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diumenge 2 de setembre de 2007
Le Monde entrevista a Michel Aglietta, uno de los mayores especialistas europeos en mercados financieros.
Un capitalismo de burbuja en burbuja
Entrevista Michel Aglietta

La crisis financiera de este verano se inscribe en la larga lista de crisis, tras la de Tailandia en 1997 y la caída de los valores Internet en bolsa en 2001. ¿Está condenado el capitalismo a la inestabilidad permanente?

Los mercados financieros se centran sucesivamente en ciertos activos: Bolsa, inmobiliario, materias primas, etc. A menudo, los activos elegidos por la especulación son los que benefician a las innovaciones. Los operadores piensan que se apreciarán, consiguen con facilidad fondos considerables para comprarlos, y por consecuencia, los precios, en efecto, suben. Es un proceso que se autorrefuerza, porque los precios más elevados permiten reevaluar los riesgos a la baja, y así, seguir consiguiendo préstamos para comprar más todavía. Ese proceso, que vincula la expansión del crédito y la baja de los precios de los activos, es característico del capitalismo financiero actual, liberalizado y mundializado. Se pasa de burbuja en burbuja porque este sistema carece de cualquier freno interno. Haría falta que los inversores, con una visión a largo plazo, dijeran: "¡Alto! Los precios han perdido toda relación con los valores fundamentales", y que revendieran entonces, cuando todavía los precios están en alza. Pero ningún gestor de fondos razona así. Todos se movilizan en pos de beneficios a tres meses vista, y sus remuneraciones con bonos les empujan simultáneamente en el mismo sentido. También los bancos han pasado a estimar los riesgos por referencia, o bien a las agencias evaluadoras, o bien a modelos internos, pero de todo punto aferrados a los valores de mercado. Resultado: ningún mecanismo estabilizador. Es la misma organización de las finanzas modernas lo que causa las burbujas sucesivas.

¿Hasta el crac?

Por fuerza. En uno u otro momento, cuando los precios han llegado a valores muy alejados de los niveles fundamentales, los operadores cobran consciencia de que han salido de la realidad. Lo hacen con un pretexto cualquiera, imprevisible pero frecuente, y venden todos de consuno. Es el pánico.

¿Qué pueden hacer los bancos centrales?

Dos eventualidades. O bien la crisis hace correr meramente un riesgo de liquidez a los bancos, porque los inversores se precipitan sobre los bonos del Tesoro. Entonces los bancos centrales tienen que tolerar intervenciones excepcionales para evitar una parálisis de los pagos. Es lo que han hecho la Reserva Federal y el Banco Central Europeo este verano. El banco central juega aquí su papel de prestamista en última instancia. O bien, en cambio, la crisis es más grave, porque hay una insolvencia latente de los créditos. Los bancos centrales temen una contracción del crédito en la economía real. Entonces la solución es monetaria: recorte de los tipos de interés para facilitar el crédito.

Esa fue siempre la solución privilegiada por Greenspan en la FED. ¿Contribuye eso a inflar la siguiente burbuja?

Sí. Lo que haría falta es que los bancos centrales hicieran sonar las señales de alarma antes, cuando los precios de tal o cual activo han llegado a ser manifiestamente "irracionales". Ha habido debates al respecto, pero los bancos centrales han respondido por la negativa: se manifiestan incapaces de evaluar el precio justo de los activos. Así pues, en sus medidas de la inflación, no toman en cuenta más que los servicios corrientes y guardan silencio sobre los activos inflamados.

¿Se equivocan?

A mi juicio, sí. Hoy es posible, al menos para los mercados principales, que disponen de datos históricos muy prolongados, calcular de manera bastante fiable los valores fundamentales a largo plazo e intervenir cuando los mercados se salen de la vía.

¿Hay otra solución?

Sería preciso que los inversores a largo plazo se hicieran cargo de sus responsabilidades y establecieran una relación de fuerza a su favor con las sociedades de gestión y con los fondos especulativos de derivados financieros (hedge funds). Sobre la base de un control y seguimiento firme, regularían los mercados financieros y harían que las finanzas fueran menos inestables. Yo creo que una modificación profunda de los principios de gestión de las finanzas es la etapa hoy necesaria en la globalización.

¿Serían esas nuevas finanzas el primer paso en el gran cambio del capitalismo que usted describe en su libro Désordres dans le capitalisme mundial? Otro de esos cambios tiene que ver con la supremacía de los accionistas...

Ambos cambios están relacionados. Es el valor accionarial, la victoria del accionista sobre el ejecutivo, lo que exige rendimientos financieros muy elevados. Antes, la relación de poder era la contraria; los ejecutivos decidían la estrategia en función de un objetivo de crecimiento, y negociaban el reparto de los progresos de productividad con sus asociados en contratos plurianuales. El dividendo o el valor en bolsa era la última rueda de la carroza. Hoy, el ROE (Return on Equity) es la norma fundamental generalizada.

Pero esa inversión del poder tiene sus aspectos positivos. ¿Acaso no empuja a las empresas a innovar, a rebajar precios y a mejorar sin descanso?

Despojar a los ejecutivos de sus protecciones ha reducido los costes de gestión. Hace 25 años, cuando había crisis financieras, los bancos centrales dudaban de intervenir para distribuir liquidez, por miedo a que eso generara inflación. En cambio, ahora la nueva gobernanza de las empresas, la presión competitiva y, concomitantemente, la aparición de Asia alejan el riesgo de inflación. Hemos pasado de un régimen de precios de tendencia inflacionista a un régimen de tendencia deflacionista, en dónde los compradores resultan decisivos, tanto para la mano de obra como para los productos.

Eso es lo que contribuye a fabricar burbujas: por un lado, la duradera desaparición de la inflación ha reducido la aversión al riesgo; por el otro, los nuevos productos financieros y las nuevas instituciones financieras, como los hedge funds, permiten dispersar los riesgos. En los sistemas financieros reglamentados, los créditos bancarios estaban limitados y los bancos centrales eran restrictivos. Hoy, la inflación es baja, el crédito mana a borbotones y las burbujas de precios de activos se suceden.

¿Es Asia lo que ha cambiado al capitalismo?

Hay que apreciar bien la fantástica amplitud de los cambios de la economía globalizada y la estrecha interdependencia de sus componentes. El cambio fue emprendido después de la crisis asiática de 1997. Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, la idea de un capitalismo dominado por Occidente prevalecía. La mundialización se veía como una protección del capitalismo occidental. Los países desarrollados exportaban sus capitales a las economías emergentes y las conminaban a abrirse, a liberalizarse y a realizar políticas conformes a los intereses de los inversores: rigor presupuestario y lucha contra la inflación. El liberalismo era el modelo único, y se imponía bajo el nombre de "consenso de Washington".

Endeudados en dólares, los países asiáticos cobraron consciencia en ese momento de que su desarrollo era completamente dependiente de los países desarrollados. Reorientaron totalmente sus políticas. Para dejar de ser importadores de capitales, organizaron sus economías en torno a la exportación, y para asegurar su competitividad, devaluaron sus monedas. Con lo que frenaron su demanda interna y se convirtieron en países excedentarios. Devolvieron sus deudas y ganaron su independencia frente al FMI y a sus exigencias. Eso ha tenido dos consecuencias a escala mundial: una inversión de los movimientos de capitales y una presión inmensa sobre los precios de los productos y sobre los salarios.

¿Asia se ha afirmado con un modelo distinto del modelo americano?

Esa autonomía política que han ganado se observa también en el corazón mismo del capitalismo: en la empresa. El modelo anglosajón se difunde por la Europa continental. Francia abandona sus "núcleos duros" de accionistas estables y Alemania rompe el vínculo entre la banca y la industria; hoy, el CAC 40 [Cotation Assistée en Continu: toma su nombre del primer sistema de automatización de la Bolsa de París y es un índice bursátil francés; N.T.] está en manos, mayoritariamente, de capitales extranjeros. En Asia, al revés, un capitalismo de Estado, a la asiática, se refuerza.

¿Japón mostró la vía de una economía volcada a la exportación?

Sí y no. El avance japonés se construyó sobre el mercado interior. Las exportaciones se diversificaron al final de procesos de equipamiento de filiales de producción. China es el pivote de una integración asiática. Es el taller industrial del mundo que recibe las materias primas de Australia, los bienes de equipo de Corea, de Taiwán y de Japón y los servicios financieros de Hongkong y de Singapur. Diez años después de sus crisis, Asia se ha convertido en un polo ineludible del capitalismo globalizado.

¿Y qué será de Europa?

El mundo está polarizado por la relación entre los EEUU y el grupo de países emergentes, entre ellos China. Esa relación es de colusión tácita y de rivalidad latente a causa de la inversión de los movimientos de capitales y de la deuda americana. La necesidad de un reequilibramiento ordenado se hará sentir tarde o temprano: en EEUU, con un restablecimiento de la tasa de ahorro; en Asia, con un reajuste de las tasas de cambio y el crecimiento de las demandas internas. Europa, a falta de una política monetaria exterior, se verá muy perjudicada si el reequilibrio se traduce sólo en una presión sobre el euro, ya sobrevaluado. Son las monedas asiáticas las que tienen que revaluarse. Por consiguiente, el error en Europa es separar las políticas macro de las políticas micro. Urge su conexión para definir dinamismos industriales y sostener las innovaciones con políticas de crecimiento.

Michel Aglietta es profesor de economía en la Universidad de Nanterre y asesor científico del Centre d’études prospectives et d’informations internationales.

Tradución para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench



Resposta a l'article
La burbuja estallará de manera irremediable
21 de setembre de 2007, per  Gaston Pardo

Mientras el diario globalizador El País, de España, se refiere, al fin, a un riesgo de recesión en Estados Unidos como consecuencia de las caídas en todas las bolsas, la economista mexicana Marivilia Carrasco se suma a quienes opinan que el final de la economía especulativa está a la vuelta de la esquina y lamenta que en su país no exista la clase política adecuada para afrontar y plantear alternativas a la crisis sistémica que se avecina.

Mientras tanto, la revista norteamericana Executive Intelligence Review analiza la gravedad de la situación, que en México pasará por una devaluación monetaria inminente.

Los recursos humanos confiables para sortear la crisis son escasos.

En su número del 21 de junio del 2002, Executive Intelligence Review (EIR) publicó un amplio artículo firmado por Richard Freeman titulado "Fannie y Freddie fueron prestamistas: La burbuja de bienes raíces de EU cerca de su fin", en el que, con una sólida documentación, se sustentan afirmaciones como que "el sistema financiero de los E.U. es ahora dependiente en un grado sin precedentes de un soporte: la más grande burbuja de bienes raíces en la historia humana. . . La burbuja hipotecaria no tiene precedentes. . . A menos que se tomen medidas correctivas, el inevitable desplome y la devastación resultante destruirá a millones de familias. . . Millones de familias están gastando entre 35% y 50% de su ingreso anual en pago de hipotecas o en rentas. . . Existe una restricción física a la burbuja hipotecaria misma: estas familias están a uno o dos sueldos no percibidos, o la pérdida de un empleo, de incumplir con la hipoteca. . . En la medida que se difunda una ola de incumplimientos acumulativos en el pago de hipotecas, el mercado residencial hará implosión y destruirá billones de dólares en valores hipotecarios"

Para mediados de 2002, la burbuja hipotecaria totalizaba 12.04 billones de dólares (millones de millones, trillions en inglés) de valor de los bienes raíces representados por las casas habitación y 10.757 billones de dólares en hipotecas originales y papeles emitidos en el mercado secundario, es la mayor de tales burbujas que jamás se haya construido en la historia y se había más que se duplicado desde 1995.

Resposta almissatge:

Sin embargo, la crisis hipotecaria es tan sólo una manifestación de una crisis mayor: la de la totalidad del sistema financiero internacional que ha entrado en la fase final de su proceso de desintegración.

El sistema monetario internacional está en proceso de desintegrarse. Esto no tiene nada de misterioso; he hablado sobre el asunto durante algún tiempo, de que está en marcha, de que no está amainando. Lo que aparece como el valor de las acciones y de mercado en los mercados financieros internacionales es cero a la izquierda. Son puras creencias ficticias. No tienen nada de real; la farsa es enorme. No hay ninguna posibilidad de que el presente sistema financiero no se venga abajo, ¡ninguna! Ya se acabó. El presente sistema financiero no puede seguir existiendo bajo ninguna circunstancia bajo ningún gobierno, ni bajo ningún grupo de naciones dirigentes. Sólo un cambio fundamental y súbito del sistema monetario-financiero mundial puede impedir un derrumbe inmediato de reacción en cadena. A qué velocidad, no lo sabemos, pero su caída es imparable, y entre más dure antes de concluir peor será.

Gran parte de la liquidez que se venía utilizando para mantener el carrusel de la especulación venía del acarreo de yenes; es decir, de obtener yenes a cero interés en Japón para especular en EU o Europa. Pero el 30 de julio el Gobierno japonés perdió las elecciones, con la expectativa de que el acarreo de yenes estaba llegando a su fin. Ese mismo día se vino abajo el banco alemán Industriekreditbank (IKB), y se supo que la emisión de bonos de inversión de alta calidad casi se había desplomado. El 31 de julio, el banco de inversión Bear Stearns anunció la suspensión de los pagos a los inversionistas de otro de sus fondos especulativos, el tercero desde junio. El mismo día, Mortgage Guaranty Corporation, la principal aseguradora de préstamos hipotecarios de EU, anunció su posible insolvencia. Y, para subrayar el hecho de que es el sistema internacional y no sólo el de EU el que está desintegrándose, el fondo Oddo de Francia, con un capital de 23 mil millones de euros, anunció que estaba liquidando uno de sus fondos especulativos.

Si creyéramos a lo que difunden los medios de comunicación, esta creciente conflagración habría comenzado como una serie de incumplimientos en las hipotecas de alto riesgo, llamadas "subprime", que hizo estallar a los prestamistas de hipotecas de alto riesgo, los cuales provocaron turbulencias en el mercado de valores respaldados en hipotecas (MBS), provocando que se derrumbaran algunos acuerdos de fondos de capital privado, que se evaporaran algunos fondos de cobertura o de apuestas compensatorias (hedge funds) y, finalmente, desencadenando una crisis de crédito mayor. Todo causado por "la codicia de los propietarios de casas" en Estados Unidos que tomaron créditos y rehusaron pagarlos.

La realidad es que, durante varias décadas, la economía de Estados Unidos ha operado por debajo del nivel de quiebra en tanto la productividad se ha desplomado y los gastos generales han aumentado. Para cubrir la diferencia, se recurrió al endeudamiento a tasas aceleradas, creando cantidades gigantescas de deuda que jamás podrá ser pagada.

Utilizando una combinación de desregulación, trucos de contabilidad y esa fantasía conocida como mercados derivados, los banqueros convirtieron mágicamente ese barril sin fondo de deudas en una montaña de activos que entonces fueron usados para prestar más en contra de ellos, apalancando y especulando sobre esos mismos en un esquema de pirámide tan grande que su tamaño es casi incomprensible.

La gran pirámide

Conocida como Federal National Mortgage Association (Asociación Federal Nacional Hipotecaria), Fannie Mae fue creada en 1938 como parte de la política del New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt. Su función fue proveer liquidez al mercado hipotecario. Después de que una institución de préstamo hipotecario originaba una hipoteca -digamos de 50,000 dólares-Fannie Mae compraba esa hipoteca a la institución que la originaba por el mismo monto y conservaba la hipoteca hasta su vencimiento. La institución originadora de la hipoteca ahora contaba con los 50 mil dólares obtenidos por la venta de la hipoteca a Fannie Mae y con ese dinero podía hacer un segundo préstamo hipotecario. Fannie Mae podía comprar ese segundo préstamo hipotecario a la institución hipotecaria prestamista. Repitiendo este proceso, Fannie Mae inyectaba liquidez al mercado hipotecario, posibilitando que las instituciones de préstamos hipotecarios aumentaran el número de préstamos que podían hacer.

Para obtener los recursos con los cuales comprar las hipotecas a las instituciones originadoras de los préstamos, Fannie Mae emitía bonos (que son una forma de deuda). El proceso funcionaba en la medida en que Fannie Mae ejecutaba esas operaciones que facilitaban a las instituciones de préstamos hipotecarios originar nuevos préstamos con los que los usuarios del crédito compraban casas a precios accesibles no especulativos. Conocida como Federal Home Mortgage Loan Corporation (Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios), Freddie Mac fue creada en 1970 para realizar una función similar a la de Fannie Mae.

Pero al comenzar la década de los ochenta, Wall Street empezó a transformar las funciones de esas dos grandes corporaciones hipotecarias. Wall Street quería una burbuja hipotecaria, y Fannie y Freddie fueron transformadas para ser grandes suministradores de fondos para esa burbuja. Los altos precios de las casas sólo se podían fincar si se creaba un volumen suficiente de hipotecas para financiar la compra de casas a precios inflados, incluyendo a personas que no podían darse ese lujo.

Para alimentar el mecanismo, ambas corporaciones acudieron al mercado secundario con "instrumentos financieros innovadores" que desde el punto de vista contable parecieran ingeniosos, pero que aumentaban el riesgo. Uno de esos nuevos instrumentos fueron los títulos con respaldo en hipotecas (MBS): Fannie y Freddie "empaquetaban" un paquete de hipotecas y las vendían a los inversionistas. Ambas corporaciones añadían una garantía a la MBS, por la cual cobraban una comisión con la que aumentaban sus ganancias. A cambio, Fannie y Freddie prometían, en caso de incumplimiento de la MBS, pagar el principal y los intereses en su totalidad y puntualmente. Esto aumentó sus obligaciones.

En el transcurso de dos décadas (hasta 2002), Fannie y Freddie construyeron a gran escala tres tipos de obligaciones 1) los bonos (deuda) que emitían; 2) las MBS que garantizaban; y 3) los derivados financieros que vendían.

Bajo tal transformación del mercado hipotecario en esas dos décadas, tales obligaciones se tornaron altamente arriesgadas. Con las cifras que se tenían disponibles en junio de 2002, Fannie y Freddie tenían entonces (tomando en conjunto las tres categorías de obligaciones) 4.89 billones de obligaciones pendientes de alto riesgo. Otras instituciones que ejecutaron funciones similares, como el Federal Home Loan Bank Board (Consejo Federal de Bancos Hipotecarios) poseían entonces 8 billones adicionales de obligaciones riesgosas.

Uno de los esquemas que los banqueros utilizaron para mantener funcionando el juego fue el escalamiento deliberado de los precios de los bienes raíces. Al aumentar el "valor" de los bienes raíces se creaban «activos» contra los cuales se podía prestar y especular. El mecanismo utilizado fue la creación de un mercado secundario de valores respaldados en hipotecas (MBS). Para alimentar la creciente burbuja de deudas creada por los bancos, el sistema hipotecario fue convertido en una fábrica de hipotecas. El propósito real no era vender casas, sino vender hipotecas en el mayor número y el mayor monto posibles para alimentar la burbuja. De tal manera el "mercado hipotecario" se convirtió en una clásica pirámide donde cosechar deudas. El llamado "mercado hipotecario subprime" de altísimo riesgo fue creado por los banqueros para mantener el flujo de dinero hacia la burbuja, y sus víctimas reales fueron las personas inducidas a pagar precios artificialmente elevados.

Este esquema de cosechar deudas produjo un gran flujo de dinero para los bancos y el sistema financiero como un todo, desde las hipotecas originales, a los valores respaldados en hipotecas y las aún más demenciales obligaciones de deuda colateralizadas (CDO, por sus siglas en inglés) y "activos financieros" similares, los cuales podían ser vendidos, revendidos, y usados como colaterales para más préstamos, creando decenas y quizá cientos de billones de dólares en "riqueza" extraída de evaluaciones falsas de bienes raíces.

Obviamente, tal esquema no podía prolongar su existencia en tanto que, en algún punto, el precio de las casas debía sobrepasar la capacidad del público de pagar por ellas, que fue lo que sucedió. Las principales oleadas de incumplimientos han ocurrido principalmente en el Medio Oeste, que ha sido devastado por el desplome de la industria, y en lugares como California y Florida, donde la especulación con bienes raíces ha sido salvaje. Con la reducción del flujo de dinero nuevo de las hipotecas, empezó a declinar la emisión de valores con respaldo hipotecario.

Aún más desastroso, desde el punto de vista de los banqueros fue que los precios de las casas empezaron a caer en muchas áreas, arrojando a toda la burbuja apalancada en hipotecas en un proceso de apalancamiento inverso: de la misma manera en que había sido inflada la burbuja, empezó a desinflarse pero a una velocidad muchísimo mayor.

El problema es sistémico
21 de setembre de 2007, per  Gaston Pardo

Sin embargo, la crisis hipotecaria es tan sólo una manifestación de una crisis mayor: la de la totalidad del sistema financiero internacional que ha entrado en la fase final de su proceso de desintegración.

El sistema monetario internacional está en proceso de desintegrarse. Esto no tiene nada de misterioso; he hablado sobre el asunto durante algún tiempo, de que está en marcha, de que no está amainando. Lo que aparece como el valor de las acciones y de mercado en los mercados financieros internacionales es cero a la izquierda. Son puras creencias ficticias. No tienen nada de real; la farsa es enorme. No hay ninguna posibilidad de que el presente sistema financiero no se venga abajo, ¡ninguna! Ya se acabó. El presente sistema financiero no puede seguir existiendo bajo ninguna circunstancia bajo ningún gobierno, ni bajo ningún grupo de naciones dirigentes. Sólo un cambio fundamental y súbito del sistema monetario-financiero mundial puede impedir un derrumbe inmediato de reacción en cadena. A qué velocidad, no lo sabemos, pero su caída es imparable, y entre más dure antes de concluir peor será.

Gran parte de la liquidez que se venía utilizando para mantener el carrusel de la especulación venía del acarreo de yenes; es decir, de obtener yenes a cero interés en Japón para especular en EU o Europa. Pero el 30 de julio el Gobierno japonés perdió las elecciones, con la expectativa de que el acarreo de yenes estaba llegando a su fin. Ese mismo día se vino abajo el banco alemán Industriekreditbank (IKB), y se supo que la emisión de bonos de inversión de alta calidad casi se había desplomado. El 31 de julio, el banco de inversión Bear Stearns anunció la suspensión de los pagos a los inversionistas de otro de sus fondos especulativos, el tercero desde junio. El mismo día, Mortgage Guaranty Corporation, la principal aseguradora de préstamos hipotecarios de EU, anunció su posible insolvencia. Y, para subrayar el hecho de que es el sistema internacional y no sólo el de EU el que está desintegrándose, el fondo Oddo de Francia, con un capital de 23 mil millones de euros, anunció que estaba liquidando uno de sus fondos especulativos.

Si creyéramos a lo que difunden los medios de comunicación, esta creciente conflagración habría comenzado como una serie de incumplimientos en las hipotecas de alto riesgo, llamadas "subprime", que hizo estallar a los prestamistas de hipotecas de alto riesgo, los cuales provocaron turbulencias en el mercado de valores respaldados en hipotecas (MBS), provocando que se derrumbaran algunos acuerdos de fondos de capital privado, que se evaporaran algunos fondos de cobertura o de apuestas compensatorias (hedge funds) y, finalmente, desencadenando una crisis de crédito mayor. Todo causado por "la codicia de los propietarios de casas" en Estados Unidos que tomaron créditos y rehusaron pagarlos.

La realidad es que, durante varias décadas, la economía de Estados Unidos ha operado por debajo del nivel de quiebra en tanto la productividad se ha desplomado y los gastos generales han aumentado. Para cubrir la diferencia, se recurrió al endeudamiento a tasas aceleradas, creando cantidades gigantescas de deuda que jamás podrá ser pagada.

Utilizando una combinación de desregulación, trucos de contabilidad y esa fantasía conocida como mercados derivados, los banqueros convirtieron mágicamente ese barril sin fondo de deudas en una montaña de activos que entonces fueron usados para prestar más en contra de ellos, apalancando y especulando sobre esos mismos en un esquema de pirámide tan grande que su tamaño es casi incomprensible.

La gran pirámide

Conocida como Federal National Mortgage Association (Asociación Federal Nacional Hipotecaria), Fannie Mae fue creada en 1938 como parte de la política del New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt. Su función fue proveer liquidez al mercado hipotecario. Después de que una institución de préstamo hipotecario originaba una hipoteca -digamos de 50,000 dólares-Fannie Mae compraba esa hipoteca a la institución que la originaba por el mismo monto y conservaba la hipoteca hasta su vencimiento. La institución originadora de la hipoteca ahora contaba con los 50 mil dólares obtenidos por la venta de la hipoteca a Fannie Mae y con ese dinero podía hacer un segundo préstamo hipotecario. Fannie Mae podía comprar ese segundo préstamo hipotecario a la institución hipotecaria prestamista. Repitiendo este proceso, Fannie Mae inyectaba liquidez al mercado hipotecario, posibilitando que las instituciones de préstamos hipotecarios aumentaran el número de préstamos que podían hacer.

Para obtener los recursos con los cuales comprar las hipotecas a las instituciones originadoras de los préstamos, Fannie Mae emitía bonos (que son una forma de deuda). El proceso funcionaba en la medida en que Fannie Mae ejecutaba esas operaciones que facilitaban a las instituciones de préstamos hipotecarios originar nuevos préstamos con los que los usuarios del crédito compraban casas a precios accesibles no especulativos. Conocida como Federal Home Mortgage Loan Corporation (Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios), Freddie Mac fue creada en 1970 para realizar una función similar a la de Fannie Mae.

Pero al comenzar la década de los ochenta, Wall Street empezó a transformar las funciones de esas dos grandes corporaciones hipotecarias. Wall Street quería una burbuja hipotecaria, y Fannie y Freddie fueron transformadas para ser grandes suministradores de fondos para esa burbuja. Los altos precios de las casas sólo se podían fincar si se creaba un volumen suficiente de hipotecas para financiar la compra de casas a precios inflados, incluyendo a personas que no podían darse ese lujo.

Para alimentar el mecanismo, ambas corporaciones acudieron al mercado secundario con "instrumentos financieros innovadores" que desde el punto de vista contable parecieran ingeniosos, pero que aumentaban el riesgo. Uno de esos nuevos instrumentos fueron los títulos con respaldo en hipotecas (MBS): Fannie y Freddie "empaquetaban" un paquete de hipotecas y las vendían a los inversionistas. Ambas corporaciones añadían una garantía a la MBS, por la cual cobraban una comisión con la que aumentaban sus ganancias. A cambio, Fannie y Freddie prometían, en caso de incumplimiento de la MBS, pagar el principal y los intereses en su totalidad y puntualmente. Esto aumentó sus obligaciones.

En el transcurso de dos décadas (hasta 2002), Fannie y Freddie construyeron a gran escala tres tipos de obligaciones 1) los bonos (deuda) que emitían; 2) las MBS que garantizaban; y 3) los derivados financieros que vendían.

Bajo tal transformación del mercado hipotecario en esas dos décadas, tales obligaciones se tornaron altamente arriesgadas. Con las cifras que se tenían disponibles en junio de 2002, Fannie y Freddie tenían entonces (tomando en conjunto las tres categorías de obligaciones) 4.89 billones de obligaciones pendientes de alto riesgo. Otras instituciones que ejecutaron funciones similares, como el Federal Home Loan Bank Board (Consejo Federal de Bancos Hipotecarios) poseían entonces 8 billones adicionales de obligaciones riesgosas.

Uno de los esquemas que los banqueros utilizaron para mantener funcionando el juego fue el escalamiento deliberado de los precios de los bienes raíces. Al aumentar el "valor" de los bienes raíces se creaban «activos» contra los cuales se podía prestar y especular. El mecanismo utilizado fue la creación de un mercado secundario de valores respaldados en hipotecas (MBS). Para alimentar la creciente burbuja de deudas creada por los bancos, el sistema hipotecario fue convertido en una fábrica de hipotecas. El propósito real no era vender casas, sino vender hipotecas en el mayor número y el mayor monto posibles para alimentar la burbuja. De tal manera el "mercado hipotecario" se convirtió en una clásica pirámide donde cosechar deudas. El llamado "mercado hipotecario subprime" de altísimo riesgo fue creado por los banqueros para mantener el flujo de dinero hacia la burbuja, y sus víctimas reales fueron las personas inducidas a pagar precios artificialmente elevados.

Este esquema de cosechar deudas produjo un gran flujo de dinero para los bancos y el sistema financiero como un todo, desde las hipotecas originales, a los valores respaldados en hipotecas y las aún más demenciales obligaciones de deuda colateralizadas (CDO, por sus siglas en inglés) y "activos financieros" similares, los cuales podían ser vendidos, revendidos, y usados como colaterales para más préstamos, creando decenas y quizá cientos de billones de dólares en "riqueza" extraída de evaluaciones falsas de bienes raíces.

Obviamente, tal esquema no podía prolongar su existencia en tanto que, en algún punto, el precio de las casas debía sobrepasar la capacidad del público de pagar por ellas, que fue lo que sucedió. Las principales oleadas de incumplimientos han ocurrido principalmente en el Medio Oeste, que ha sido devastado por el desplome de la industria, y en lugares como California y Florida, donde la especulación con bienes raíces ha sido salvaje. Con la reducción del flujo de dinero nuevo de las hipotecas, empezó a declinar la emisión de valores con respaldo hipotecario.

Aún más desastroso, desde el punto de vista de los banqueros fue que los precios de las casas empezaron a caer en muchas áreas, arrojando a toda la burbuja apalancada en hipotecas en un proceso de apalancamiento inverso: de la misma manera en que había sido inflada la burbuja, empezó a desinflarse pero a una velocidad muchísimo mayor.

 
3 d'abril
Villares, R. - Bahamonde , A. El Capital en su contexto, El mundo contemporáneo. Siglos XIX Y XX (audiolibro mp3) 25 enero, 2013
capítulo a capítulo, del libro de los profesores Ramón Villares y Angel Bahamonde, El mundo contemporáneo. Siglos XIX Y XX (Editorial Taurus, Madrid, 2009). (...)

3 d'abril
Una aproximación a la teoría laboral del valor (valor-trabajo)
Jorge Negro Asensio Audio: https://youtu.be/zwE4rX-goXU https://www.youtube.com/watch?v=q_oS-yd8Y0w texto: https://drive.google.com/file/d/0B93D...

8 de març

concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"