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diumenge 19 d'agost de 2007
Gaza, abandonada
JUAN GOYTISOLO

Gracias a la última gira de la secretaria de Estado Condoleezza Rice por Oriente Próximo, las buenas noticias se acumulan: el proceso de paz palestino-israelí vuelve a estar sobre el tapete y una verdadera lluvia de dólares caerá sobre la región. En buena lógica, los pueblos de la misma deberían frotarse las manos. No obstante, fuera de la clase política israelí mimada por Washington y de las teocracias e inamovibles dirigentes árabes de la zona, nadie se las frota. Las exorbitantes sumas de dinero anunciadas -de un total de 46.000 millones de euros- no van a emplearse para paliar la insoportable miseria de las víctimas de las guerras que asuelan la zona ni para promover la transparencia democrática: su destino es la compra de armas en un área ya cargada de ellas. Si el reparto de esta jauja armamentística (22.000 millones para Israel, 14.630 para los saudíes y emiratos del Golfo, y 9.500 para el Egipto de Mubarek) muestra con nitidez la escala de prioridades de la Casa Blanca, las principales beneficiarias son con todo las grandes compañías estadounidenses especializadas en la fabricación de nuevos modelos de armas y de avanzados sistemas de defensa, compañías todas ellas muy próximas del entorno presidencial.

La presunta seguridad de Estados Unidos en su guerra sin límites de espacio ni de tiempo contra el terrorismo yihadista sirve en verdad de pantalla a lo que algunos comentaristas de The New York Times denominan "negocios suculentos". Nunca la política unilateralista de la superpotencia mundial había llegado a tal extremo de locura y desfachatez. Aun a sabiendas del verdadero polvorín de la región y del desastre irremediable de Irak, los intereses de los grandes consorcios prevalecen sobre el derecho a la vida, paz y dignidad de millones de personas.

Atrás quedan los tiempos en los que se hablaba de la reconstrucción y democracia en Irak, de un nuevo Plan Marshall para Oriente Próximo, de una solución justa del llamado eufemísticamente "problema palestino" (como si el problema fueran los palestinos sometidos a una ocupación brutal e ilegal y no quienes, al margen de la ley internacional, violan a diario las normas más elementales del derecho con la impunidad que todos sabemos). Desarticulado el Eje del Mal con la caída de Sadam Husein, los nuevos enemigos a quienes Bush apunta con el dedo componen una amalgama que mezcla capachos con berzas: los insurgentes suníes de Irak, las milicias de Moqtada Sadr, Hamás, Hezbolá y las mortíferas y proliferantes células de Al Qaeda, además del Irán de los ayatolás y la dinastía republicana de los Asad. Las realidades del cruel rompecabezas libanés y de la indefendible opresión de los palestinos son evacuadas en nombre de una confrontación primaria entre malos y buenos propia de un videojuego: de un lado, los israelíes y árabes "moderados" (por muy implacables que se muestren con sus propios pueblos); por otro, el inquietante Irán de Ahmedinayad, Siria y sus aliados libaneses y palestinos.

Dentro de esta nueva visión -las visiones del actual presidente norteamericano, dignas de las humildes pastorcillas de Fátima, suelen conducir directamente al desastre-, Mahmud Abbas se convierte en socio fiable tras dos años y medio de ninguneo. Si, en palabras de Sharon, Arafat era el Bin Laden de Israel, y la tan traída y llevada Hoja de Ruta, letra muerta, con la llegada al poder de sus sucesores las cosas siguieron como antes, al menos hasta las elecciones palestinas del pasado mes de enero. La victoria indiscutible de Hamás en éstas, tanto en Gaza como en Cisjordania, rompió las reglas del juego. Los palestinos votaron "mal" y deben por ello apechar con las consecuencias. En un mini-Estado en proceso de disolución, la Autoridad Nacional Palestina se enfrenta hoy a una pérdida de legitimidad que pone en peligro su propia existencia.

Si ello conforta en el empeño en desestructurar a la sociedad civil palestina, conforme a la política de cuanto peor mejor, de los sectores ultrarreligiosos y ultranacionalistas israelíes, los sectores más aperturistas de Tel Aviv y sus padrinos norteamericanos comenzaron a alarmarse. Sordos a las ofertas de negociación del nuevo Gobierno y a los acuerdos de La Meca entre éste y Al Fatah, bajo la égida del monarca saudí, optaron por armar a través de la frontera egipcia con Gaza a la guardia presidencial y a la odiada Seguridad Preventiva de personajes tan turbios como Mohamed Dahlan. Pese a ello, después de una serie de luchas despiadadas entre las dos facciones rivales -palestinos matando a palestinos, ante la no disimulada satisfacción del ocupante-, lo acaecido en el mes de junio en Gaza sorprendió tan sólo a quienes desconocen la infinita desesperación de los habitantes de la Franja. Los mandos de la OLP y cabecillas de Al Fatah desertaron de sus puestos y huyeron a Egipto dejando al territorio y su millón y medio de habitantes en manos de Hamás.

Cabía esperar, ingenuamente, es verdad, que a la luz de lo ocurrido, Estados Unidos y el llamado Cuarteto tomarían buena nota de ello a fin de no reincidir en el doble yerro ético y estratégico. El viaje de Condoleezza Rice al Oriente Próximo podría haber iniciado la singladu-

ra de un nuevo curso: la imposición a Israel de una política conforme a sus intereses a largo plazo y su integración en un vasto conjunto regional. Pero todo se redujo a la antedicha, substanciosa, venta de armas y a palabras hueras a la tambaleante Autoridad Nacional Palestina. ¡Con una perspicacia y generosidad dignas de su jefe, Rice anunció, junto a los 46.000 millones de euros destinados a la defensa de Israel y de las petromonarquías árabes de aquella zona, ¡"una primera transferencia de 58,6 millones de euros para que Abbas reforme los organismos de seguridad"! En otras palabras: el alpiste del canario para que se mezca sin temor en su escasamente dorada jaula.

Para quien conozca de visu la asfixia de Gaza, el resultado electoral de enero y lo sucedido en junio venían cantados. La brutalidad sin límites del asedio israelí y la humillación constante a la que viven sometidos sus habitantes son hoy las mismas que hace veinte años, cuando con un equipo de TVE filmamos la primera Intifada: un rodaje difícil, casi imposible, por las constantes trabas del mando militar y la desconfianza de los apriscados en sus guetos (los servicios de seguridad israelíes acudían a veces a éstos disfrazados de periodistas y detenían de pronto a quienes creían exponer a los medios de comunicación extranjeros los desafueros de la colonización). Tras la firma de los acuerdos de Oslo, el "Versalles palestino" en palabras de Edward Said, el ocupante había abandonado el 57% del minúsculo territorio de la Franja (el resto correspondía a las colonias, a veces casi deshabitadas, implantadas en ella), y, en medio de un océano de chabolas erizadas de antenas, florecían las villas lujosas, de un lujo de mal gusto y casi grotesco, de los "tunecinos", esto es, de los dirigentes de la OLP que acompañaron a Arafat en su forzado exilio norteafricano. El malestar, por no decir la indignación, de los palestinos de a pie se palpaba en el ambiente y fue el caldo de cultivo del paulatino arraigo de Hamás y de la minoritaria Yihad Islámica, arraigo favorecido en sus inicios por Israel para fastidiar a Arafat. Frente al nepotismo y corrupción de la Autoridad Nacional Palestina, la organización islamista empezó a tejer sus redes asociativas de ayuda a los más necesitados.

En mi serie de reportajes titulada "Ni guerra ni paz" (EL PAÍS, del 12 al 17-2-95) incluí algunas entrevistas: una, a un líder de Hamás, blanco años más tarde de los asesinatos selectivos de los misiles israelíes, y otras a personalidades civiles ligadas a Amnistía Internacional. Los hechos que denunciaban y la indiferencia de la comunidad internacional ante los mismos producían sonrojo. "Mire a los muchachos hacinados en los guetos", me dijo el representante de la Media Luna Roja, "en el sitio del corazón tienen una bomba". La breve visita posterior con los miembros del Parlamento Internacional de Escritores confirmó mis desoladoras impresiones: la disgregación de las estructuras políticas y sociales de la Franja avanzaban y el islamismo pragmático de Hamás era la única fuerza capaz de aglutinarlas. La "valiente" evacuación unilateral del territorio por Ariel Sharon no produjo mejora alguna para sus habitantes. Gaza es hoy un gueto bloqueado por tierra, mar y aire, y sujeto a unas condiciones de existencia inhumanas por el "delito" de haber votado "mal".

Si el cinismo de la política norteamericana, tan propensa a pactar con tiranos favorables a sus intereses y a castigar a quienes eligen democráticamente a líderes contrarios a éstos no nos descubre nada, la sumisión a la misma del Cuarteto, la Unión Europea y los Estados árabes supuestamente pro-occidentales, nos hacen sentir, con mayor fuerza que antes, vergüenza ajena. El millón y medio de personas atrapadas en un agujero en el que se hunden sin remedio no pueden sino soñar en el "martirio" que predica Al Qaeda. Como escribe el periodista israelí Gideon Levy, citado por Alain Gresh en un excelente artículo publicado el pasado mes de julio en Le Monde Diplomatique, "estos jóvenes que hemos visto matarse cruelmente entre sí son los hijos de la primera Intifada. La mayoría de ellos no ha salido nunca de Gaza. Han asistido durante años a las injurias y palizas recibidas por sus hermanos mayores, al encierro de sus padres en la propia casa, sin trabajo ni esperanza. Toda su vida ha transcurrido a la sombra de la violencia israelí". Ésta es la cruda verdad. ¡Lástima que las agencias promotoras de lujosos cruceros por las costas mediterráneas no programen una visita guiada por los basurales y alambradas de la Franja! Estoy seguro de que esta escala dejaría "un recuerdo imborrable" en su clientela selecta de acuerdo a lo anunciado en sus hermosos folletos de propaganda.

EL PAÍS - 19-08-2007



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Asistiendo en directo al colapso de Gaza
20 de setembre de 2007, per  Yasmin Moor

18 - IX - 07

Hoy he ido con la mujer de mi primo y sus niños a la oficina de ayuda social de Gaza para recoger el cheque mensual que les da el gobierno. Mi primo fue asesinado el pasado septiembre por un francotirador israelí cuando se encontraba en la puerta de su casa. A sus hijos y esposa el gobierno palestino les entrega ahora 375 NIS (un poco menos de 100 dólares USA) al mes.

Es la tercera vez que acudimos a la oficina este mes, porque cada vez que vamos está cerrada. Las puertas están abiertas, con guardias en el exterior, pero la oficina no está operativa y no hay empleados que puedan ayudarnos. "¿Por qué está cerrada?", pregunté a uno de los guardias. "En huelga", respondió.

"¿Entonces que hacemos ahora?", le pregunté. "Espero que nos paguen, y así podamos volver al trabajo", me contestó. Le miré con frustración, pero supe que no podía culparle a él o al personal de la oficina por no ir a trabajar. Su situación era exactamente la misma que la de cualquier otro funcionario en Gaza. Entiendo que los empleados del gobierno ya no puedan más; después de todo no han recibido sus salarios desde enero de 2006, pero todavía muchos van a trabajar. He conocido personas que tuvieron que pedir prestado a sus vecinos para pagarse el transporte a un trabajo por el que no han cobrado todavía. Cada vez que me planteo escribir sobre Gaza , para dar al mundo una idea de lo que la gente aquí está pasando, me siento desbordada. Nunca estoy segura de por dónde empezar para dar a los lectores una idea de la vida en Gaza y la creciente crisis humanitaria y económica. ¿Debería comenzar describiendo los efectos de los cierres de fronteras? Estos cierres son, según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA), la razón de que Gaza se encuentre al borde del colapso económico, y de que, de no haber cambios en las próximas semanas, la población entera acabe dependiendo completamente de las ayudas sociales. Todos podemos ver los efectos de estos cierres en los mercados, donde sólo hay unas pocas verduras, y estamos obligados a depender de los paquetes de alimentos de la UNRWA, que contienen harina, arroz y aceite.

Ni siquiera podemos cultivar nuestra propia comida, porque los campesinos se han quedado sin suministros, incluidos los fertilizantes. Sin embargo, Israel pone todas las facilidades para el cultivo israelí de frutas y verduras en el interior de Gaza, cuando así lo desea. Estamos forzados a comprar y comer de la mano de nuestro ocupante, y apoyar así su economía mientras vemos la nuestra desplomarse.

O quizás debería escribir sobre los miles de palestinos todavía bloqueados en el paso fronterizo de Rafah, separados de sus familias, quedándose sin dinero, sentados esperando que la frontera se abra. Tal vez debería describir cómo viven en condiciones insalubres, que hacen que el enfermo se ponga más enfermo, y el sano caiga enfermo.

Las noticias de prensa olvidan mencionar las erupciones en la piel de esta gente que tiene que estar al sol todo el día sin agua potable y sin acceso a agua para lavarse.

¿Cómo puedo describir los efectos de la huelga de los funcionarios del gobierno, incluidos los basureros, que provoca por ejemplo que la basura de Gaza no se haya recogido en las dos últimas semanas, con las moscas, cucarachas y ratas invadiendo nuestras calles y hogares? Tenemos que guardar todo refrigerado, incluida el azúcar, a causa de las ratas. Gaza se ha quedado incluso sin veneno para ratas de ningún tipo.

¿Cómo puedo describir que las farmacias se hayan quedado sin determinados medicamentos que no llegas realmente a apreciar hasta que ves a tu tío en la cama, incapaz de respirar, porque no tiene su medicación para el corazón, o al bebé de seis meses de tu vecino siendo hospitalizado por una diarrea que se podría tratar normalmente?

Y que Dios ayude a quienes no son refugiados, los palestinos que vivían en Gaza antes de 1948. Al menos los refugiados pueden obtener alimentos y asistencia médica de la agencia de la ONU para los refugiados, la UNRWA ? los no refugiados no pueden. Entonces tienen que depender del gobierno y, con los hospitales del gobierno cerrados, muchos de ellos no tienen acceso a la asistencia médica. Y así las mujeres se sientan con sus hijos a la puerta de los ambulatorios gubernamentales esperando que los médicos decidan presentarse ese día a trabajar movidos por su buen corazón, ya que no han cobrado desde el año pasado.

¿O cómo puedo empezar a explicar que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, haya denegado completamente el reconocimiento de cualquier documento que provenga de Gaza, incluidos los pasaportes, los títulos y los diplomas? Hace sólo unos días, unos mil estudiantes obtuvieron sus licenciaturas en las dos universidades de Gaza, pero sus títulos no son reconocidos internacionalmente, y ni siquiera internamente dentro de su propio país, en el resto de la Palestina ocupada.

Poniéndose del lado de Israel y de los Estados Unidos, Abbas ha vendido a Gaza y al pueblo palestino para obtener beneficios políticos propios. Él mismo ha ordenado personalmente que el paso fronterizo de Rafah permanezca cerrado, cortando Gaza del resto de Palestina, a pesar de los sufrimientos de más de 4000 palestinos. Simplemente ignora a la gente que dice representar.

La gente aquí se ha quedado sin dinero. Aunque consiga cubrir sus necesidades mínimas alimentarias, no tiene medios para comprar cosas como ropa o material escolar para sus hijos, o para pagar el alquiler. No tienen trabajo ni dinero, y así gastan su tiempo yendo y viniendo a la playa de Gaza, porque no hay nada que hacer en Gaza.

Al pueblo de Gaza se le niega cualquier derecho humano básico ? el derecho a vivir libremente, sin miedo, no bajo la bota de la ocupación; el derecho a trabajar y a encontrar el sustento para sus familias; y el mero derecho de gobernarse a sí mismos. Por el contrario, Beit Hanun y Beit Lahiya han sido completamente arrasadas con bulldozers y estamos aterrorizados por los tanques que han estacionado frente a nosotros, y por los F-16 que pasan una y otra vez sobre nuestras casas. ¿Cómo puedo describir los aviones que se lanzan sobre nosotros en vuelo rasante en plena noche para aterrorizar a nuestros hijos, que se quedan gritando durante el resto de la noche?

Todo le ha sido arrebatado al pueblo de Gaza, hasta el punto de que si un muchacho desea trabajar de taxista porque no hay otras oportunidades de empleo, no puede ni siquiera conseguir una licencia, porque éstas ya no se expiden en Gaza.

La secretaria de Estado de los Estados Unidos, Condoleezza Rice, se ha reunido con los autodenominados "líderes palestinos", pero negándose a incluir al primer ministro Ismail Haniya o a Hamas en las conversaciones. El pueblo de Gaza no está representado o incluido en las negociaciones. No tenemos voz. Nuestras necesidades no son escuchadas ni tenidas en cuenta. Ni siquiera podemos confiar en nuestro propio presidente para obtener nuestro derecho a ser representados. Por lo tanto, yo pregunto a Abbas, Rice, Fayyad, Bush, Blair y al resto del mundo:

¿Qué va a pasar con los 1.400.000 palestinos de Gaza?

Yasmin Moor una palestina-americana en desde Rafah, Gaza. [Salvemos Gaza]

 
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Villares, R. - Bahamonde , A. El Capital en su contexto, El mundo contemporáneo. Siglos XIX Y XX (audiolibro mp3) 25 enero, 2013
capítulo a capítulo, del libro de los profesores Ramón Villares y Angel Bahamonde, El mundo contemporáneo. Siglos XIX Y XX (Editorial Taurus, Madrid, 2009). (...)

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Una aproximación a la teoría laboral del valor (valor-trabajo)
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concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"