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dimarts 11 de setembre de 2007
Los salarios en España
Vicenç Navarro

El último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) (Employment Outlook, 2007) sobre la situación de la población empleada, que incluye los países económicamente más desarrollados del mundo, indica que España es, de los 27 países, el único que ha tenido durante el periodo 1995-2005 un descenso del salario promedio. Mientras que en el conjunto de estos países los salarios tenían un crecimiento anual del 1,8% durante el periodo 1995-2005 y del 0,7% entre los años 2000 y 2005, en España descendieron una media anual de -0,5% durante el primer periodo y de -0,3% en el segundo.

La respuesta ante estos datos por parte de círculos económicos y financieros españoles, y por economistas del Gobierno español, como Pedro Solbes, ministro de Economía (véase EL PAÍS del pasado 22 de julio), ha sido restar importancia a tales datos y señalar que estos trabajos de salarios bajos los realizan personas que antes no trabajaban. Es mejor trabajar (aun cuando sea con un salario bajo) que estar sin salario. Encuentro esta respuesta excesivamente complaciente y altamente preocupante, puesto que el hecho de que el salario promedio descienda quiere decir que en España se están creando más puestos de trabajo bajos (el 70% de los nuevos) que puestos de trabajo con salarios medios y altos. De seguir esta tendencia, los salarios bajos serán los dominantes.

Otro motivo de preocupación es que aquella argumentación parece aceptar el principio de que la única manera de crear empleo es bajando los salarios. Esta postura, ampliamente aceptada por la patronal española, es empíricamente errónea. El informe de la OCDE citado señala que Noruega y Suecia tienen mayores tasas de creación de empleo (3,2% y 2%) que EE UU (1,9%) y los salarios de los puestos de trabajo creados en aquellos países son mayores que en EEUU. Otra dimensión preocupante de aquella respuesta es que ignora que esta caída del salario promedio se debe no sólo al elevado crecimiento de puestos de trabajo con salarios bajos, mayor que el de salarios medios y altos, sino también a la disminución de los trabajos bien remunerados así como a la reducción de la tasa de crecimiento de aquéllos.

Este descenso de la tasa de crecimiento de salarios medios y altos y el gran incremento de los bajos explica la disminución de las rentas del trabajo en la contabilidad nacional (y ello a pesar de que el número de trabajadores haya aumentado considerablemente pasando de representar el 48% de la población de 15 a 64 años en 1995 al 63% de la población en 2005), disminución que coincide con un gran crecimiento de las rentas empresariales. En realidad, la exuberancia de los beneficios empresariales se basa, en parte, en la gran moderación salarial.

Entre 1999 y 2006, las empresas españolas han visto aumentar sus beneficios netos en un 73%, más del doble que la media de la UE-15 (33,2%) o de la zona euro (36,6%), mientras que los costes laborales en España han aumentado durante este mismo periodo el 3,7%, cinco veces menos que en la UE-15 (18,2%). Algunas de las empresas que han tenido mayores beneficios, como son las de la construcción, se caracterizan por tener salarios bajos. El análisis comparativo de la industria de la construcción en la UE muestra que los salarios en este sector son más bajos (en términos relativos al salario medio) en España que en el promedio de la UE-15, y en cambio los beneficios empresariales son más altos que el promedio. La elevada oferta de personas, facilitada por la gran entrada de inmigrantes, en un mercado de trabajo muy poco regulado explica que en España los salarios sean bajos al igual que la productividad. El empresario, frente a la abundancia de personas que quieren trabajar, no siente la necesidad de invertir y aumentar la productividad de sus puestos de trabajo. No es, pues, como constantemente se indica, que la abundancia de puestos de trabajo de baja productividad determina los salarios bajos, sino al revés, la existencia de grandes sectores de la población forzados a tener salarios bajos es lo que determina la baja productividad.

Algunos autores han explicado los bajos salarios como resultado de la globalización en la que los productos de China y de India, por ejemplo, están forzando una elevada competitividad que fuerza a la baja los salarios de los países desarrollados. Sin desmerecer la importancia de tal hecho, los datos muestran que los países escandinavos, que están más globalizados, tienen también los salarios más altos. No es la globalización en sí, sino cómo el Estado responde a la globalización lo que explica que los salarios sean altos, medianos o bajos. En los países escandinavos, los mercados de trabajo están altamente regulados y no se permite el desarrollo de sectores de salarios bajos (el nuevo Gobierno conservador-liberal sueco, sin embargo, está intentando crearlo), causa de que su productividad sea alta. Son los países con alto intervencionismo estatal, en donde el Estado, a través de un elevado gasto público, ofrece una elevada seguridad social que facilita la flexibilidad laboral y la adaptación de la fuerza laboral a los retos de la globalización.

Esta no es la vía escogida en España. En realidad, el ministro de Economía y Hacienda del Gobierno español, Solbes, responsable de las políticas económicas del Gobierno socialista, en la misma entrevista en EL PAÍS (véase 22 de julio de 2007) en la que saludaba el gran crecimiento de salarios bajos, añadía que la política de la cual él estaba más orgulloso es precisamente "la de no haber aumentado el gasto público". Y ello en el país de la UE-15 que tiene un gasto público menor (España, 38% del PIB; UE-15, 47,4%; Suecia, 56,5%). Creo que esto es un error. La causa de la baja productividad y competitividad española se basa precisamente en la gran insuficiencia de tal gasto público en infraestructuras, en capital humano y social, y en protección social.

Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra.

Publicado en El País, 11 septiembre 2007



Resposta a l'article
Los salarios españoles pierden poder adquisitivo desde 1995
17 de setembre de 2007

Los salarios pactados inicialmente en los convenios colectivos crecieron el 3% en 2005, tasa igual a la de 2004. Si se tiene en cuenta la aplicación de las cláusulas de revisión o salvaguarda salarial, al superar la inflación de diciembre de 2005 sobre diciembre de 2004 (3,7%) la inicialmente prevista (2%), el incremento de los salarios finalmente acordados alcanzaría el 4%, ya que la aplicación de dichas cláusulas supuso un incremento adicional al inicialmente previsto de un punto porcentual.

Ahora bien, los salarios brutos por trabajador efectivamente percibidos, estimados por la Encuesta Trimestral de Costes Laborales, elaborada por el INE, registraron en 2005 un incremento notablemente inferior, el 2,6%. Esta cifra supone una desaceleración de los salarios de dos décimas respecto a 2004, y contrasta con la aceleración de cuatro décimas de los salarios finalmente pactados en los convenios.

Este crecimiento del salario bruto de los sectores privados no agrarios (ya que excluye la agricultura y las Administraciones públicas, aunque no las empresas públicas) supone una importante pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, puesto que la inflación, medida por el aumento del IPC, se situó en el 3,4% en el promedio de 2005 y en el 3,7% en tasa interanual en diciembre de ese año.

Por otra parte, si se comparan las tasas de variación del salario bruto y del salario finalmente pactado, la diferencia entre ambas tasas, lo que se conoce como deriva o deslizamiento salarial, tiene un valor negativo, al ser inferior el incremento del coste salarial por trabajador (2,6%) al del salario pactado (4%).

El significado de valor negativo de las derivas salariales, algo que viene ocurriendo en casi todos los años desde 1995, y que confirma el carácter anticíclico que tiene dicha magnitud en la economía española (aumenta en las recesiones y disminuye en las expansiones hasta llegar, incluso, a convertirse en negativa) se explica, porque en los últimos años de fuerte crecimiento del empleo éste se concentra en la contratación de trabajadores de salario inferior al medio, como los jóvenes, mujeres o inmigrantes, muchos de ellos con contrato temporal. Si, además del salario bruto o coste salarial por trabajador, se tienen en cuenta los otros costes laborales no salariales, como las cotizaciones obligatorias a la Seguridad Social o los pagos no salariales a los trabajadores, que incluyen los complementos a las prestaciones sociales a cargo de las empresas y las indemnizaciones por despido -y que aumentan en 2005 el 3,6%, tasa igual a la del año previo-, el incremento total de los costes laborales por trabajador estimado por la Encuesta Trimestral de Costes laborales, ascendió en 2005 al 2,9%, una décima inferior a la de 2004.

La reducción de los costes laborales es una contribución positiva al aumento de la rentabilidad de las empresas, pero contrasta con la pérdida de poder adquisitivo de los sueldos

Por lo tanto, aunque el coste laboral por trabajador crezca tres décimas más que el salario por trabajador, por el aumento más intenso de los otros costes no salariales, persiste la moderación de dicho coste laboral, como ya ocurrió en los dos años anteriores.

La moderación del coste laboral por trabajador de la Encuesta Trimestral de Costes Laborales se confirma asimismo con la estimación de la Contabilidad Nacional de España (CNE) de un concepto equivalente, la remuneración por asalariado, que también incluye las cotizaciones a la Seguridad Social y otros pagos no salariales. En efecto, la remuneración por asalariado aumentó en 2005 el 2,1%, lo que supone una desaceleración respecto al año anterior de 1,2 puntos, mucho más intensa que la del coste laboral por trabajador de la Encuesta Trimestral. Si, en vez de considerar el total de asalariados ocupados, se considera los asalariados en términos de empleo equivalente a tiempo completo, concepto estimado por la CNE, el crecimiento de la remuneración por asalariado en 2005 se elevaría al 2,5%, ocho décimas menos que en 2004.

Por último, si se calcula el coste laboral unitario (CLU), coste laboral por unidad de producción, que es el verdaderamente significativo para el empresario y que se obtiene dividiendo la remuneración por asalariado por la productividad por ocupado -ambos conceptos medidos en términos de empleo equivalente a tiempo completo-, el incremento en 2005 se situó en el 2,3%, inferior en cinco décimas al de 2004. Como, además, el deflactor del PIB, aumentó en 2005 el 4,4%, el coste laboral unitario real se redujo el 2%, lo que supone, como ya venía ocurriendo en años anteriores, una contribución positiva de los costes laborales al aumento de la rentabilidad de las empresas, que contrasta con la ya señalada pérdida para los trabajadores del poder adquisitivo de los salarios.

Resposta almissatge: Fácil de entender: los salarios se reducen, los beneficios empresariales aumentan. Ahí está el origen de las magras ganancias empresariales de todos estos años, en el aumento de la explotación de los trabajadores. Y lo dice, con el lenguaje al uso, un experto de la economía burguesa. A eso conduce la política sindical de los Méndez y Fidalgo.
Los salarios españoles pierden poder adquisitivo desde 1995
17 de setembre de 2007
Fácil de entender: los salarios se reducen, los beneficios empresariales aumentan. Ahí está el origen de las magras ganancias empresariales de todos estos años, en el aumento de la explotación de los trabajadores. Y lo dice, con el lenguaje al uso, un experto de la economía burguesa. A eso conduce la política sindical de los Méndez y Fidalgo.

 
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