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dimarts 20 de novembre de 2007
Por qué no te callas, Borbón franquista?
José Manuel Martín Medem

Rebelión

Si alguien no tiene respaldo para callar a otro en las reuniones iberoamericanas es el rey de España, que es el único jefe de Estado o de Gobierno que no ha sido elegido por sus ciudadanos. Si alguien tiene razón en sus intervenciones en la Conferencia Iberoamericana son los que acusan de fascista a Aznar y denuncian la voracidad imperialista de las empresas españolas en América Latina.

Contra Aznar es suficiente recordar su complicidad con Bush y sus paseos en el avión del jefe de la mafia que desde Miami organiza los atentados terroristas en Cuba y colaboró en sus campañas electorales. Contra el rey Juan Carlos es suficiente preguntarle por qué no le pide que se calle al monarca marroquí cada vez que manifiesta su estirpe dictatorial. Contra las transnacionales españolas sólo hay que recordarles que hacen sus negocios en América Latina gracias a la complicidad con los gobiernos que privatizaron las empresas que compraron en rebajas y con la garantía de mercados cautivos. Contra la actitud de Zapatero lo más evidente es que prefiere reconciliarse con Bush en lugar de facilitar la nueva y auténtica integración de América Latina.

¿Quién le ha dicho al borbón franquista que tiene autoridad para quitarle la palabra al presidente latinoamericano que más veces ha sido ratificado por su electorado? ¿Por qué se enmierda Zapatero defendiendo al fascista Aznar en vez de colaborar con la nueva insurgencia latinoamericana?

En las hemerotecas puede comprobarse que el gobierno de Aznar y la CEOE fueron cómplices de Estados Unidos en el golpe de Estado contra Chávez. Y puede comprobarse también que todos los grandes medios de comunicación aplaudieron aquel golpe y tuvieron que replegarse amargados cuando se produjo el restablecimiento de la legalidad.

¿Les pidió el rey de España a los golpistas venezolanos que se callaran? ¿Por qué no te callas, Juan Carlos?

http://www.rebelion.org/



Resposta a l'article
Regia metedura de pata
26 de desembre de 2007, per  Juan-Ramón Capella

La intervención del rey de España en la Cumbre latinoamericana se ajusta tan poco a los modales diplomáticos como las interrupciones de Chávez a Zapatero. Ninguno de los dos, ni Chávez ni el Rey, tenía el uso de la palabra. Zapatero, ante las interrupciones, evitó pedir a la presidenta de la reunión, la chilena Bachelet, que llamara al orden al presidente venezolano: trataba de capear un temporal del mejor modo posible. La salida de tono del rey de España merece comentario: lo veremos después.

A nadie puede extrañar que un dirigente populista como Chavez, en plena campaña para aprobar en su país unos cambios constitucionales de marcado cariz personalista, acudiera caliente a la cumbre iberoamericana: en los últimos días Aznar no se había cansado de criticarle en sus conferencias y en la prensa, con el estrepitoso antecedente de haberse aliado activamente con Bush también en el fallido golpe de estado contra Chávez y haber reconocido a su efímero líder. No se puede objetar el derecho a quejarse de Chávez, pero sí la forma prepotente en que lo hizo sin la menor consideración hacia Zapatero, a quien puso en la nada envidiable situación de tener que pedir respeto para Aznar pues de otro modo hubiera sido objeto de la furia del PP por no defender “a España”.

Pero la “España” que cuenta en este contexto tiene nombres propios: Telefónica en Argentina, Repsol en Bolivia y América Central, Unión Fenosa en Nicaragua y otros países. Quienes en la Conferencia Iberoamericana habían denunciado malas prácticas de las empresas españolas no eran pocos: los presidentes de Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Argentina, además de Venezuela. Y sobre la realidad de esas malas prácticas no nos tiene que convencer nadie: nos basta saber cómo se comporta Telefónica con nosotros, qué hacen las compañías de la luz, etc.

El rey de España tenía motivos, tanto públicos como privados, para estar nervioso. La proliferación de voces críticas con la institución de la corona en España, sobre la base de una instauración monárquica hecha por Franco y sólo legitimada mediante la actividad orquestal de los mass media, que en aras de la paz pública le ríe todas las gracias a la familia real y calla sobre sus negocios y sus intervenciones políticas, es la base, bien fundamentada, de la real inquietud. En cuanto a los motivos privados, no pueden entrar en línea de cuenta: nadie toma en consideración, para juzgar los comportamientos de los políticos si en su privacidad tienen dolor de muelas, se están separando de su pareja o cosas por el estilo. De modo que la salida de tono del rey ha de ser juzgada como lo que es: una metedura de pata en el ejercicio de sus funciones, cuando ostentaba la máxima representación simbólica del Estado.

No hay duda de que a este rey no le gusta Chávez como persona: un militarote golpista como el que le encumbró a él -aunque no sanguinario como éste-, de cultura cuartelaria, aspirante a suceder a Castro en el imaginario colectivo de la izquierda latinoamericana y, last but not least, tolerante con la inmensa corrupción de la administración que preside. Ciertamente, Chávez distribuye entre los pobres los réditos del petróleo venezolano en vez de permitir que se los lleven los ricos de su país y las compañías multinacionales. Y por eso obtiene adhesión de mucha gente de la izquierda social. En mi opinión es el candidato perfecto para morir del modo que los norteamericanos suelen reservar a los díscolos de su “patio de atrás”: el accidente aéreo. Lo cual justifica tener cierta indulgencia al menos con sus maneras.

Llama la atención el modo en que los mass media españoles han tratado la metedura de pata regia -que seguro tendrá consecuencias en Iberoamérica-: aparentar que ha sido todo lo contrario de una metedura de pata. Es la consecuencia de la irresponsabilidad legal y política de la institución de la corona. A un presidente de la República española le caerían chuzos de punta de haber actuado como lo hizo el rey, porque un presidente sería responsable. Pero no es éste el caso, y la prensa, la radio y la televisión de este país han preferido maquillar y mentir para salvar una vez más a este Jefe del Estado que tan bien se las apaña para buscarse amigos dudosos (Colón de Carvajal, Conde, De la Rosa, Armada, p.ej.) y crearse enemigos. Los mass media públicos y del empresariado, mediante diluviales cortinas de humo antichavistas, han tratado de disimular lo evidente: que el mal paso regio ha puesto muy difícil para la Jefatura del Estado español asistir sin ser zarandeada a las cumbres latinoamericanas venideras, y que además ha avivado los justificados recelos de los antiguos colonizados en relación con “la madre patria”. No se puede conseguir más con cinco palabras inoportunas e inmeditadas.

El incidente ha aclarado algo, sin embargo: que el Rey de España no es la Reina de Inglaterra.

 
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concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"