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dijous 14 d'abril de 2005
Viento Sur
Foro Social Mundial - Un futuro difícil
Josu Egireun, Manolo Garí y Miguel Romero
per  Espacio Alternativo

El 5º Foro Social Mundial (Porto Alegre, 26-31 de enero de 2005) ha mantenido la línea ascendente de participación (más de 150.000 personas inscritas, 35.000 en el Campamento de la Juventud; cerca de 7.000 organizaciones) y actividades (más de 2.500 seminarios y talleres). Los cambios introducidos en la organización, aprendiendo de la experiencia de 4º Foro Social Mundial que tuvo lugar el año pasado en Mumbai (India), basados en la autogestión, las prácticas ecologistas, la promoción de la economía social y, en general, un enfoque “horizontal” de las actividades y la convivencia en el foro, han sido bien valorados. La Asamblea de los Movimientos Sociales, reunida tras la clausura oficial, ha tenido el habitual calor militante y ha difundido una declaración y una agenda de movilizaciones /1 que responden a los principales objetivos y tareas de los próximos meses. Y en fin, el foro ha transmitido a quienes hemos tenido la suerte de participar en él, esa energía militante que es ya una de sus más importantes señas de identidad y confirma su vitalidad y también su necesidad. Porque esa energía no es el producto de una “autoexaltación” artificiosa; es la consecuencia natural, en primer lugar, del encuentro de miles de personas que comparten el rechazo al orden existente y la voluntad de cambiarlo; pero, sobre todo, proviene del conocimiento, habría que decir en muchos casos: el “descubrimiento”, de la enorme cantidad de experiencias de lucha y resistencia que se dan en todo el mundo, algunas con éxito, la mayoría tropezando con obstáculos, pero manteniendo el compromiso de removerlos.

El Foro da lo que recibe: es una fuente de energía militante porque atrae, mezcla, comunica... acciones militantes. En este sentido, ocupa hoy un lugar imprescindible para el movimiento antiglobalización (término que, por cierto, empieza a sonar un tanto “obsoleto”, lo cual, tal como están los tiempos, parece una mala señal).

Entonces, si el balance general es tan positivo, ¿por qué mucha gente salimos del foro con preocupación sobre su futuro y, especialmente, sobre la capacidad de lo que allí se habló y acordó para influir en las luchas concretas que nos aguardan? Hay buenas razones para explicarlo, si entendemos esa “preocupación” como una inquietud activa, que reconoce problemas serios, pero sobre todo impulsa a resolverlos, consciente de lo que está en juego. Plantear esas razones y algunas propuestas en torno a ellas es el objetivo de este artículo.

1. El proceso del FSM ha cumplido cinco años. En sí mismo, éste es uno de sus principales logros, y ha contribuido a afirmarlo como referente internacional del movimiento.

En esta etapa, ha debido atravesar pruebas difíciles y lo ha venido haciendo con éxito. La más importante fue el 11-S y sus consecuencias en la situación mundial, especialmente la guerra contra Irak. Frente a los pronósticos que auguraban la “extinción” del FSM, ocurrió exactamente lo contrario: en enero del año 2002, el 2º Foro recogió las aspiraciones de movilización contra la guerra y se mostró como una herramienta útil para articularlas; la asociación entre “neoliberalismo” y guerra fue ampliamente asumida por las organizaciones sociales; en estas condiciones, pudieron avanzar a la vez la unidad del movimiento y la radicalidad de sus posiciones políticas: este proceso tuvo su culminación unos meses después en el Foro Social Europeo de Florencia. Así, el movimiento antiglobalización pudo ejercer de catalizador de las grandes movilizaciones del 15 de febrero de 2003. Entonces pareció que íbamos “a favor de la corriente”: un sentimiento peligroso, y falso salvo en situaciones excepcionales, para un movimiento social crítico.

Dos años después, la situación ha cambiado sustancialmente. Ahora predomina la conciencia de que las relaciones de fuerzas internacionales son muy desfavorables. Algunos problemas que venían de lejos (por ejemplo, la muy débil coordinación internacional estable entre organizaciones y movimientos) se han hecho más presentes. Además, no tienen tanta potencia los objetivos comunes, hay desconfianza en que conseguiremos alcanzarlos y no existe ya una dinámica natural de “unidad-radicalidad”.

Puede parecer una paradoja, pero percibimos, a la vez, en el Foro una gran energía y una gran debilidad: energía mirando hacia dentro, hacia la moral y la voluntad de lucha de organizaciones y movimientos; debilidad mirando hacia fuera, hacia las tareas que aguardan y las posibilidades de conseguir en ellas victorias, aunque sean parciales. El calendario de acciones que recoge la Asamblea de Movimientos Sociales -alguna tan decisiva como la Conferencia de la OMC en Hong Kong a finales de año, que amenaza ser un “anti-Seattle”- es un compromiso que se asume, pensamos, con más afán que esperanza.

2. Esa paradoja tiene mucho que ver con cómo se percibe la situación internacional. Destaquemos cuatro elementos:

el primero, que la gran movilización del 15-F no consiguió parar la guerra y este fracaso es el signo de un fenómeno mas general: las luchas sociales de estos tiempos, que constituyen en su conjunto la base del proceso del FSM, se proponen reivindicaciones y objetivos que no se consiguen alcanzar, salvo precariamente (como por ejemplo, las movilizaciones contra las privatizaciones de servicios públicos en numerosos países de América Latina; el referéndum en Uruguay sobre el agua es la única victoria con garantías de estabilidad, como consecuencia, en primer lugar, de un gran movimiento social, pero también de una sanción electoral: la obtención de la mayoría de votos en el referéndum).

el segundo, que si bien no se ha logrado reivindicaciones significativas (aunque a veces se ha conseguido obstaculizar los objetivos del adversario: por ejemplo, la aprobación del ALCA o del acuerdo UE-Mercosur), sí ha habido victorias electorales de partidos de izquierda (la prensa neoliberal más dura las define así: “La izquierda resurge en América Latina, pero esta vez con un ropaje conservador” /2), que han abierto expectativas de conseguir por este medio algunas “reformas viables”, entendiendo que son los nuevos gobiernos los que definen lo que es viable y lo que no lo es.

el tercero, que la reelección de Bush y la recomposición de las alianzas transatlánticas de los EE UU con la Unión Europea, diseña un escenario de relativa estabilización del campo imperialista y refuerza el enfoque antiimperialista de la lucha contra el neoliberalismo, entendido frecuentemente como una “guerra de posiciones” a largo plazo.

el cuarto, que estas condiciones tienden a que se valoren especialmente las capacidades de resistencia de cada “posición”, regional o sectorial, y pierda relevancia la acción global, terreno en el que las debilidades del movimiento se muestran mas notorias.

Estos datos esbozan una situación en la cual la elaboración de estrategias, que es la tarea central que se viene planteando con insistencia el proceso del FSM desde hace tres años (precisamente desde que el 11-S reforzó las expectativas sobre el papel que podía desempeñar el movimiento antiglobalización en la “refundación” de la izquierda) se convierte en un objetivo mucho más complejo, pero también más necesario: no puede imaginarse una resistencia a largo plazo, puramente activista, bajo el paraguas de un lema-alternativa general: “Otro mundo es posible”, que además está desmochado frecuentemente en su versión práctica como: “Otro gobierno es posible”.

Pero más que nunca hay que hablar de “estrategias” en plural, no sólo porque se trata de un movimiento pluralista por origen y definición, sino sobre todo porque hay, y habrá más aún, debates entre estrategias alternativas en su interior. En este aspecto, lleva razón Daniel Bensaid: “La expansión del movimiento social por consenso se está agotando” /3. Aunque, añadimos por nuestra parte, hay que combatir ese agotamiento, que si culminara, tendría efectos muy perjudiciales para la izquierda alternativa. Volveremos sobre este tema.

3. Éste ha sido un Foro Social Mundial muy “regionalizado” social y políticamente en América Latina, y especialmente en Brasil.

Las cifras globales dan una imagen demasiada plana de la composición del foro y no conocemos datos desagregados. Pero saltaba a la vista que la participación europea ha sido mucho más reducida que en otras ocasiones, lo cual es coherente con una perceptible menor interés en las organizaciones sociales europeas sobre lo que ha ocurrido en Porto Alegre. Cada país necesita su propia explicación, pero hay dos características generales que deben destacarse: la primera, las derrotas de luchas sociales importantes en países clave: Alemania, Italia, Francia..., aunque se mantengan capacidades de reacción importantes y fuertes sentimientos de malestar y de rechazo hacia las políticas económicas y sociales imperantes ; la segunda, la inexistencia o el debilitamiento de organizaciones y movimientos sociales que aseguren la continuidad del proceso en el día a día.

Es cierto que ha habido nuevas incorporaciones con un importante valor simbólico: especialmente, la delegación de los dalits, que han representado el enlace con el Foro de Mumbai. Pero éste ha sido sin duda el más latinoamericano de los Foros Mundiales.

Como han subrayado François Sabado y Pierre Rousset /4, esto ha sido así fundamentalmente por “la radicalización y repolitización” de amplios sectores militantes, que está teniendo lugar desde hace ya largo tiempo en América Latina. Precisamente por eso, llama la atención la débil presencia en el foro de algunas de las corrientes más significativas y valiosas: por ejemplo, los movimientos de autoorganización argentinos, los movimientos indígenas de Ecuador y Bolivia, el zapatismo, etc. Por otro lado, aunque hubo experiencias de movilización importantes que se trataron ampliamente: por ejemplo, las luchas contra la privatización de los servicios de agua potable y saneamiento, otras estuvieron ausentes o suscitaron poco interés: por ejemplo, la amplia y radical oposición social que ha afrontado las negociaciones del Acuerdo Unión Europea-Mercosur.

De modo que el predominio latinoamericano fue sobre todo de naturaleza política. Se expresó, por una parte, en una de las mejores características de este foro: la masiva participación de jóvenes en seminarios y talleres, sobre todo en los más directamente relacionados con las estrategias. Pero hay que reconocer que se esta “politización” se manifestó sobre todo en el papel de protagonistas absolutos que han tenido en el foro dos gobernantes latinoamericanos: Lula y Chaves, cuyos mítines, constituyeron de hecho la inauguración y la clausura, y los únicos “actos centrales” del foro. Estamos ante problemas muy serios que merecen un comentario.

El mitin de Lula fue formalmente organizado por una red internacional de ONGs, Global Call to Action against Poverty, de la que forman parte poderosas organizaciones internacionales, como Action Aid y Oxfam (su referente en el Estado español es la Campaña “Pobreza Cero” de la Coordinadora de ONGD). Pero esta red se limitó a poner el dinero y la mesa presidencial. El mitin fue un acto de propaganda de la persona y el gobierno de Lula, férreamente controlado por el PT.

No hace falta tener muy buena memoria para recordar que, hace algún tiempo, destacados miembros del Consejo Internacional como Francisco Whitaker o Bernard Cassen, protestaban airados contra el peso de los “partidos políticos” en el Foro de Florencia, y hasta se llegó a decir que constituía una violación de la Carta de Principios del FSM, según la cual “El Foro Social Mundial reúne y articula únicamente a entidades y movimientos de la sociedad civil”. Llevan toda la razón Chris Nineham y Alex Callinicos cuando afirman que hay “una hipocresía absolutamente flagrante” cuando los preceptos de la Carta se usan contra las organizaciones de la izquierda radical y se olvidan ante los gobernantes, cuando conviene. Por si esto fuera poco, otro destacado miembro del Consejo Internacional, el brasileño Cándido Grzybowski declaró que al Consejo Internacional “le gustaría haber contado también con la participación de Kirchner y Zapatero por la simpatía que ambos despiertan”; pero, añadió en tono de broma, “los gobiernos aún tienen un poco de miedo” /5 (entre paréntesis, Zapatero estuvo en Brasil la víspera de la inauguración del foro, al frente de una amplia delegación de empresarios españoles, para defender sus inversiones y ayudar a negocios futuros; puso como ejemplo de sector interesante para los inversores españoles la privatización de los servicios brasileños de agua potable. No parece que lo suyo haya sido un problema de “miedo”, sino simplemente de intereses y prioridades. Zapatero tiene claros los suyos; algunos miembros del Consejo Internacional, no parece tener tan claros los del Foro Social Mundial). Aunque el significado político del mitin de Chaves, organizado formalmente por la plataforma de organizaciones sociales brasileñas, fue totalmente distinto al de Lula, cabe atribuirle críticas similares. No vemos ninguna razón que justifique la participación en el Foro Social de políticos gobernantes, salvo cuando se justifique por razones concretas de solidaridad. En cambio es absurdo, y conduce a situaciones rocambolescas o hipócritas, que se excluya de la participación en el foro a los partidos políticos que acepten la Carta de Principios, cuyas interrelaciones con los movimientos y organizaciones sociales, para bien o para mal, son obvias. La Carta debería ser modificada formalmente en este sentido, manteniendo que el Consejo Internacional y otros órganos de coordinación del foro estén constituidos exclusivamente por representantes de organizaciones sociales.

4. El hecho es que el más claro e influyente debate de estrategias del foro fue el que enfrentó, simbólica e implícitamente, a Lula y a Chaves. Hubo en él dos elementos que deben tratarse por separado.

En primer lugar, Lula defendió una política de “consenso internacional” y, particularmente, la búsqueda de “campos comunes entre Porto Alegre y Davos” (estrategia bien definida por Vidal Beneyto como “Porto Davos”) /6. Por el , la idea central del discurso de Chaves fue: “Con modelos capitalistas es imposible combatir la pobreza. No se va a trascender al capitalismo dentro del mismo sistema, sino a través del socialismo”. Se trata de una diferencia fundamental y tiene un gran valor escuchar a un gobernante, que parece además creerse lo que dice, palabras como éstas, que son la base del enorme prestigio que ha alcanzado Chaves en la izquierda latinoamericana. En este sentido, Lula y Chaves presentaron propuestas alternativas.

En segundo lugar, Lula afirmó que el FSM debía adoptar una estrategia de tipo lobby, orientada a la presión y la negociación con los gobiernos, basadas en un “proyecto central”, con “propuestas objetivas”; si no “el Foro corre el riesgo de transformarse en una feria de productos ideológicos” /7. Por su parte, Chaves afirmó que el FSM era “el acontecimiento político internacional más importante de los últimos años”, pero que ahora era necesario pasar a una “nueva etapa”. Las características de esta nueva etapa no quedaron muy claras: debía basarse en una “agenda social mundial”, que puede entenderse como un programa de acción y, en este sentido, es una tarea muy ambiciosa, pero que puede ser interesante como marco de trabajo y debate a medio plazo /8. La rotundidad con la que Chaves afirmó la necesidad de pasar a una “nueva etapa” y la poca claridad sobre sus contenidos, ha dado lugar a interpretaciones “chavistas” muy peligrosas. Así por ejemplo, el director del futuro canal de TV intercontinental Tele Sur (la Al Yasira en castellano, se le llama a veces, lo cual indica la ambición del desafío que quiere realizar este proyecto de comunicación “antiimperialista”), Aram Aharonian, en un artículo con el desafortunadísimo titulo de: “El día que Chávez se robó el Foro”, tras afirmar que en el futuro Foro Social que tendrá lugar en Caracas en el año 2006, “la agenda amenaza ser muy diferente a la que el Comité [Consejo] Internacional quisiera”, dice: “En Brasil y Argentina, además de la provocación de la gran prensa, Chávez se enfrentó con el malestar de grupúsculos contra los respectivos presidentes, sectores interesados en abrir brechas de desencuentro en un espacio que debiera ser de comunión. Una nueva muestra de la mezquindad que ha impedido en muchas oportunidades generar los imprescindibles frentes antioligárquicos” /9. Esta interpretación pone sobre la mesa la doble naturaleza del “bolivarismo”, que es por una parte una ideología y un proyecto a largo plazo antiimperialista radical, pero es también el lema de la política de un gobierno y de sus compromisos y alianzas concretas. Aharonian parece entender al foro como un “frente social” subordinado políticamente al “frente antioligárquico”. No es esa de ninguna manera la estrategia que necesitan elaborar y compartir el “ala militante” del FSM.

Podemos considerar pues que hay dos polos de referencia estratégicos, no formalizados, pero muy influyentes. Por una parte, la estrategia de presión-negociación sobre los gobernantes (Grzybowski la resume así: “O los gobernantes asumen nuestras ideas, o no podemos transformar nuestras ideas en prácticas. Quien cambia las cosas son los Estados”) /10. A veces se identifica esta posición como “socialdemócrata”. No es así necesariamente en cuanto a las vinculaciones partidarias: es cierto que la socialdemocracia es la única corriente política internacional organizada para influir en el foro, para lo que cuenta además con una institución especializada: el Global Progressive Forum que dirige el ex-primer ministro portugués Antonio Guterres; ha tenido además una presencia importante en el foro, aunque mas discreta, y quizás por ello más eficaz que en otras ocasiones. Pero muchos de quienes defienden estrategias de lobby no son “socialdemócratas”, por ejemplo, el propio Grzybowski y otros notables miembros del Consejo Internacional /11. Creemos que es más preciso caracterizarlos como partidarios de “institucionalizar” el Foro, autonomizando a las estructuras de tipo “representativo”: el Secretariado y el Consejo Internacional y orientándolas a la negociación con gobiernos y otras instituciones internacionales, “en nombre” del Foro; una orientación similar a la que vienen desarrollando desde hace tiempo algunas grandes ONGs internacionales, en nombre de la “sociedad civil”.

Por otra parte, se esboza una estrategia “frentista”, que no es en absoluto simétrica de la anterior, porque ésta se basa en una genuina voluntad de lucha y movilización social, pero que tiende a subordinar la autonomía de las organizaciones y movimientos sociales, y el debate democrático en su interior entre las diversas corrientes y organizaciones, a los intereses del “campo antiimperialista” en cada momento.

Fuera de estos dos polos, o entre ellos, hay un magma militante que lleva tiempo intentando establecer conexiones y coordinaciones, buscando ideas y articulaciones prácticas comunes. La Red Mundial de Movimientos Sociales es el proyecto más consistente en este sentido: pero está claro que no ha funcionado. El 5º FSM no ha significado grandes avances, pero ha clarificado algunos problemas.

5. La “metodología” de este 5º Foro, basada en la autoorganización y la horizontalidad, ha dado resultados fundamentalmente positivos. Estamos de acuerdo con Raúl Zibechi en que el Foro “ha ganado en coherencia”. El sistema anterior a Mumbai dejaba en manos del Consejo Internacional la organización de las actividades centrales del foro, llamadas “conferencias”, decidiendo temas y oradores, por medio de una combinación de “personalidades” y “cuotas” para las diferentes corrientes. Era un mal sistema y funcionó mal.

Esta vez, el papel del Consejo se ha limitado a establecer once “ejes temáticos, en los que se distribuyeron seminarios y talleres propuestos por las organizaciones sociales. Todo ha sido pues “autoorganizado”, en la teoría, aunque sólo parcialmente en la práctica: los mítines de Lula y Chaves muestran que un problema que sale por la puerta, puede volver a entrar por la ventana.

La principal debilidad de la nueva “metodología” ha estado en la práctica desaparición de las actividades comunes: es un problema gravísimo, que ha convertido al FSM en un espacio compartido entre actividades que no encuentran, ni en muchos casos buscan, puntos de convergencia. Buena parte de los trabajos del foro correspondieron a redes y campañas agrupadas por afinidad. Por ejemplo, las organizaciones contra la deuda, las organizaciones sindicales de la CIOSL, las de la economía social, etc., tuvieron su vida propia, posiblemente con resultados satisfactorios para los participantes, pero con muy poca relación con otros sectores; su contribución al patrimonio común fue, en el mejor de los casos, unos párrafos en el manifiesto de la Asamblea de Movimientos Sociales (la cual, a su vez, se limitó en la práctica al acto de presentación del manifiesto, elaborado gracias a muy pequeño grupo de redacción). Está bien que el foro sirva para este tipo de encuentros “sectoriales”, pero si no hay puntos de convergencia, pierde buena parte de su sentido. Emir Sader, por ejemplo, criticó el débil papel en el foro de la lucha contra la guerra y de los problemas del “mundo del trabajo”. Y lleva razón, pese a que sobre estos temas hubo bastantes seminarios y talleres... limitados a las organizaciones especializadas.

En parte el problema está en el mal funcionamiento de los diversos medios e iniciativas de comunicación. Hilary Wainwright ha escrito un magnífico balance de la organización del foro, que está disponible en nuestra web. En él se señala como uno de los objetivos principales de la nueva metodología lo que se llamó “La memoria viva”, destinado a garantizar el conocimiento y la transmisión de los trabajos del foro. El plan integraba cuatro proyectos: Nómada (grabación audiovisual y difusión telemática de las actividades), Cultura, Comunicación y Muro de Propuestas (en el cual personas elegidas en cada seminario y taller debían “colgar” las propuestas acordadas). Apenas se han conseguido resultados significativos en ninguno de ellos: por ejemplo, el “muro” ha recogido cuatrocientas propuestas, pero la gran mayoría son poco interesantes y representativas de los debates. La conclusión es que la “memoria” se reduce a algunos textos de balance, charlas aquí o allá, más la difusión del manifiesto: es muy poco, un verdadero desperdicio del trabajo realizado.

¿Cómo conservar la “metodología” de autoorganización, con todo su contenido imprescindible de horizontalidad y respeto a la diversidad y, a la vez, organizar algunos puntos de encuentro sobre temas considerados prioritarios? Éste es uno de los grandes desafíos de la próxima etapa. Es inevitable que esos puntos y temas sean decididos por consenso en alguna instancia representativa. Lo cual nos lleva a una de las cuestiones de las que más se ha hablado en los debates sobre el futuro del foro: la representatividad del Consejo Internacional y la democracia en su funcionamiento.

Hay muchos signos de que las cosas no van bien; ya nos hemos referido a varios casos en que miembros del Consejo dicen o hacen cosas importantes en nombre del Consejo y sin que éste haya sido siquiera informado. El hecho de que el próximo año el foro tenga un carácter “descentralizado” puede aumentar los riesgos de autonomización de personas y “grupos de afinidad”. Immanuel Wallerstein ha propuesto grabar en video todas las reuniones del Consejo Internacional y colocarlas en la red. Es una propuesta complicada y él mismo señala los inconvenientes (p.ej. las actuaciones “para las cámaras”). Pero si no esto, algo hay que hacer ya para que llegue a existir a corto plazo un Consejo con la representatividad y el funcionamiento democrático adecuado para que pueda tomar las pocas, pero imprescindibles, decisiones sobre actividades comunes que serán necesarias. Ésta es una de las condiciones para que pueda asegurarse la continuidad del foro como marco unitario contra la “globalización neoliberal”. Es cierto que las “movilizaciones globales” han perdido mucha fuerza en todo el mundo, como se comprueba en cada jornada internacional de acción. Pero renunciar a seguir intentándolo, o dejarlas para tiempos mejores, nos parece un error que nos llevaría a volver a empezar de cero, cuando se ha logrado ya acumular experiencias y relaciones muy valiosas y, sobre todo, cuando basta leer la agenda de acciones del manifiesto de la Asamblea de Movimientos Sociales para verificar que si no existiera el Foro habría que inventarlo.

6. Ahora bien, existe una amplia coincidencia, desde opiniones y con objetivos muy distintos, en que hay que iniciar una “nueva etapa”. La fórmula de “foro unitario de debates+manifiesto de movimientos sociales” está agotando su capacidad como fuente de ideas e iniciativas, reconocidas como un referente por organizaciones sociales de todo el mundo.

Una de las mejores definiciones del foro es la que hizo hace unos años Joao Pedro Stédile, el dirigente del MST: “intercambiar experiencias, para articular luchas”. Posiblemente, ha sido interpretada como un proceso que se mueve desde el centro, los foros, hacia la periferia, las organizaciones sociales nacionales y locales. Este proceso se ha atascado y pensamos que hay que darle nueva vida en sentido inverso, “intercambiando experiencias y articulando luchas” desde la periferia al centro. Por poner un ejemplo concreto, para la movilización respecto a la Asamblea de la OMC de Hong Kong, lo que puede ofrecer el marco del FSM es información, contactos, puesta en común de ideas... y poco más: las movilizaciones que existan serán el resultado del esfuerzo, la imaginación y el acierto que se logre en cada territorio; en la medida que esas movilizaciones se pongan en marcha, el foro puede ser un buen marco de articulación. Si no, seguiremos produciendo sólo buenos manifiestos. Dice Paul Nicholson, de Vía Campesina, que tenemos que salir del foro sabiendo “lo que tenemos que hacer y cuando”. Vale, pero para eso tenemos que entrar en el foro con una experiencia acumulada que ahora está desarticulada. El papel de la Red Mundial de Movimientos Sociales hay que enfocarlo en este contexto: no como un “estado mayor” o un “centro de iniciativas”, sino como un nudo de comunicaciones que asegura la conexión entre los movimientos y actividades diversas que se desarrollan en la “periferia”. En este sentido, es una herramienta necesaria. Hay que buscar una solución al bloqueo en que parece encontrarse actualmente.

Finalmente, cuando hablamos de ir de la “periferia” al “centro”, no nos referimos solamente a las movilizaciones. Hay que encontrar también una respuesta al problema agobiante de la ausencia de los debates políticos de fondo, la actualización de la crítica al capitalismo, la traducción entre las ideas y las propuestas de los movimientos sociales, la elaboración de estrategias entre quienes alcancen la base común necesaria, la discusión también en este terreno, etc.

En este aspecto, más que grandes propuestas de constituir “nuevos sujetos” y cosas similares, creemos que lo mejor es hacer avanzar las posibilidades que tenemos ya a nuestro alcance, aunque sean modestas. Como dice Pierre Rousset: “Si queremos evitar que la descentralización del movimiento termine en su desarticulación (y en un debilitamiento de su capacidad de resistencia colectiva a la globalización militar y liberal), hay que aportar respuestas nuevas y concretas también en este aspecto [constituir “polos” de animación de la red de movimientos sociales]” /12. Las redes de revistas, las propuestas de constitución de seminarios abiertos de militantes e intelectuales vinculados con los movimientos sociales, las plataformas de organizaciones políticas, la organización conjunta por parte de algunas de estas iniciativas de talleres o publicaciones en los foros... Todo puede valer. Pero hay que espabilarse.

1/ El texto está en nuestra web www.vientosur.info Nº 79 de marzo de 2005 2/ David Luhnow. “La izquierda resurge en América Latina, pero esta vez con un ropaje conservador”. The Wall Street Journal/Americas 1/03/05. En el artículo puede leerse también: “La nueva generación de la izquierda está resultando ser sorprendentemente pragmática en muchos asuntos macroeconómicos”. 3/ Chavarría, M. “Entrevista a Daniel Bensaid”. La Vanguardia, 5/1/2005. 4/ Rouge, 27/01/05 y 4/02/05. 5/ Zero Hora, 1/02/2005. 6/ El discurso de Lula fue similar a sus declaraciones el día anterior a Le Monde<[i>: “La nueva geopolítica de la existencia humana demuestra una capacidad sin precedentes para luchar por los grandes intereses colectivos y exigir soluciones que sean coordinadas y solidarias (...) La discusión sobre los campos comunes posibles entre el Foro Social Mundial de Porto Alegre y el Foro Económico Mundial de Davos, que se realizan al mismo tiempo, es una misión comprendida en esta visión”. Le Monde, 26/1/05. 7/ Declaraciones al periódico argentino Clarín, el 28/10/04. Lula no hizo, obviamente, criticas directas al foro en su discurso en Porto Alegre, pero sí defendió una orientación de este tipo. 8/ Por supuesto esta tarea del movimiento no puede ser sustituida por diecinueve respetables intelectuales que han difundido un autodenominado “Consenso de Porto Alegre”, cuyo contenido no plantea grandes problemas (salvo en algún punto), pero que ha aparecido como una operación dirigida más a los medios de comunicación (con poco éxito) que a los militantes del foro. El texto está en nuestra web www.vientosur.info. 9/ Aram Aharonian. www.rebelion.org/noticia.php?id=11393 10/ Zero Hora, 1/02/2005 11/ A los que veremos en el encuentro “informal” con “promotores del Foro de Davos” que se prepara para comienzos del próximo verano en París, sin que el Consejo Internacional haya sido siquiera informado del asunto. 12/ Rouge, 4/2/05



 
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