logo_assemblea

 

 
dimecres 18 d'octubre de 2017
Pau i SColidcaritat @ecologisctas
#hablemos #parlem #falemos #Egin dezagun berba
per  Ecologistas en Acción

Desde hace unos meses y alcanzando su punto de crisis a principios de octubre, ha escalado de manera importante la tensión social en el Estado español. Dicha tensión obvia problemas actuales como el cambio climático que, un verano más, se hacen muy acuciantes, la quita de más de 40.000.000.000 € a los bancos, o la situación de las personas refugiadas: el eje de polarización España – Cataluña parece abarcar y desplazarlo todo (o casi todo).

No es un asunto nuevo. Es un tema que colea desde hace más de un siglo y que sigue sin resolución. Pero el resultado de la escalada de tensión es que a raíz del referéndum sobre la Independencia de Catalunya del 1 de octubre, se ha borrado del mapa cualquier otro debate, se han acrecentado situaciones de violencia y de crispación, las señas de identidad nacional (española y catalana) se han incrementado exponencialmente, ha aumentado la polarización y la consideración de quienes no comparten sus puntos de vista como “partes enemigas”, se han simplificado los debates y se han normalizado situaciones de excepción: policías que son despedidos en su marcha a Catalunya bajo el grito de “a por ellos”, agresiones de grupos de extrema derecha a una manifestación en Valencia, etc.

En este eje de polarización España – Catalunya y aumento de la espiral de violencia existe un riesgo importante: el auge del autoritarismo y del fascismo como respuesta al deseo de parte de la población catalana, de reclamarse como pueblo con capacidad de decidir. No queremos decir que toda persona que defiende la unidad de España tenga una ideología fascista, puede incluso que una parte de las personas que acuden estos días las manifestaciones en pos de la unidad de España y en contra de la independencia hayan participado otros momentos en convocatorias de la izquierda. Sin embargo, han aumentado los episodios de intolerancia y de apología del fascismo español. Y la ideología fascista obtiene sus máximas opciones de crecimiento en este tipo de conflictos de identidad nacional y más aún en contextos de crisis, en el que las promesas de mejoras sociales se subordinan a la defensa del patriotismo y a la generación de un enemigo común (de momento las personas independentistas, aunque tras ellas puede incluirse a otras: inmigrantes, comunistas, anarquistas, feministas, ecologistas, etc.).

Este eje de polarización puede suponer para la izquierda la pérdida de una importante base social que, en tiempos de crisis, se necesita más que nunca para provocar transformaciones que nos concduzcan a sociedades más justas y sostenibles. Es un hecho que, fuera de Catalunya, en muchos de los barrios periféricos donde vive la población con menores rentas, hay más banderas de España que en algunos barrios de ingresos superiores.

En aras de evitar este escenario estamos en la obligación de entender y reflexionar sobre las razones por las que la defensa de la unidad de España moviliza a tanta gente e impide empatizar con la voluntad del pueblo catalán de decidir su futuro, dentro o fuera de España. Hay razones obvias como la intoxicación mediática o el paradigma de resolución violenta de los conflictos de las clases dirigentes, que evita cualquier diálogo sosegado.

Pero hay otros condicionantes, y es necesario sacarlos a la luz. En primer lugar, desde que se produjo la Nacionalización de las Masas en el s. XIX, se ha convertido en un privilegio el poder desapegarse de la identidad nación para tomar otras más incluyentes (ciudadanx del mundo style): en el momento actual, tras la dilución de indentidades como las de “clase” para mucha gente no hay otras opciones de cubrir la necesidad de identidad más que con la nación. Además, el Estado español es un país con un enorme desequilibrio territorial: Madrid, Catalunya y Euskadi han sido los centros privilegiados por desarrollo económico español, debido a las dinámicas del mercado capitalista (que fomenta la concentración de capital y mano de obra en busca de ganancias de productividad) impulsado por las políticas de gobiernos que desde hace décadas han fomentado el desarrollo económico de estas zonas. Así, Madrid, Barcelona y Bilbao han funcionado como metrópolis que han recibido inmigración e inversión la acumulación de capital a costa de otras zonas del territorio, muchas de las que ahora más se resisten a que Catalunya pueda independizarse. Pues no hay que olvidar que las burguesías nacionalistas-patrióticas (catalanas, vascas y madrileñas) han reclamado (y obtenido) privilegios para sus regiones, que en otros territorios no han tenido, por lo que que existe una deuda histórica con estos últimos.

Tampoco es desdeñable para el entendimiento del conflicto la influencia del franquismo (y de otros gobiernos anteriores y posteriores) en el conflicto. La infravaloración de la cultura catalana (y de cualquier otra que no fuera la castellana/madrileña) ha hecho mucho daño que no ha sido reparado. Por ello ha generado más dolor la respuesta al conflicto que se ha dado desde el gobierno español (jaleado por medios de comunicación) que no ha sido otra que el aumento del centralismo, del nacionalismo español, de la represión y un discurso de odio a lo diferente.

Esta dinámica se produce en una sociedad que ha heredado de la guerra civil una cultura del conflicto que busca más esconderlo que solucionarlo (y con ello mantiene los privilegios de quienes ostentan el poder), lo que impide hablar tranquilamente de nuestra historia, de las personas desaparecidas en las cunetas, de las consecuencias de la transición, de las reparaciones por los daños generados. La respuesta de las élites siempre es “no vamos a abrir las heridas”, lo que es sinónimo de una clara amenaza “mejor no tocar las cosas porque de lo contrario vuelve el fascismo”.

Por todo ello, es más necesaria que nunca la cultura de paz, de la no violencia, de la desobediencia.

Por eso #hablemos #parlem #falemos # Egin dezagun berba

Hablemos para desescalar la espiral de violencia en el conflicto español-catalán.

Hablemos de lo que implican las naciones en nuestras vidas y de cómo cubrir nuestra necesidad de identidad

Hablemos de las emociones que se cruzan en este camino.

Hablemos también para buscar nuevos equilibrios territoriales, basados en la solidaridad, el respeto a la diversidad, la autonomía, la interdependencia, la sostenibilidad, la justicia social, la eliminación de las fronteras.

Hablemos desde abajo, no desde la clase política.

Hablemos contra el fascismo y su normalización.

Porque hablar es cambiar la cultura del conflicto, y en este contexto, puede ser lo más revolucionario.



 
25 de novembre
14 de noviembre 2017
Conversaciones en La Central (40) @Yayo_Herrero y @Rosa_Colmenarejo "Crisis ecosocial y perspectivas de cambio"

concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"