logo_mrg

 

 
diumenge 1 de juliol de 2007
Los ciudadanos de los Estados del G-8 deben pedir cuentas a sus gobiernos por las promesas incumplidas.
El G-8 no cumplió sus promesas
Jeffrey D. Sachs, profesor de Economía y director del Earth Institute en la Universidad de Columbia

Es hora de que los países ricos dejen de sermonear a los pobres y cumplan con la palabra empeñada. Los ciudadanos de los Estados del G-8 deben pedir cuentas a sus gobiernos por las promesas incumplidas. Las Metas del Milenio para el Desarrollo son las que ha acordado el mundo para reducir la pobreza, el hambre y las enfermedades. Establecidas en 2000, sus objetivos debían alcanzarse para 2015. Estamos a mitad de camino. Hasta ahora, pese a interminables declaraciones sobre aumentar la ayuda a los países pobres, las naciones ricas del Grupo de los Ocho no han cumplido la parte que les toca.

Aquí hay mucho cinismo. En la Cumbre del G-8 de 2005, en Gleneagles, los países miembros se comprometieron a duplicar su ayuda a Africa para 2010. Poco después, me invitaron a una pequeña reunión de alto nivel en la que se trataría el seguimiento. Pedí una planilla que indicara los incrementos programados, año por año, y su asignación (países donantes y receptores).

La respuesta que recibí me dejó helado: "No habrá planillas de seguimiento. Estados Unidos ha insistido en que se omitan". El mensaje era claro. El G-8 había hecho una promesa explícita, pero no había planificado en absoluto su cumplimiento. Más aún: había dado instrucciones precisas de no hacerlo.

Ahora, el G-8 cosecha los frutos de su inacción. En el año subsiguiente a la Cumbre de Gleneagles, las cifras de ayuda se rellenaron con cálculos engañosos sobre operaciones de cancelación de deudas. Con la mayoría de éstas casi concluidas, los datos actuales revelan la verdad desnuda: la ayuda para el desarrollo de Africa y, en un sentido más general, de los países pobres, permanece estancada, contrariamente a todo lo prometido.

Seré más específico. En 2005-2006, la ayuda total a Africa, excluidas las operaciones de cancelación de deudas, aumentó apenas un 2 por ciento. De hecho, según cifras oficiales para el mismo período, la asistencia neta (o sea, sin las operaciones de cancelación de deudas) a todos los países receptores declinó un 2 por ciento. Hasta el Banco Mundial, que suele adoptar el punto de vista de los donantes, admitió: "Las promesas de un aumento gradual de la ayuda no se han cumplido"... salvo en cuanto a cancelación de deudas.

Las reacciones en privado entre altos funcionarios del G-8 son sorprendentes. Uno me dijo que, de todos modos, las promesas de ayuda eran puras mentiras. Discrepo con su opinión, pero me alarma el cinismo que refleja. Muestra la naturaleza de los debates en los más altos niveles del G-8.

Todo esto parecería insuperable si la economía básica no fuera tan obvia. No hablamos de metas financieras inalcanzables. En verdad, la suma de dinero es minúscula. El G-8, que representa a casi 1000 millones de personas, ha prometido llevar la ayuda a Africa de los 25.000 millones de dólares de 2004 a 50.000 millones en 2010. ¡La diferencia representa menos del 0,10 por ciento de los ingresos de los opulentos países donantes!

Pongamos las cosas en perspectiva. Las bonificaciones pagadas por Wall Street para la Navidad de 2006 -sólo las bonificaciones- totalizaron 24.000 millones de dólares. En la guerra de Irak, que sólo produce violencia, se gastan más de 100.000 millones de dólares anuales. Por tanto, el G-8 podría cumplir sus compromisos, si a los países ricos les importara hacerlo.

Para poner a salvo su credibilidad, el G-8 tiene que dejar bien en claro -una vez más- que cumplirá su compromiso de elevar la ayuda a Africa a 50.000 millones de dólares para 2010. Así, los cínicos que hay dentro de los gobiernos que integran el G-8 podrán comprender sus obligaciones. Es más: a diferencia de 2005, el G-8 debe presentar un plan de acción. La falta de compromisos específicos contraídos por países específicos es una muestra escandalosa de pésimo gobierno.

Por último, los países receptores necesitan conocer las expectativas de incrementos anuales de la ayuda para poder trazar sus propios planes. Esa mayor ayuda debería destinarse a construir caminos, redes de electricidad, escuelas y hospitales, y a la capacitación de maestros, médicos y asistentes comunitarios de salud. Todas estas inversiones requieren programas y años de implementación. La ayuda no puede ser un acertijo. Debe prometerse en términos claros que abarquen un período de varios años. Así, los receptores podrán utilizarla con sensatez y rendir cuentas.

Reconozco que el problema del G-8 no se limita a su mala fe o falta de voluntad política: también cuenta su incompetencia básica. El gobierno de Estados Unidos no sabe realmente qué está haciendo en Africa porque, a lo largo del tiempo, su agencia de ayuda ha sido despojada de la mayoría de sus asesores y estrategas. Además, el gobierno de Bush politizó la prestación de ayuda derivándola a grupos religiosos privados que integran la coalición política oficialista. Por eso gran parte de la financiación norteamericana de la lucha contra el sida se atiene a los preceptos religiosos, más que a los científicos.

Por suerte, los pasos necesarios no son complicados. Los países africanos ya han identificado sus inversiones de alta prioridad en salud, educación, agricultura e infraestructura (caminos, energía, acceso a Internet). Dichas inversiones se podrían incrementar en forma sistemática de aquí a 2015, a fin de que esos países pudieran alcanzar las Metas del Milenio para el Desarrollo. Los planes ya están sobre la mesa o, al menos, guardados, en espera de los fondos del G-8.

Es hora de que los países ricos dejen de sermonear a los pobres y cumplan con la palabra empeñada. Los ciudadanos de los Estados del G-8 deben pedir cuentas a sus gobiernos por las promesas incumplidas.

Jeffrey D. Sachs, profesor de Economía y director del Earth Institute en la Universidad de Columbia





PDF - 50.3 kB, 0 x 0 pixels

Mani CONGD
Pobreza 0
PDF - 1.1 MB, 0 x 0 pixels


Resposta a l'article
ベッド
12 d'abril de 2009, per  ベッド
Resposta a l'article
Pena de muerte al hambre. Carlos Miguélez
7 d'agost de 2007

Un grupo de hombres llevaba un cadáver por las calles de un pueblo cuando, de pronto, alguien les preguntó por la causa de la muerte. “ Asesinato ”, respondió uno de ellos. “¿Murió por arma blanca o por arma de fuego?”, preguntó de nuevo. “No, ha muerto en manos de un arma aún más letal. A este hombre lo ha matado el hambre”.

Esta historia que cuenta Josué de Castro se repite para 5 millones de niños cada año en el mundo. A este ritmo, el hambre se habrá cobrado casi 14.000 vidas infantiles para mañana a esta misma hora, cerca de 600 para dentro de una hora, 10 dentro de un minuto y uno más seis segundos después.

La FAO, organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, advierte que la situación del hambre en el mundo, lejos de mejorar, empeora. Hoy son 854 millones de víctimas en el planeta y África el continente más castigado. Doscientos veinte millones de africanos, uno de cada tres, padecen malnutrición. Hay casi mil millones de personas en el mundo que ni siquiera saben que son seres humanos porque no tienen qué comer. Aunque el envío de ayuda alimentaria suponga sólo una solución parcial y temporal, las 7 millones de toneladas de hoy frente a las 15 millones en 1997 dicen poco de los países donantes.

Este declive en ayudas va acompañado del incumplimiento de los compromisos de reducir la pobreza a la mitad para 2015, adquiridos en el año 2000 por los 191 países de la Asamblea de Naciones Unidas. Para llegar a esa meta, los países suscriptores de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) se habían fijado una aportación anual del 0,7% de su PIB para perseguir ocho objetivos: acabar con el hambre, alcanzar la enseñanza primaria universal, la igualdad de género, garantizar la salud materna, reducir la mortalidad infantil, el VIH y las pandemias, proteger el medioambiente y crear una asociación mundial para el desarrollo.

Acabar con el hambre implica una responsabilidad conjunta y compartida entre los países más desarrollados, los emergentes y los más empobrecidos. La comunidad internacional ha fijado el marco ideal, por medio de esos objetivos, para implementar políticas que vayan a la raíz de los factores que empobrecen a los pueblos. El mundo entero tendrá que redoblar esfuerzos para evitar catástrofes humanitarias a nivel global, peores que cualquier tsunami, terremoto, accidente aéreo o marítimo, o cualquier guerra.

El hambre es el rostro más grave y visible de la pobreza. La alimentación está en la base de necesidades de todas las personas. Sin cubrirla, será imposible aspirar a la enseñaza primaria universal de niños con malnutrición crónica y sus capacidades físicas e intelectuales mermadas. Esa educación es pilar de la creación de políticas de igualdad de género y del desarrollo de sistemas sanitarios que protejan a las madres y a los niños en situación de vulnerabilidad. Además, como afirmaba Gro Harlem Brundtland, enviada especial de la ONU para el cambio climático, la protección del medio ambiente depende de la erradicación de la pobreza porque la supervivencia para millones de personas supone destruir su entorno natural.

La explosión demográfica está en la base de la pobreza porque pone presión sobre unos recursos escasos y repartidos de manera que el 20% de la población mundial controla el 90% de las riquezas. Pero esta bomba social es también una consecuencia de las deficiencias educativas mundiales y de la falta de cambios estructurales que acojan políticas de igualdad de género y que desarrollen economías dinámicas que no dependan del número de hijos para su desarrollo.

Por eso, medir el desarrollo de los países en función del número de personas que cuentan con un dólar al día para subsistir, o atribuir el inexistente despegue de los países empobrecidos a la falta de ayudas será sólo el primer paso para acabar con el hambre, escalón fundamental en cualquier plan de erradicación de la pobreza. Las inversiones en un desarrollo endógeno, sostenible, equilibrado y global en el marco de los Objetivos del Milenio darán un paso más para devolver la dignidad a los pueblos y convertirlos en protagonistas, reducir la pobreza, evitar las migraciones masivas y frenar la explosión demográfica que entorpece todos los esfuerzos por buscar un mundo más justo.

Resposta almissatge:

El hambre y la desnutrición matan a 6 millones de niños anualmente y afectan a 852 millones de personas en el mundo, 95 por ciento en países en desarrollo. Ni una sola portada se ha ocupado de estos temas, nunca se mencionan en programas de noticias televisivos y es muy dificil escucharlos en las radios de llegada masiva. ¿Por qué?

Un terremoto sacude Perú y hay miles de víctimas en gran parte del país, sobre todo en las ciudades. El huracán Félix arrasa Nicaragua, mas de 50.000 damnificados y 200 desaparecidos, hasta el momento no hay cifras exactas de fallecidos. Así como con el famoso huracán Katrina, que azotó el sur y centro de los Estados Unidos, el Tsunami que en diciembre del 2004 produjo un número de víctimas, directamente atribuidas a la marejada, superior a las 250 mil personas.

Estos hechos, que solo son una pequeña muestra de las últimas catástrofes ambientales sufridas por el planeta, tienen algo en común. Es que una abrumadora mayoría de sus víctimas han sido pobres.

Estas terribles calamidades han ocupado la primera plana de todos los periódicos del mundo, se les han dedicado miles de horas de radio y televisión.

Sin embargo, esas cifras parecen casi irrisorias si las comparamos con los cerca de 1,6 millones de niños de menos de cinco años que murieron en 2005 por no tener agua potable o condiciones mínimas de higiene.

Cabe aclarar que la mayoría de esos niños fallecen a causa de enfermedades infecciosas curables, como diarrea, neumonía, paludismo (malaria) y sarampión. Y que habrían sobrevivido si su cuerpo y sistema inmunológico no estuviera debilitado por el hambre y la malnutrición.

El hambre y la desnutrición matan a 6 millones de niños anualmente y afectan a 852 millones de personas en el mundo, 95 por ciento en países en desarrollo.

Ni una sola portada se ha ocupado de estos temas, nunca se mencionan en programas de noticias televisivos y es muy dificil escucharlos en las radios de llegada masiva. ¿Por qué?

Si los pueblos tomaran conciencia y dimensión real de lo que está pasando en el planeta, cosa que sucedería si los medios de comunicación se ocuparan del tema dándole la importancia que verdaderamente tiene, ¿cuánto durarían las mentiras como que los transgénicos terminarían con el hambre en el mundo? ¿Cuánto durarían las Naciones Unidas manteniendo la pasividad que han tenido hasta ahora? ¿Qué gobierno se animaría a gastar miles de millones en armas? ¿Qué empresa podría impunemente contaminar millones de litros de agua?

La presión de la opinión pública puede ser un arma muy afilada y es por eso que los grandes medios de comunicación han sido comprados o cooptados. Los medios alternativos no compartimos los intereses de las multinacionales ni de los imperios y seguimos publicando verdades y peleando contra molinos, pero no tenemos el alcance que da el poder económico y político. Por eso es importante para estos medios alternativos recibir el apoyo de la misma gente que los recibe y los lee, como un medio mas para ayudar a tomar conciencia sobre los problemas reales y sus verdaderas causas.

Sólo si la mayoría del pueblo toma conciencia y se une para luchar por un mundo mejor, podremos conseguirlo.

De lo que los medios callan y todos deberíamos estar hablando
14 de novembre de 2007, per  Ricardo Natalichio

El hambre y la desnutrición matan a 6 millones de niños anualmente y afectan a 852 millones de personas en el mundo, 95 por ciento en países en desarrollo. Ni una sola portada se ha ocupado de estos temas, nunca se mencionan en programas de noticias televisivos y es muy dificil escucharlos en las radios de llegada masiva. ¿Por qué?

Un terremoto sacude Perú y hay miles de víctimas en gran parte del país, sobre todo en las ciudades. El huracán Félix arrasa Nicaragua, mas de 50.000 damnificados y 200 desaparecidos, hasta el momento no hay cifras exactas de fallecidos. Así como con el famoso huracán Katrina, que azotó el sur y centro de los Estados Unidos, el Tsunami que en diciembre del 2004 produjo un número de víctimas, directamente atribuidas a la marejada, superior a las 250 mil personas.

Estos hechos, que solo son una pequeña muestra de las últimas catástrofes ambientales sufridas por el planeta, tienen algo en común. Es que una abrumadora mayoría de sus víctimas han sido pobres.

Estas terribles calamidades han ocupado la primera plana de todos los periódicos del mundo, se les han dedicado miles de horas de radio y televisión.

Sin embargo, esas cifras parecen casi irrisorias si las comparamos con los cerca de 1,6 millones de niños de menos de cinco años que murieron en 2005 por no tener agua potable o condiciones mínimas de higiene.

Cabe aclarar que la mayoría de esos niños fallecen a causa de enfermedades infecciosas curables, como diarrea, neumonía, paludismo (malaria) y sarampión. Y que habrían sobrevivido si su cuerpo y sistema inmunológico no estuviera debilitado por el hambre y la malnutrición.

El hambre y la desnutrición matan a 6 millones de niños anualmente y afectan a 852 millones de personas en el mundo, 95 por ciento en países en desarrollo.

Ni una sola portada se ha ocupado de estos temas, nunca se mencionan en programas de noticias televisivos y es muy dificil escucharlos en las radios de llegada masiva. ¿Por qué?

Si los pueblos tomaran conciencia y dimensión real de lo que está pasando en el planeta, cosa que sucedería si los medios de comunicación se ocuparan del tema dándole la importancia que verdaderamente tiene, ¿cuánto durarían las mentiras como que los transgénicos terminarían con el hambre en el mundo? ¿Cuánto durarían las Naciones Unidas manteniendo la pasividad que han tenido hasta ahora? ¿Qué gobierno se animaría a gastar miles de millones en armas? ¿Qué empresa podría impunemente contaminar millones de litros de agua?

La presión de la opinión pública puede ser un arma muy afilada y es por eso que los grandes medios de comunicación han sido comprados o cooptados. Los medios alternativos no compartimos los intereses de las multinacionales ni de los imperios y seguimos publicando verdades y peleando contra molinos, pero no tenemos el alcance que da el poder económico y político. Por eso es importante para estos medios alternativos recibir el apoyo de la misma gente que los recibe y los lee, como un medio mas para ayudar a tomar conciencia sobre los problemas reales y sus verdaderas causas.

Sólo si la mayoría del pueblo toma conciencia y se une para luchar por un mundo mejor, podremos conseguirlo.

 
15 de setembre
Pasa del clima Publicado en 11 diciembre, 2015 por prensaclima
¡Tenemos nuevo vídeo de Laponia Beach! Denuncia con humor del colapso ambiental al que nos encaminamos salvo que lo impidamos. El lema: pasa del clima. Dentro del proyecto sobre cambio climático y la #COP21 de París, que (...)

24 d'agost
Fragmento entrevista al filosofo, matemático y escritor Bertrand Russell, en el programa Face to Face, entrevistado por John Freeman En lo intelectual: observa los hechos, no lo que te gustaría que fueran los hechos. En lo moral: entiende que el amor es sabio, y el odio (...)

concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"