termine de romperse, mientras que se recortan las ayudas a los denominados países en vías de desarrollo, y sin ir tan lejos, a los propios ciudadanos.

La mayoría de neoliberales son economistas que, vinculados a la política, se convierten en los amos del mundo. Y lo peor de todo es su doble moral: por un lado recortan las políticas sociales a escondidas de los ciudadanos mientras que a la cara dicen ampliarlas. Y eso lo hacen los mismos que se autodenominan socialdemócratas...

Y cuando intentamos defendernos se nos trata de revolucionarios. Nos meten el miedo en el cuerpo para que no nos quejemos. Pero casi es peor lo que hacen con los países pobres: cuando ejercen el patriotismo se les tacha de populistas y, en el peor de los casos, de terroristas. Pero esos países tienen derecho a defenderse: son los más ricos en recursos naturales y el Norte se los roba, pagándoles con hambre y miseria. Como dice Eduardo Galeano, “hay que aceptar a los que ejercen el gobierno mundial sin defenderse”.

Esos amos del mundo, dirigidos por unos pocos, son “asesinos en serie, a los que habría que meter presos, pero no se puede porque tienen las llaves de todas las cárceles”.

Esta metáfora habla de la miseria extrema en muchos países. Cuando cayó el Muro de Berlín en 1991, la división económica entre este y oeste pasó a ser una división entre el norte rico y el sur pobre. Ahora los muros son las alambradas que encierran a los inmigrantes en los Centros de Internamiento, el muro que divide la Franja de Gaza, las fronteras que separan las zonas más ricas de las zonas más pobres.

Vivimos con un injusto reparto de la riqueza.

Se busca siempre el máximo beneficio, la economía de mercado, y así se quiere unificar el mundo. El capital financiero recorre el mundo durante las 24 horas del día, cuando no es una Bolsa es otra.

Los que dirigen las entidades financieras son, en el mundo occidental, ex miembros de gobiernos.

Así, no puede negarse que la política reciba influencia de la economía. Y yo me planteo si debería añadirse el poder económico como uno más de los poderes que existen en toda sociedad (legislativo, ejecutivo y judicial), y añadirlo a la separación de poderes. Manteniendo esos poderes juntos se invaden, lo que perjudica a la mayoría de la sociedad.

Se defiende la globalización, una “economía unificada por todo el mundo para que todos disfruten de las riquezas, de los progresos científicos, de los progresos del comercio, de los progresos de la libertad. Pero en realidad es una economía de archipiélagos, islotes muy ricos y continentes muy pobres.

El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio son bomberos pirómanos”.

Y los que hablan de terminar con la pobreza son los mismos que la fomentan.

En África la pobreza impera, los más pobres mueren de hambre y de enfermedades que llevan siglos erradicadas en el norte, mientras que los ricos son cada vez más ricos. No existe la mundialización de la riqueza, sino de la pobreza. Un misionero de Níger lo explica bien:

“No se puede luchar contra la pobreza sin luchar contra la riqueza”.

La mano invisible de Adam Smith decide quién vive y quién muere en este planeta. Según la FAO, 100.000 personas mueren de hambre cada año, y una de cada seis personas sufren malnutrición grave permanente. Pero estos datos son sacados del documental, realizado cuando la situación no era tan grave. Ahora, con la crisis alimentaria la cifra aumenta cada día, y durante la reunión de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria (enero de 2009) el dato había ascendido a que el hambre alcanza a 963 millones de personas. Según el misionero en Etiopía Ángel Olaran, no es que les afecte la hambruna actual, sino que lo suyo es hambruna crónica.

Los amos del mundo anuncian paquetes de medidas millonarias para arreglar el capitalismo (Obama anunció uno en noviembre de 475.000 millones de dólares). Pero el capitalismo es un sistema que ha fallado otras veces, y volverá a fallar. Se prefiere tirar así el dinero, en vez de invertirlo en solucionar los problemas de la mitad del planeta: por ejemplo, se necesitarían 14.000 millones de euros para que los 125.000 niños que viven sin agua pudieran acceder a él (y así evitar enfermedades como el cólera), o 5.000 millones de dólares al año para acabar con la malaria, la segunda enfermedad más mortal en África Subsahariana.

La verdad es que se gastan ingentes cantidades de dinero en conferencias donde dicen lo que ya todos sabemos, en hoteles de cinco estrellas y en cenas de quince platos mientras hablan del hambre en el mundo. Se habla de acabar con el hambre, pero

“no hay voluntad de acabar con el hambre porque es el hambre lo que alimenta nuestras economías depredadoras”.

Al igual de que se habla de acabar con las guerras mientras se venden armas (España condena la ofensiva de Israel contra la Franja de Gaza mientras que vende armas a Israel.)

Predomina la idea de que “la pobreza es el justo castigo que la ineficiencia merece”.

Esta idea neoliberal se traduce en que no se debe ayudar al que ha perdido, para que aprenda. Pero la realidad es que la pobreza es la consecuencia de robar sus recursos a los que no pueden defenderse.

Se les ofrece dinero a los gobiernos de los países pobres para sus ciudadanos, pero de esas ayudas parte se quedan en las uñas de los intermediarios. Además, mejor que darles limosnas deberían enseñarles métodos para salir de esa pobreza en que viven. Pero una vez más, no se quiere acabar con la pobreza, porque entonces nosotros no seríamos tan ricos.

La realidad es que el 52% del Producto Mundial Bruto de 2006 estaba concentrado en manos de 500 multinacionales

, preocupadas sólo por la maximización de beneficios mientras que los pueblos pagan sus gastos. Y mientras se liberaliza la circulación de mercancías, la libre circulación de personas es una utopía.

Para el dinero no hay fronteras, sólo las hay para las personas.

Pero como dice Amirata Traoré, ex ministra de Cultura de Malí: “Si Europa es capaz de concentrar todo en unas cuantas multinacionales, de privatizarlo todo y de dejar en la calle a sus propios ciudadanos, no tendrá escrúpulos en hacerlo con los africanos”. Y es cierto: en España se inyecta dinero a los bancos para que lo repartan entre las pequeñas empresas y las familias, pero éstos no se lo dan a los que lo necesitan porque alegan que son insolventes y que no podrán devolverlo. Quizás deberían tomar ejemplo de Muhammad Yunus, el banquero de los pobres, el precursor de los microcréditos a los que menos tienen. Cuando empezó le tacharon de loco, pero a diferencia de los banqueros convencionales, ayuda a quien lo necesita, y no tiene en cuenta a los que no pueden devolverle el dinero.

Ahora sufrimos la “invasión de los invadidos”.

Después de las guerras coloniales la gente se ve con la necesidad de emigrar, esperan que se les trate como se trata el dinero: para el dinero no hay fronteras, para las personas sí. Se les deja morir en el Estrecho mientras se les quitan todos sus recursos. Y se dejan todo lo que tienen en el camino, y sufren asaltos, violaciones, y cuando llegan aquí, si llegan vivos, se les encierra por haber cometido el delito de querer una vida mejor. Como la inmigrante de Camerún que ha pedido asilo por ser lesbiana y se le ha denegado porque llegó embarazada. En Camerún la homosexualidad es un delito. Y el Ministerio del Interior alega que como llegó embarazada es imposible que sea lesbiana. Ella explica que tuvo que prostituirse, pero sigue encerrada, esperando que la deporten.

Como dice Jean Ziegler,

“el neoliberalismo ya no es una actividad humana. El hombre ya no es el sujeto de la historia. Se niegan los derechos. Tenemos dos opciones: o nos sometemos a los amos del mundo y sus leyes supuestamente naturales de los beneficios o defendemos los valores (la solidaridad, los derechos del hombre, la autodeterminación, etc) a través del restablecimiento del Estado nacional y de la normativa internacional. Con la primera opción la jungla se instalará en Europa y desaparecerá la civilización democrática.”

Parece ser que hemos escogido la primera opción, estamos perdiendo los derechos, la solidaridad no existe... Vivimos un orden criminal del mundo que sólo podría cambiarse mediante una revolución, pero hemos escogido perder derechos y someternos a esos amos del mundo, por lo tanto, pocos se plantean la idea de que viviríamos mejor siendo libres. Perdemos nuestra dignidad, tratan de hacernos creer que estamos en peligro y que ellos son nuestros protectores. Pero en realidad son ellos los que nos ponen en peligro: por ejemplo, los terrorismos provienen en su mayoría de países invadidos por estos amos del mundo, son gente que no tiene nada que perder, y de ahí los atentados suicidas, que ya llegaron hasta nuestras ciudades.

“Con el miedo ya no podemos ser libres, si no somos libres no podemos ser dignos.”

Siguiendo con el ejemplo del terrorismo, después del 11-S en EEUU hubo una destrucción de derechos brutal, una pérdida de derechos civiles de la que además se sentían orgullosos. Y esta destrucción de derechos se traslada a otros países. Por ejemplo, en toda Europa (y concretamente en España) se permitían, conocían y apoyaban los vuelos de la CIA que trasladaban detenidos sin inculpar a los que se llevaba de un campo de torturas a otro. Y esos vuelos provenían de la mayor potencia militar y económica del mundo, que mientras se jactaba de estar violando los Derechos Humanos presumía de tener la democracia más antigua del mundo. Pero una democracia que no se cumple no sirve de nada.

Como dice Baltasar Garzón sobre lo que ocurre en los campos de detenidos: son crímenes de guerra, incluso podrían alcanzar el calificativo de crímenes de lesa humanidad. Deberían juzgarse como tal. ¿Qué hay de la presunción de inocencia? A base de torturas cualquiera puede confesar lo que sea, sólo para que paren, y de ahí argumentan la culpabilidad. Ni siquiera se les juzga. En palabras de Eduardo Galeano,

“se usa la tortura para prevenir el delito de la dignidad”

Por otra parte, ya no llamamos por su nombre a las cosas: lo que antes era imperialismo ahora es globalización, a los países que son víctimas de ese imperialismo ahora se les llama países en vías de desarrollo, al capitalismo se le llama economía de mercado.

No hay que dejarse engañar, no hay que ver los problemas como normales, tienen solución, o al menos, hay que intentarlo. Estos amos del mundo intentan controlar las conciencias, la prensa y el debate público. En ese sentido también son totalitarios.

“Hay que rechazar la destrucción de nuestros semejantes por este orden criminal y mortífero del mundo.”

No hay que ver las cosas como buenas intenciones imposibles de llevar a cabo, no tenemos que dejar que nos rijan por la ideología de la impotencia nacida del miedo.

Como los sistemas totalitarios, nos meten el miedo en el cuerpo todo el tiempo. Nos da miedo decir lo que pensamos por si los demás no están de acuerdo con nosotros, nos da miedo quedarnos sin trabajo y por eso aguantamos la explotación. Tenemos “pánico a los demonios que se inventan para asustarnos”. Los derechos laborales cada vez retroceden más en vez de avanzar, pero no protestamos por miedo.



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