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diumenge 4 de novembre de 2007
Bomberos privados de California protegen viviendas de clientes con sustancia ignífuga y dejan arder el resto
Respuesta ante los desastres para los elegidos
Naomi Klein, publicado en La Jornada

Antes, me preocupaba porque Estados Unidos estaba controlado por extremistas que sinceramente creían que se acercaba el Apocalipsis y que ellos y sus amigos serían aerotransportados a una celestial seguridad. Ya cambié de opinión. El país sí está bajo el control de extremistas empeñados en representar el clímax bíblico -la salvación de los elegidos y la quema de las masas-, pero sin una intervención divina. El cielo puede esperar. Gracias a los prósperos negocios de los privatizados servicios contra desastres, obtenemos el Éxtasis aquí en la Tierra.

Miren que lo pasa en el sur de California. Mientras los incendios devoraban franjas enteras de la región, algunas casas en el corazón del infierno permanecían intactas, como si las salvara un poder superior. Pero no era la mano de Dios; en varios casos fue obra de Firebreak Spray Systems. Firebreak es un servicio especial ofrecido a los clientes del gigante de seguros American Internacional Group, pero sólo si viven en los códigos postales con la población más rica del país. Los miembros del Grupo de Clientes Privados de la compañía pagan un promedio de 19 mil dólares para que rocíen sus hogares con una sustancia antinflamable. Durante los incendios, las “unidades móviles” -que van de un lugar a otro en camiones de bomberos rojos- en ocasiones llegaron a extinguir incendios para sus clientes.

Un consumidor describió una escena de la moderna Revelación. “Imagínese. Ahí está usted, en ese feroz incendio. Hay humo por todas partes. Hay llamas por todas partes. Las columnas de humo ascienden detrás de las montañas”, dijo a Los Angeles Times. “Llega un par de tipos en lo que parece ser un camión de bomberos, expertos entrenados para combatir el incendio y están ahí para proteger tu hogar”.

Y sólo tu hogar. “Hubo algunos casos”, le dijo uno de los bomberos privados a Bloomberg News, “en los que mientras rociábamos (una casa), la del vecino se prendía como una vela”. Debido a que los departamentos públicos contra incendios fueron reducidos a su mínimo, lejos quedaron los días de la Respuesta Rápida, cuando todos tenían derecho a la misma protección. Ahora, los desastres naturales, cada vez más intensos, serán enfrentados con un nuevo modelo: la Respuesta Éxtasis.

Durante la temporada de huracanes del año pasado, se les ofreció a los dueños de hogares en Florida una costosa salvación similar, a través de HelpJet, una agencia de viajes fundada bajo la promesa de transformar “una evacuación de huracán en unas vacaciones de jet-setter”. A cambio de una cuota anual, un conserje de la compañía se hacía cargo de todo: transportación a la terminal aérea, viaje de lujo, reservaciones en hoteles de cinco estrellas. Sobre todo, HelpJet representa una puerta de escape frente a los fracasos gubernamentales, como el de Katrina. “No tiene que hacer cola, no tiene que lidiar con muchedumbres, solo viva una experiencia de primera clase”.

HelpJet está a punto de enfrentar la competencia de jugadores mucho mayores. Al norte de Michigan, durante la misma semana en la que los fuegos californianos ardían, la comunidad rural de Pellston estaba en medio de un intenso debate público. El pueblo está a punto de convertirse en la sede del primer centro nacional de respuesta ante desastres completamente privatizado.

El plan fue idea de Sovereign Deed, una nueva y poco conocida compañía, vinculada con la empresa mercenaria Triple Canopy. Al igual que HelpJet, Sovereign Deed trabaja bajo un “cuota de membresía tipo club campestre”, según el vicepresidente de la compañía, el jubilado general brigadier Richard Mills. A cambio de una cuota única de 50 mil dólares, seguida de pagos anuales de 15 mil dólares, los miembros reciben “servicios integrales de respuesta ante catástrofes”, en caso de que su ciudad sea víctima de un desastre ocasionado por el hombre, que podría “causar severas amenazas a la salud pública y/o a su bienestar” (léase: un ataque terrorista), un brote de una enfermedad o un desastre natural. La membresía básica incluye acceso a medicina, agua y comida, mientras que aquellos que paguen “servicios de lujo escalonados” podrán contar con misiones de rescate VIP.

Así como muchas otras compañías privadas contra desastres, Sovereign Deed vende un escape del cambio climático y del fracaso del Estado a través de presumir los niveles de acceso y las conexiones que sus ejecutivos amasaron mientras trabajaban para ese mismo Estado. Recientemente, en Pellston, Mills explicó: “La realidad de la FEMA (Agencia Federal de Manejo de Emergencias) es que no tiene infraestructura, y buena parte de nuestra Guardia Nacional está en otro lado”. Sovereign Deed, por otra parte, asegura que tiene “acceso directo y arreglos especiales con varios centros de información nacionales e internacionales. Estos arreglos exclusivos permitieron que nuestro Centro de Operaciones de Emergencia... le diera a nuestro miembros esa crucial ventaja en tiempos de crisis”. En esta versión secular del Éxtasis, la mano de Dios es innecesaria. Cuando tienes jubilados ex agentes de la CIA y ex Fuerzas Especiales elevando a los elegidos hacia la seguridad, no hay necesidad de rezar, solamente de pagar. ¿Y quién necesita una Nueva Jerusalén celestial cuando puedes tener a Pellston, con sus flexibles políticos locales y su sorprendentemente moderno aeropuerto regional?

Pronto, Sovereign Deed podría estar compitiendo con Blackwater USA, cuyo presidente ejecutivo, Eric Prince, recientemente escribió acerca de sus planes de ofrecer servicios “integrales”, incluyendo asistencia humanitaria en casos de desastre. Cuando el fuego estalló en el condado de San Diego, cerca del sitio propuesto para la controvertida base de Blackwater West, la compañía de inmediato aprovechó la oportunidad para comprobar su pertinencia. Blackwater podría haber sido el “centro operativo táctico para los incendios en el Condado Este”, dijo el vicepresidente de la compañía, Brian Bonfiglio. “¿Se puede imaginar cuánto hubiera beneficiado si estuviésemos en operaciones?” Para presumir su capacidad, Blackwater ha estado distribuyendo los tan necesitados alimentos y cobijas a la población de Potrero, California. “Esto es algo que siempre hemos hecho”, dijo Bonfiglio. “Esto es lo que hacemos”. De hecho, lo que Blackwater hace, como los iraquíes han aprendido con dolor, es no proteger a las comunidades enteras o los países sino “proteger al principal”, y el principal viene a ser quien pagó las armas de fuego y el equipo de Blackwater.

La misma lógica de paga-para-ser-salvado gobierna a todo este nuevo sector de administración de los desastres al estilo club campestre. Hay, claro, otro principio que podría guiar nuestras respuestas colectivas en un mundo propenso a los desastres: la simple convicción de que todas las vidas tienen el mismo valor.

Para cualquiera que aún cree en esta descabellada idea, llegó la hora de, urgentemente, proteger el principio. Naomi Klein* Es autora del recién publicado libro The shockdoctrine. www.naomiklein.org. El texto fue publicado en la revista estadunidense The Nation. Traducción: Tania Molina Ramírez.



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La otra cara de la moneda del morbo neoliberal: La pobreza como espectáculo
6 de novembre de 2007, per  El Nuevo Diario/inSurGente.

un reportaje de José A. Fernández Carrasco El zoológico de los ricos,

"En su búsqueda de una experiencia “auténtica”, como si se tratara de un deporte de riesgo, circulan por los barrios más empobrecidos de las grandes ciudades. Muchas veces lo hacen en jeeps camuflados y no es extraño que los habitantes de estas zonas sientan que están en un zoológico humano. El denominado poorism convierte, de manera vergonzosa, la pobreza que sufren cada día millones de personas en un próspero negocio". Así comienza este reportaje que nos les va a dejar indiferentes.

El Favela Tour fue el punto de partida. Turistas europeos y norteamericanos visitan desde hace quince años las favelas de Río de Janeiro. Por unos 60 dólares consiguen su visita guiada con historias de robos, de narcotráfico, de policías corruptos y otras de estos lugares, donde vive un tercio de la población y donde entre 2002 y 2006 el número de niños asesinados duplicó al de niños muertos en la franja de Gaza. Pero la miseria no es un impedimento para los negocios de estas empresas. Al contrario, la han convertido en su gran baza. El ejemplo más claro es el tour por Rocinha, el barrio de barracas más grande de América Latina. Si al principio lo visitaban unas 15 personas al día, ahora cuenta con miles de turistas cada semana que se deleitan con una realidad que para ellos no es más que un espectáculo.

Lo más preocupante es que este modelo de turismo se está expandiendo. En 2005 comenzó en Buenos Aires el Villa Tour, que anima al turista a sobrevivir durante una noche en zonas conflictivas, como la villa 31. Estos servicios se promocionan también en Sudáfrica, India y México, e incluso en ciudades de países industrializados como Holanda y Estados Unidos.

Hay otras modalidades de “reality tours”: los organizados en Tailandia y Sri Lanka tras el Tsunami en 2004, o los que llevaron a muchos turistas a visitar Nueva Orleáns tras el huracán Katrina en 2005. En Sierra Leona hay viajes por zonas restringidas cuyo atractivo reside en la posibilidad de ver explosiones en directo. Y a estos se suma el llamado “turismo piquetero”: algunos jóvenes europeos permanecen durante unos días en Argentina con una familia de piqueteros para vivir las protestas.

Son las múltiples caras del turismo de pobreza que las agencias justifican como una buena forma de ayudar a estos barrios. Aseguran a los turistas que el dinero recaudado será destinado a fundaciones benéficas para proyectos sociales. En cambio, la mayoría de las veces se trata de una farsa y, cuando hay ayudas, éstas no suelen superar el 4% de los beneficios, según un estudio de la Brock University canadiense. Las fundaciones comprueban entonces que la promesa es, como mucho, el falso compromiso con el que guardar las apariencias.

Otro argumento muy defendido por los promotores del poorism es que fomenta la sensibilización respecto a la pobreza; sin embargo, uno se pregunta cómo puede hacerlo si su principal motor es la perversa curiosidad de quienes sólo buscan un espectáculo similar a los que ven día a día en televisión. Como Secret Millonaire, un reality show que la cadena británica Channel 4 emite. Cinco millonarios jugarán a vivir durante diez días en barrios marginales ingleses con el subsidio de desempleo.

El periódico inglés The Guardian publicó un reportaje muy revelador sobre el poorism en Nueva Delhi. “Aquí es donde viven los niños de la calle”, explicaba una guía a los turistas mientras sonreía. “No sé por qué la gente viene y nos mira”, se preguntaba Babloo, de unos diez años, poco después.

La pobreza es el resultado de un sistema injusto del que somos partícipes y, por tanto, responsables. Todos deberíamos luchar contra ella y, del mismo modo, nadie debería sentirse tan ajeno como para ser un simple mirón y contemplarla sin inmutarse. El turismo es una forma de conocer lugares, personas y culturas, pero no puede ser otro medio más para perpetuar la pobreza. Y menos aún un turismo tan perverso que no respeta ni la dignidad de quienes la sufren.

 
7 de juny
Mano Negra & Manu Chao - Sidi Hbibi (Live) Bayonne (France) 2008 More than a concert... in a big venue or an intimate dive, the equation is sure to be the same: Manu Chao are an explosive cocktail an explosion of joy.

concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"