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dilluns 3 de setembre de 2007
Centro de Estudios Políticos para las Relaciones Internacionales y el Desarrollo (CEPRID)
Soberanía alimentaria Versus agrocombustibles
Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos (CEPRID)

El mañana nos lanza a la palestra una pregunta fundamental. Será mejor llenar el tanque de 25 galones de un vehiculo o dar de comer a una persona por un año, además hemos escuchado un lindo dicho en toda la mezcolanza mediática que más trata de confundir que crear un criterio digno: “la tierra no es nuestra, esta en préstamo de nuestros hijos” y más allá de eso, la tierra no es solo de los seres humanos y de sus hijos, la tierra es de todos los seres que la habitan.

Es importante reflexionar sobre el tema. En el momento en que se desenvuelven en la palestra política y mediática los discursos impulsores de los agrocombustibles, convenciendo al público de que son una alternativa para un desarrollo que considera al medio ambiente por utilizar recursos supuestamente renovables y que es una respuesta a la escasez de trabajos y el hambre, debemos ser concientes de un elementos primordial: las megaempresas que son ahora las más representativas de lo que el desarrollo implica han optado, las más de las veces, por dañar la naturaleza, mantener enfermedades y matar a la gente de hambre, a costa de multiplicar sus ganancias y de hegemonizar las cadenas globales de mercancías de forma integrada, es decir, controlar la producción de materias primas, el procesamiento de las mismas, la comercialización y el consumo. Si no fuera así, no estaríamos ante la hecatombe medioambiental caracterizada por la acelerada deforestación, erosión de tierras, crecimiento exacerbado de las ciudades (del tercer mundo), sobreexplotación de recursos, aumento del hambre, etc. Las iniciativas ecológicas que van en contracorriente de este sistema destructor, son, en general, dominadas y superadas por la lógica de consumo que sostiene al sistema capitalista de explotación de recursos.

Existen miles de ejemplos que demuestran lo expresado y los biocombustibles no son una salvedad. Si bien sus propulsores anuncian datos importantes de ganancias económicas que resultan de su implementación, olvidan -o mejor dicho obvian- anunciar que estas ganancias se logran a expensas de desastres ambientales y sociales. Este compendio de algunas experiencias pretende mostrar esta cara de la moneda.

Contexto internacional

Expertos declararon que la inflación de los “commodities” (se refieren a productos agrícolas que, bajo reglas de flexibilización de comercialización de la OMC, tienen preferencias comerciales) que la producción de biocombustibles está generando, es una tendencia global que puede tener consecuencias negativas para los países pobres y especialmente para aquellos con bajo potencial agropecuario[1].

Somos testigos de una mayor confraternización entre las corporaciones transnacionales. Empresas del petróleo que quieren reducir su dependencia con el petróleo; la industria automovilística que quiere continuar sus ganancias de acuerdo al modelo de transportación individual; y las industrias agrícolas que quieren seguir adelante monopolizando el mercado agrícola mundial, se alían para formar oligopolios que dejan sin oportunidades a los pequeños productores y pequeños empresarios. Ni mencionar el rol de los países desarrollados, como EE.UU. y la Unión Europea (U.E.), en su deseo de mantener su hegemonía sobre la economía global. Ahora que existen países latinoamericanos grandes productores de petróleo que se han atrevido a contrariarlos, se esfuerzan por otorgar ímpetu al tema de los biocombustibles.[2]

El Instituto de Investigación de Políticas de Alimentación Internacional (IFPRI, siglas en Ingles) en Washington D.C. ha realizado investigaciones que arrojan datos preocupantes sobre el potencial impacto de los biocombustibles. Mark Rosegrant, director de una división del IFPRI y otros colegas, proyectan que dados los incrementos constantes del petróleo, el rápido incremento global en la producción de biocombustibles impulsará el aumento del precio del maíz en un 20 por ciento para el 2010 y un 41 por ciento para el 2020. Se estima que los precios de semillas oleaginosas, incluyendo soya, colza y semillas de girasol incrementarán en un 26 por ciento para el 2010 y en un 76 por ciento para el 2020; lo propio con el precio del trigo: en un 11 por ciento para el 2010 y en un 30 por ciento para el 2020. [3] El gobierno de EE.UU. prevé que el consumo mundial de energía aumentará en un 71% entre 2003 y 2030, y la mayor parte de este aumento tendrá como fuente una mayor demanda de petróleo, hulla y gas natural. Se estima que, para el final de ese periodo (2030), toda la energía renovable (incluidos los agrocombustibles) será un 9% del consumo mundial de energía. En este sentido, es relativo y peligroso considerar como cierto el supuesto de que los agrocombustibles tendrán un papel importante en la lucha contra el calentamiento global.[4]

Además, es preciso anotar que EE.UU y otras potencias como parte de su “discursos” de apoyo a la reducción de gases de efecto invernadero, ha optado por dejar libre a sus países de industrias contaminantes[5]. Al mismo tiempo, como parte de sus “discursos” de cooperación al desarrollo de los países del tercer mundo, han desarrollado procesos de traspaso de las industrias electrointensivas y ambientalmente contaminantes del medio ambiente a los países en desarrollo. Tal contradicción no es casual. A los países desarrollados les resulta mucho más barato instalar sus industrias en estos países debido a los bajos costos de producción traducidos en: mano de obra barata, ahorro en transporte de materias primas y la predisposición de gobiernos fácilmente doblegables en materia ambiental.

De acuerdo a la correlación de factores, las presiones especulativas han creado lo que puede denominarse “la fiebre por los biocombustibles”: el incremento de los precios por compradores que piensan que los precios subirán. Fondos de inversión están apostando fuertemente en el maíz, lo que está creando una estampida del mercado en torno al etanol. La fiebre de biocombustibles está comandando las reservas de granos con total desestimación de las consecuencias obvias. Aunque el etanol ha creado enormes oportunidades para formidables ganancias al sector agroindustrial, al de especulación y algunas granjas, ha desequilibrado substancialmente el flujo tradicional de commodities y modelos de comercio y consumo de manera interna y externa en el sector agrícola.[6]

La producción de biocombustibles es a, su vez, un enorme limitante para permitir la consagración de los objetivos del milenio. Los objetivos del Milenio establecieron en las Naciones Unidas, en el 2000, un compromiso de cortar por la mitad la población que crónicamente sufre de hambre del 16% en 1990 a 8% para el año 2015. Considerando los factores expuestos veremos que los agrocombustibles exasperaran más aún el hambre mundial. Varios estudios por economistas del Banco Mundial sugieren que el consumo calórico alimentario en torno a los pobres del mundo declina medio por ciento cuando los precios medios de los alimentos incrementan en un por ciento. Cuando un alimento importante se vuelve más caro, la población trata de reemplazarlo con uno más barato; pero si todos los alimentos básicos suben no tienen alternativa a la cual recurrir. Se estima que para el año 2025 existirán 1.2 mil millones de personas crónicamente hambrientas,[7] ¿y que fue de los objetivos del milenio?

Experiencias en diferentes países

México

El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) asegura que los altos precios de los productos agropecuarios “llegaron para quedarse”, todo gracias al desvió de esas producciones hacia la producción de etanol. “En México, los precios de la tortilla, pan, huevos, frutas y azúcar han mostrado un crecimiento sostenido -a veces sobre el 100 por ciento- entre diciembre de 2005 y abril de 2007.”[8] EEUU y China El presidente del Comité Técnico Nacional de Estudios Económicos del IMEF, Gerardo Cruz Vasconcelos, señaló a NOTIMEX (agencia informativa mexicana) que, en lo que va del año, los precios de los alimentos en EEUU y China han subido en un 6,7% y 6,2% respectivamente. El principal factor para la subida de precios, de acuerdo a los expertos del IMEF, es “la reducción de la oferta mundial de algunos productos agrícolas como el maíz y la caña de azúcar, resultado de su desvió para la producción del etanol”[9] Estados Unidos

En marzo de 2007, en EE.UU., los “precios futuros”[10] del maíz sobrepasaron el récord de SU$ 4,38 por bushel (27,21 kg.) frente a SU$ 2,40 en 2006, precio considerado el más alto en 10 años. Los precios del trigo y del arroz también se dispararon a los niveles más elevados en los últimos 10 años, porque a la vez que el arroz ha pasado a ser el más usado como sustituto del maíz, el área destinada para su cultivo se ésta reduciendo debido a que los agricultores amplían las plantaciones de maíz para producir etanol.[11]

Si consideramos que los subsidios directos al sector de producción de maíz en EE.UU el 2005, sin contar los incentivos desleales al comercio mundial, oscilaron entre 8.9 mil millones de dólares.[12], entonces los datos de subida de precios de alimentos son alarmantes. Esto implica que las subvenciones al sector agrícola se orientan a beneficiar al sector productor de etanol y no así al de alimentos. En conclusión, si un país que puede subvencionar su sector agrícola no ha podido controlar la subida de precios de los alimentos, entonces menos posibilidades tendrá de hacerlo un país como Bolivia. En los Estados Unidos de Norte América, el crecimiento de la industria del agrocombustible ha detonado el incremento no solamente en los precios del maíz, semillas oleaginosas y otros granos, sino también en los precios de cosechas supuestamente no relacionadas con ese producto. La utilización de tierra para crecer el maíz necesario para la conversión a etanol esta reduciendo las hectáreas utilizadas para otras cosechas. Procesadores de alimentos que utilizan otras cosechas como arbejas y maíz dulce han sido forzados a pagar precios más caros para mantener un abastecimiento constante -costos que eventualmente serán pasados al consumidor. El incremento de alimentos balanceados también está alterando al sector industrial vacuno y avícola de acuerdo a Vernon Eidman, profesor emérito de planeamiento agroindustrial de la Universidad de Minnesota. Eidman agrega que si las ganancias siguen bajando, la producción declinará, y los precios de la gallina, pavo, puerco, leche, y huevos también subirán.[13]

Argentina

En Argentina, más allá de los índices oficiales, los precios de las carnes rojas, pescados, lácteos y hortalizas treparon entre un 50 y un 100 por ciento en los últimos dos meses, debido al desvío de productos alimenticios hacia etanol. Señalan a su vez que el índice de precios de las Materias Primas (IPMP) aumentó en un 4,7 por ciento en julio respecto de junio y un 25,4 por ciento respecto del mismo mes del año anterior[14].

Brasil

La OIE (Oferta Interna de Energía) en Brasil, el 2006, fue de 55,1% de energía no renovable y 44,9% de fuentes renovables. A pesar de la “mejor calidad” de la matriz energética brasileña en relación a la matriz energética mundial, la composición de las fuentes de energía renovable presenta problemas de otra naturaleza, pero muy preocupantes, tanto desde el punto de vista económico y social como del ambiental. Dos fuentes importantes de energía renovable, la hidráulica y de la biomasa, que sumadas representaron el 41,8% de la oferta total de energía en 2006, tienden a constituirse como espacios económicos privilegiados de las megaempresas multinacionales y nacionales, asociadas entre sí o no, para la producción y consumo a partir de sus intereses corporativos, sea para consumo interno en sus industrias o para la venta en los mercados interno y externo.[15]

Con respecto a la energía de la biomasa, en particular la oferta de etanol y de leña, la perspectiva es entrar en un proceso oligopólico ya que las industrias de azúcar y alcohol controlarán la oferta de etanol, los hornos de producción del carbón vegetal para la industria siderúrgica, así como la producción de la materia prima (caña de azúcar y eucalipto), de forma directa o indirecta. Ese control oligopólico de las fuentes renovables de energía, a la vez que operan con fuentes que podrán desarrollar mecanismos limpios de producción de energía renovable, permite que las megaempresas se vuelvan las principales violadoras de las normas institucionales y manipuladoras de la opinión pública en lo que se refiere a las cuestiones sociales y ambientales[16], dejando a los países muy poca opción de opinar y actuar.

El recolonialismo quiere 520 millones de hectáreas para producción de agrocombustibles. El BID dice que Brasil posee 120 millones de hectáreas disponibles para plantaciones de materias primas para los agrocombustibles y los grupos de presión de Europa hablan de casi 400 millones de hectáreas que estarían disponibles para plantaciones destinadas a agrocombustibles en 15 países africanos. Las pretensiones de las megaempresas y de los gobiernos de diversos países industrializados sobre el territorio brasileño, específicamente sobre las áreas posibles de ser ocupadas con cultivos que suministran materias primas para la producción de agrocombustibles, se olvidan (o pasan por alto) la presencia en esos territorios de poblaciones originarias, de campesinos, de pueblos y áreas de protección ambiental, entre otros elementos. Suponen, como pasó con la ocupación europea del continente americano en el siglo XVI, que Brasil es un territorio vacío de gentes y de biodiversidad, sujeto de explotación, ahora por el capital monopolista de las megaempresas multinacionales interesadas en los agrocombustibles.[17]

Para comprender mejor la magnitud de lo recién anotado, es preciso considerar que Brasil deberá sobre-explotar sus tierras a través de la concentración de las mismas en pocas manos. Según la CONAB (Compañía Nacional de Abastecimiento dependiente del Ministerio de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento de Brasil), el área ocupada con caña de azúcar en Brasil en la cosecha 2007/2008 es de 6.6 millones de hectáreas, superior en un 7,40% a la cosecha anterior, y distribuida así: 82,49% en las regiones Centro-Sur y 17,51% en las regiones N y NE.[18] Considerando que los Estados ricos de Brasil están en el en el Centro y en el Sur, se nota que no existe intención de distribuir la riqueza, sino, incentivar a la mayor concentración.

La industria del azúcar y el alcohol tiene la pretensión de alcanzar en Brasil el record de 110 mil millones de litros de etanol anuales; es decir, abastecer el 5%, únicamente, del mercado mundial de etanol, lo que equivale a aumentar su producción actual en seis veces. En esta perspectiva, manteniéndose los actuales niveles medianos de productividad de la caña de azúcar y de los rendimientos en la fabricación del etanol, los cañaverales tendrán que ocupar 28 millones de hectáreas, casi la mitad de los aproximadamente 60 millones que conforman toda el área usada hoy por la agricultura nacional[19].

Como un ejemplo de las consecuencias de la expansión de la frontera de la caña tenemos que en Sao Paulo, con la consecuente valorización del precio de las tierras, presiona a los demás cultivos y áreas de pastizales a desplazarse a nuevos lugares. El área de pastizales, que ya perdió espacio para dar paso a la soja hasta 2004, ahora ofrece espacio para la caña, seguramente obligando a los ganaderos a desplazarse a otras áreas ricas en pastos, hecho que amplia la frontera agropecuaria.

En consecuencia, se está dando un proceso especulativo de tierras alarmante, al cual únicamente las transnacionales o grandes empresas pueden adaptarse. Desde el inicio de 2002 a agosto de 2004, los precios de las tierras para cultivar granos subieron en un 244% en Presidente Prudente-Sao Paulo, por ejemplo, pero, con la caída de los precios de los “commodities”, esos precios retrocedieron en un 29% desde aquella época hasta febrero de 2007, de acuerdo a los datos del Instituto FNP (Federación Nacional de Prefectos).

Asimismo, se está agudizando la concentración de los medios de producción en manos extranjeras y la disputa de los recursos de Brasil por las grandes potencias mundiales y sus megaempresas. Un estudio de la empresa consultora KPMG muestra que las megaempresas adquirieron ocho plantas en el 2005 y nueve el año pasado, y la consultora prevé que el numero deberá llegar a 12 en 2007. Desde 2005, nuevos propietarios adquirieron 29 plantas brasileñas, de las cuales 13 pasaron a manos de grupos internacionales. Con este apetito de los inversionistas externos, “de aquí a cinco años, el 9,6% de la molienda estará en manos extranjeras, que corresponderá al procesamiento de 70 millones de toneladas”, dice Antonio de Papua Rodríguez, director técnico de la Única (Unión de la Industria de la Caña de Azúcar). Lidia Moraes advierte que “(...) todos están preocupados por EE.UU., pero el país que más compra plantas en el Estado de Sao Paolo es Japón. Son cerca de 40 plantas. Contando que Brasil tiene 377 plantas operacionales, este es un dato peligroso[20]. Al respecto Joao Pedro Stedile del Movimiento Sin Tierra brasilero (MST) señala que empresas como Cargill, Petrobrás (que no es enteramente brasilera), George Soros y otras, están peleando por la tenencia en acciones de empresas brasileras que operan en alcohol[21]

Joao Pedro Stedile con respecto al tema de los agrocombustibles aporta una serie de elementos puntuales en cuanto a la experiencia agrícola en su país y los efectos nocivos de los agrocombustibles. Dice que “en la agricultura capitalista las reglas de la economía política funcionan para toda la producción agrícola basada en las tasas medias de ganancia. Si el etanol o el agrocombustible de otros orígenes vegetales dan más ganancia al productor capitalista que el maíz, el algodón, el trigo, el fríjol, por supuesto que habrá una migración de cultivos alimenticios que, por lo general, tiene una tasa de ganancia más baja (porque los consumidores tienen baja renta) y migraron hacia cultivos de agrocombustibles. Ésa es la regla capitalista. Nadie necesita predecir o planificar. Ya está ocurriendo en Brasil.”[22]

En cuanto al tema medioambiental ya se empieza a percibir que la producción agrícola de monocoultivos es, de por sí, perjudicial para la naturaleza pues destruye otras formas vegetales y, por ende, la biodiversidad. Sobre la soja y la caña hay estudios que comprueban que en el Brasil su monocultivo altera el equilibrio de las lluvias, las que se concentran más en un período del año y se vuelven más fuertes, más torrenciales y corren con más intensidad a los ríos o al manto freático subterráneo. Asimismo, hay estudios que muestran el aumento de la temperatura media en esas regiones.

En cuanto a la relación entre los agocombustibles y el agua, tenemos que en el marco de la Semana Mundial del Agua que se celebró en Estocolmo, expertos de 140 países advirtieron que el etanol y el biodiesel representan una amenaza para las reservas de agua. El Instituto Internacional de Estocolmo (SIWI por sus siglas en inglés) ha previsto que la producción de agrocombustibles provocará, para el 2050, que se duplique la demanda actual de agua para la agricultura, hecho que podría agravar la escasez del agua[23].

El autor que venimos citando alega, además, que el modelo de producción en pequeñas unidades, integrado con los campesinos para la soberanía energética de cada municipio, fue prontamente olvidado. Además, al pasar de los años muchos municipios se volvieron inmensos cañaverles, totalmente dependientes de importar comida de otros lugares. [24]

Stedile puntualiza que este modo de producción ha creado municipios como Ribeirao Preto, en el centro de Sao Paolo “considerado por la burguesía como la California brasilera, por su elevado desarrollo tecnológico en la caña. Hace 30 años, producía todos los alimentos, tenia campesinado en el interior y era una región rica con distribución equitativa de la renta. Ahora es un inmenso cañaveral, con unas 30 usinas que controlan toda la tierra. En la ciudad hay 100 mil personas que viven en favelas. Y la población carcelaria es 3813 personas (solo adultos), mientras la población que vive de la agricultura y tiene trabajo allí representa solamente 2412 personas contando los niños. Ése es el modelo de sociedad del monocultivo de la caña. Hay más gente en la cárcel, que en la agricultura.”[25]

También debe considerarse que Brasil, a pesar de haber sido parte de la agenda de las reuniones entre el mandatario de este país y su homólogo de Estados Unidos en Camp David a principios del 2007, no ha logrado la reducción de las medidas arancelarias y los subsidios de EE.UU. a su sector agrícola -el cual no está representado en su mayoría por ADM, CARGILL, BUNGE y otras transnacionales y no así por campesinos pequeños productores-. Muchas de las importaciones de etanol brasilero a EE.UU actualmente conllevan un agregado de 54 centavos por galón. EE.UU debe cuidar su propia producción de etanol con medidas restrictivas a las importaciones de etanol que proviene de países como Brasil en el cual la caña brasileña es mucho más simple de convertir a etanol que el maíz de EE.UU, y, por lo mismo, es un producto mucho más barato. Estas restricciones a las importaciones conseguidas a partir del lobby político que utilizan las megaempresas de etanol como ADM, CARGILL, BUNGE y otras, serán cada vez más fuertes para defender la industria nacional, a pesar de que las mismas no sean muy beneficiosas para el bolsillo del consumidor norteamericano.

Colombia

Se está incentivando a la producción de mandioca o yuca contando con 3 000 hectáreas para la producción de etanol. Además, se está dejando de producir oleaginosas porque no son competitivas, y, en su lugar, se está plantando palma africana, con lo cual Colombia se ha convertido en el cuarto productor mundial de aceite de palma[26], hecho que acarrea todos los problemas inherentes al descuido de la seguridad y soberanía alimentaria. África Subsahariana, Asia y Latinoamérica.

Se espera un incremento de 33 por ciento del precio de la yuca para el año 2010 y en un 135 por ciento para el año 2025. La producción del etanol a partir de la yuca puede ser un serio atentado en contra de la seguridad alimentaria de los pobres del mundo. La yuca aprovisiona un tercio del aporte calórico alimenticio a las necesidades de la población del África Subsahariana y es la principal fuente de alimentación para más de 200 millones de personas. En muchos países tropicales, es la comida por la que la gente opta cuando no pueden acceder a nada más. La yuca es también una importante reserva alimentaria cuando otros cultivos fallan ya que puede crecer en suelos pobres, condiciones secas, y puede ser cosechada cuando la necesidad dispone.

Países como China, Nigeria y Tailandia están considerando utilizar la yuca para la producción de etanol por su alto nivel de conversión. A esto se debe agregar un análisis histórico del curso de la industria agrícola, el cual se ha caracterizado por beneficiar a grandes empresas productoras las cuáles son cada vez más grandes y menos numerosas. Asimismo, la tendencia general se orienta a acumular capital a partir de mejores ganancias y no así a reducir el hambre en el mundo.

Indonesia

Indonesia es el segundo productor de aceite de palma después de Malasia, por lo mismo, el tema de los biocombustibles en este país esta íntimamente atado al aceite de palma. Muchos de los mayores productores de aceite de palma rápidamente olieron las enormes ganancias que podrían realizar por la moda actual del agrocombustible. Por esa razón, Indonesia es testigo de los precios exorbitantes del aceite de palma crudo (CPO Crude Palm Oil, en inglés) y de los aceites de cocina. Esto se puede ver a través de los planes de Indo Agri y London Sumatra para expandir sus plantaciones a 250,000 hectáreas para el 2015. Al igual que en otros países que han sido objeto de la subida de los precios de productos de la canasta familiar, el alza de precios del aceite de cocina en Indonesia está haciendo sufrir a la gente ya que el aceite es uno de los nueve commodities. A pesar de la abstinencia social, las corporaciones insisten en exportar CPO para adquirir mayores ganancias y el gobierno prácticamente ha optado, preferencialmente, por responder a los mecanismos obligatorios de exportación de agrocombustibles, impidiendo una resolución al problema de desabastecimiento de alimentos.[27]

Desde un punto de vista medioambiental, los biocombustibles no necesariamente contribuirán a disminuir la problemática de la polución, y, en algunos casos, muy por el contrario, exacerbarán el calentamiento global. De acuerdo Monbiot (2007), cada tonelada de aceite de palma que es convertido en biocombustible dispersa 33 toneladas de emisiones de carbono dióxido (CO2); 10 veces más que las emisiones dispersadas por combustibles fósiles.[28]

Tecnología para producir agrocombustibles

La tecnología es un aspecto central. En un estudio realizado por Farrel y Colab (2006) se alerta a los países latinoamericanos que un uso en gran escala de etanol para combustibles seguramente requerirá tecnologías de celulosa[29] que amplían el rango de convertibilidad de las materias primas utilizadas[30]; esto quiere decir, por ejemplo, que ya no necesitaríamos una hectárea de caña para producir 6000 litros de etanol, sino que podríamos hacerlo a partir de un proceso enzimático, desde cualquier material orgánico, por ejemplo el aserrín de la madera. Esta tecnología aún no está plenamente desarrollada y se estima que de aquí a diez años, mediante inversiones fuertes e investigaciones, puede ser alcanzada. Como los procesos de adquisición de tecnología son caros y requieren de mucha inversión, lo más probable es que sean detentados por pocas manos con capacidad de invertir. Esto le quita a los países latinoamericanos todo tipo de soberanía sobre la producción de agrocombustibles, además de la comercialización.

Mientras tanto, en Latinoamérica la tecnología actual utilizada para la producción de agrocombustibles, que se caracteriza porque requiere de cultivos a gran escala -hecho que conlleva todo una problemática ambiental y social- va a seguir invirtiendo grandes montos de dinero para el aglutinamiento de tierras, préstamos económicos y sistemas de producción, los cuales pueden ser desestimados en su totalidad el momento en que se consolide el tipo de tecnología de segunda generación mencionada en el anterior párrafo, lo cual puede dejar a los países latinoamericanos no solamente con tecnologías desechadas, sino también con deudas, con la mayoría de sus tierras mal utilizadas por cultivos para combustibles y, lo que es peor, con sus tierras apropiadas por las transnacionales o grandes empresas interesadas en los agrocombustibles.

Considerando que los países latinoamericanos que están invirtiendo, como política nacional, en sistemas de agrocombustibles dan plazos y beneficios tributarios para incentivar la inversión de capitales entre cinco y quince años, entonces están dando a los inversores la gran posibilidad de lucrar con nuestras tierras y recursos sin dejar réditos tangibles para el futuro. Mientras tanto, esos mismos capitales están desarrollando tecnologías de segunda generación para que en un futuro cercano el proceso de acumulación de capital ni siquiera necesite de esas tierras para producir biocombustibles. Esto implica que habríamos prácticamente subvencionado las ganancias de las megaempresas implicadas y nos habríamos perjudicado en términos económicos, ambientales, sociales y culturales.

Conclusiones

Las experiencias de diferentes países del mundo muestran que los agrocombustibles son un reflejo más de la lógica de la agroindustria: explotan recursos para acumular capital, beneficiando a sectores muy reducidos, perjudicando a los menos favorecidos y dañando el medio ambiente.

En este sentido vale preguntarnos qué es lo que realmente queremos. Si queremos una industria de biocombustibles que genere ganancias e impulse el desarrollo a secas, con todo lo que ello implica, entonces apoyemos la iniciativa. Los agrocombustibles van a impulsar el desarrollo de las grandes transnacionales que están interesadas en el rubro y que son aquellas que dominan los ejes más importantes de las cadenas globales de productos agrícolas porque son las que detentan los medios de producción y las que tienen el poder de la comercialización.

Ahora bien, si queremos que los agrocombustibles sean una opción que, a diferencia de la agroindustria en general, conserven el medio ambiente, democraticen la repartición de las ganancias y beneficios, que den trabajos dignos y que contribuyan con la soberanía alimentaria, entonces debemos detenernos a reflexionar al respecto, pues esto implicaría cambiar muchas de las reglas del agronegocio. Las experiencias recogidas en este texto demuestran que ninguno de estos aspectos se está materializando y, por el contrario, es la lógica agroindustrial la que se está reproduciendo. Son el oligopolio, la colonización de los países que aún tienen recursos y tierras (los del Tercer Mundo), la expansión de la frontera agrícola y pecuaria, el fomento del hambre en el mundo, el desequilibrio medioambiental y el avance de la lógica mercantilista sobre culturas agrícolas tradicionales, las tendencias fundamentales que los agrocombustibles impulsan. Valga la pena la redundancia, todas estas tendencias son características del agronegocio en general.


Notas: [1] Ego Ducrot, Victor. Agencia Periodística MERCOSUR (APM). Alza creciente de precios a la hora de comer. 10/08/2007.

[2] Saragih, Henry. Vía Campesina. It’s cars versus humans (Son autos contra humanos). Traducciones realizadas por nosotros. 03/08/07. Saragih Henry es Secretario General de la Federación de Uniones de Granjeros de Indonesia (FSPI).

[3] C. Ford Runge y Benjamín Senauer. (Foreign Affairs). How Biofuels Could Starve the Poor (Como los biosombustibles podran hacer morir de hambre al pobre). mayo/junio 2007 . Traducciones realizadas por nosotros.

[5] Ibíd. [6] C. Ford Runge y Benjamín Senauer. (Foreign Affairs). How Biofuels Could Starve the Poor (Como los biosombustibles podran hacer morir de hambre al pobre). mayo/junio 2007 . Traducciones realizadas por nosotros. [7] Ibíd. [8] Ego Ducrot, Victor. Agencia Periodistica MERCOSUR (APM). Alza creciente de precios a la hora de comer. 10/08/2007. [9] Ibíd. [10] Los precios de productos agrícolas están sujetos a la especulación.

[11] Martins de Carvalho, Horacio. (Alainet) La expansión de la oferta del etanol. 13/08/2007.

[12] C. Ford Runge y Benjamín Senauer. (Foreign Affairs). How Biofuels Could Starve the Poor (Como los biosombustibles podran hacer morir de hambre al pobre). mayo/junio 2007. Traducciones realizadas por nosotros. [13] C. Ford Runge y Benjamín Senauer. (Foreign Affairs). How Biofuels Could Starve the Poor (Como los biosombustibles podran hacer morir de hambre al pobre). mayo/junio 2007. Traducciones realizadas por nosotros. [14] Ego Ducrot, Victor. Agencia Periodistica MERCOSUR (APM). Alza creciente de precios a la hora de comer. 10/08/2007. [15] Martins de Carvalho, Horacio. (Alainet) La expansión de la oferta del etanol. 13/08/2007. [16] Ibíd. [17] Ibíd. [18] Martins de Carvalho, Horacio. (Alainet) La expansión de la oferta del etanol. 13/08/2007. [19] Ibíd. [20] Ibíd. [21] GRAIN. Revista Biodiversidad sustento y culturas. Numero 53, julio de 2007. Crisis energética o soberania alimentaria: Joao Pedro Stedile (MST) habla de agrocombustibles. [22] Ibíd. [23] Roberto Aguirre. Los agrocombustibles y la sed del mundo. En: APM (Agencia Periodística del MERCOSUR). 14/08/2007. [24] GRAIN. Revista Biodiversidad sustento y culturas. Numero 53, julio de 2007. Crisis o soberania: Joao Pedro Stedile habla de agrocombustibles. [25] Ibíd. [26] Gerardo Honty y Eduardo Gudynas. Agrocombustibles y desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe. Situación, desafíos y opciones de acción. PROBIOMA (Productividad, Biosfera y Medio Ambiente). Santa Cruz. 2007. [27] Saragih, Henry. Vía Campesina. It’s cars versus humans (Son autos contra humanos). Traducciones realizadas por nosotros. 03/08/07. Saragih Henry es Secretario General de la Federación de Uniones de Granjeros de Indonesia (FSPI). [28] Ibíd. [29] Según, Martins de Carvalho, Horacio. (Alainet) en: La expansión de la oferta del etanol. 13/08/2007, existe la posibilidad de hacer etanol celulósico a partir del 2012, en Estados Unidos, y en Brasil en los próximos 10 años. Éste tipo de etanol se produce a partir de residuos agrícolas y forestales. Considerando que el proceso se basa en la hidrólisis enzimática del bagazo de caña, el principal problema actualmente es la producción y aplicación de enzimas en gran escala. [30] Gerardo Honty y Eduardo Gudynas. Agrocombustibles y desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe. Situación, desafíos y opciones de acción. PROBIOMA (Productividad, Biosfera y Medio Ambiente). Santa Cruz. 2007.

Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos trabajan en la Comisión de Agricultura, Campesinado, Comunidades Indígenas y Etnias del Senado Nacional de Bolivia. Contáctelos en: thunhupha (arroba ) yahoo.com.ar



 
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