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diumenge 28 de juny de 2009
OGM
reputados chefs se unen a la campaña contra alimentos modificados genéticamente
Diario La Vanguardia
per  mrg-valencia

El debate sobre los alimentos transgénicos ha entrado en las cocinas de de los restaurantes premiados con estrellas Michelin. Una veintena de reputados cocineros catalanes han pasado a engrosar las filas de los opositores a los alimentos modificados genéticamente

Hasta ahora, los más activos contra los transgénicos eran algunas organizaciones agrarias y ecologistas, productores de alimentos ecológicos y organizaciones de cooperación internacional. Pero ahora estos chefs se han convertido en la punta de lanza de la preocupación social que suscitan los alimentos que se alteran al margen de los cruces vegetales naturales. Son el sensor gastronómico de una sociedad que quiere alimentos libres de pesticidas que conserven su olor y su sabor.

Oriol Rovira, propietario del restaurante Els Casals, en Sagàs (Berguedà), con una estrella Michelin, opina que con la llegada de los transgénicos se puede agravar la pérdida de la variedad de los alimentos. Y esa homogeneización choca con sus principios. Él tiene su propio huerto y un corral para abastecer su cocina. "A mí me gusta la variedad; tengo siete tipos de tomates diferentes. Creo que hay que conservar las razas animales; tenemos la gallina flor d’ametller o la gallina penedesenca. En Perú, disponen de centenares de variedades de patatas; y México cuenta con cientos de maíces. La variedad es una riqueza que no se puede perder", dice Oriol Rovira.

Igualmente, hace unos días, Santi Santamaria (Can Fabes, de Sant Celoni), con tres estrellas Michelin, dijo lo mismo. "El modelo de monocultivo que imponen los transgénicos supone una pérdida de diversidad y de calidad para nuestra cocina mediterránea". Asimismo, muchos otros cocineros ponen sal y pimienta al movimiento de los chefs ecológicos: Enric Millà, del restaurant El Dien, en Vallfogona de Balaguer (Noguera); Joan M. Ribas, del restaurante Melba, de Vic, o Valentí Mongay, de La Salseta, en Sitges.

El debate cobra más intensidad en un momento en que ocho países europeos han invocado la cláusula de salvaguarda y han prohibido el cultivo del maíz MON 810 (Alemania, Francia, Austria, Grecia, Hungría, Luxemburgo, Italia y Polonia) alegando un principio de precaución y la necesidad de efectuar nuevos estudios para garantizar que el maíz modificado no tiene impacto a largo plazo ni afecta al medio ambiente.

Sin embargo, en España, pese a las protestas, cada vez se siembra más maíz modificado (unas 80.000 hectáreas, de un total de 400.000), sobre todo en el valle del Ebro, para ser destinado casi íntegramente a piensos animales. El resultado es que España lidera la producción de la única planta modificada que se siembra de forma comercial en la UE: el maíz Bt MON 810, que segrega una toxina que actúa como un insecticida contra la plaga del taladro, un gusano que daña el maíz.

"El maíz modificado tiene indudable ventajas. Antes, las pérdidas de las cosechas por el taladro eran de entre un 10% y un 20%. Además, lo necesitamos porque la UE ha prohibido cientos de insecticidas. Además, si España importa colza, soja o algodón transgénico, ¿por qué no nos van a dejar usar aquí estas tecnologías?", se interroga Carlos Ferrer, secretario general de la Asociación General de Productores de Maíz.

Sin embargo, su introducción está provocando conflictos. Algunos agricultores ecológicos han denunciado que sus campos están siendo contaminados por la polinización desde campos contiguos de maíz transgénico. "Tenía 16 hectáreas de maíz ecológico y mis campos fueron contaminados, por lo que el consejo de agricultura ecológica de Aragón me retiró la certificación (pues no puede haber rastro de transgénicos). ¿De quién es la culpa? Para mí es de Monsanto, porque es imposible saber de dónde viene el polen. En unos campos tan grandes y con viento, puede venir de un kilómetro de distancia", explica Juan Carlos Simón, un agricultor de Tauste (Zaragoza) que cultiva productos ecológicos (cereales, horticultura) desde hace años, pero que dejará de sembrar maíz ecológico.

Sin embargo, las denuncias de estos agricultores quedan "en saco roto", se queja Juan Felipe Carrasco, de Greenpeace. "No hay una ley que fije la responsabilidad del contaminador. En estos casos, la Administración deja sin sello ecológico al agricultor; pero así castiga a las víctimas y no a quien causa la contaminación".

Noticia Publicada en La Vanguardia, 28/06/09

Más de 2.000 personas, según la Guardia Urbana, y 4.000, según los organizadores, participaron hoy en una manifestación contra los transgénicos convocada por la plataforma Som lo que sembrem bajo el lema Democracia, salud y buenos alimentos para reivindicar la aceptación a trámite en el Parlamento de la Iniciativa Legislativa Popular sobre transgénicos (ILP).

La plataforma protestó contra la enmienda a la totalidad de la propuesta legislativa -apoyada por 105.000 firmas- anunciada por el PSOE, el PP i CiU que, previsiblemente, evitará el debate sobre el consumo, cultivo e investigación de transgénicos tras la presentación de la iniciativa el próximo jueves en el Parlament. La portavoz de ICV-EUiA en el Parlament, Dolors Camats, afirmó que los partidos están sometidos a "fuertes presiones por parte de los que utilizan transgénicos y de los que desean una Catalunya productivista", y explicó que la falta de regulación sobre transgénicos y el incumplimiento de la normativa europea sobre etiquetaje impide una auténtica agricultura ecológica en el país.

El miembro de la comisión impulsora de la plataforma antitransgénicos, José Pàmies, aseguró que los partidos se habían comprometido hace meses a debatir la propuesta y que las enmiendas habían sido una "sorpresa" que no merecían.

Añadió que él y dos compañeros empezarán una huelga de hambre ante el Parlament y que "continuarán la lucha" hasta lograr que la propuesta popular sea debatida por las fuerzas políticas, que "ni siquiera permiten la emisión del documental coproducido por TV3 El mundo según Monsant -sobre las empresas productoras de semillas transgénicas- antes del jueves".

Según explicó Pàmies, Catalunya consume soja transgénica importada y es una de las regiones con más cultivo de maíz modificado genéticamente de Europa -30.000 hectáreas-, donde ya hay más de 100 regiones antitransgénicos. La manifestación contó con la presencia del cocinero Santi Santamaría y de entidades como Greenpeace, Unió de pagesos, Ecoconsum y Veterinarios sin fronteras, entre otras.

El cocinero, propietario de varios restaurantes con estrellas Michelín, ha cerrado este mediodía con la lectura de un manifiesto la marcha a favor de una alimentación "sin organismos genéticamente modificados".

Al llegar frente al Parlament donde ha concluído la manifestación, Santamaría, que el año pasado mantuvo una enconada polémica con Ferran Adrià por el uso de aditivos en la alta cocina, ha leído un manifiesto en el que se aboga por "la necesidad de un nuevo modelo agroalimentario basado en las producciones locales de carácter ecológico y artesano, respetuoso con el medio, las variedades y la cultura propia".

Además, en el escrito se sostiene que este tipo de alimentación debe ser "fuente principal de la salud y la soberanía alimentaria del país" y debe "retornar al payés su papel de sujeto de conocimiento clave en la alimentación de la sociedad". Los firmantes del manifiesto, que también suscriben otros cocineros como Luca Meneggatti, Jaume Sanz, Phillipe Regol o Lander Ganzo, apoyan totalmente el proceso iniciado por Som lo que Sembrem en favor de una iniciativa popular sobre transgénicos, que podría no salir adelante el próximo jueves en el Parlament si votan en contra de ella PSC, PP y CiU, como ya han anunciado.

Según los cálculos de Som lo que sembrem, unas 105.000 personas la apoyan, así como 60 municipios y cuatro comarcas catalanas. Para los miembros de la plataforma, "el Parlament debería poder debatir sobre esta propuesta y no que quedara abortada el próximo jueves".

Fuente: LA VANGUARDIA

Correlación entre consumo de carne, deforestación de bosques y selvas, cultivos transgénicos; El paradigma de la soja: Hasta hace muy pocos años, la industria ganadera utilizaba harina de huesos y restos cárnicos para elaborar los piensos para alimentar el ganado. Este tipo de pienso, efectivamente, engordaba mucho y muy rápidamente, pero resultó ser el factor determinante de la enfermedad de la vacas locas (Encefalopatía espongiforme bovina) que causó un verdadero desastre en Europa. De las vacas locas deberíamos aprender una lección que parece que todavía no hemos aprendido. No podemos desnaturalizar la alimentación a un animal herbívoro solamente porque nos interese económicamente. Por tratar como meras máquinas de producción de carne a los animales, se puso en riesgo la salud de una población en su mayoría desinformada, provocando una crisis vergonzosa que mostraba un gran desprecio por la vida. Desde entonces, los piensos proteínicos se elaboran a base de harina de soja (en su mayoría transgénica), harina de maíz o harina de pescado. Por su valor proteínico y su coste menor, la harina soja se ha convertido en la principal materia prima para la fabricación de piensos, un producto cuya demanda es altísima porque la demanda de carne es también altísima.

La soja (Glycine Max) es una leguminosa de origen asiático apreciada por su gran valor nutritivo, especialmente, por su alto contenido proteínico. Las poblaciones orientales han consumido soja desde tiempos inmemoriales y se han beneficiado de sus propiedades. El cultivo de soja es un factor muy valioso si se efectúa en el marco de un cultivo por rotación estacional, ya que fija el nitrógeno en los suelos. En cambio, el monocultivo de soja acarrea desequilibrios ecológicos si se mantiene prolongadamente.

La soja no es un invento de la manipulación genética, pero, desafortunadamente, la mayoría de soja de nuestros días ya no es aquella soja tradicional que aportaba múltiples beneficios y su cultivo tampoco sigue la rotación estacional. Las virtudes de la soja han resultado muy atractivas para las empresas de manipulación genética de semillas para poder ofrecer una solución a los productores de carne barata. Este es el por qué del desastre ecológico generado por quienes han manipulado y reinventado la soja a su conveniencia. La manipulación genética de plantas ha permitido crear una semilla de soja altamente residente a al herbicida selectivo Roundup (fabricado por la corporación Monsanto), lo cual causa una importantísima pérdida de biodiversidad y el monocultivo de esta soja en grandes extensiones de forma prolongada causa un gran desgate del suelo. Las llanuras de Estados Unidos, Brasil, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay son las grandes productoras de soja transgénica a nivel mundial. La corporación estadounidense Monsanto es la productora de la semilla, la cual tienen patentada de manera que obligan a los campesinos a pagar regalías sobre parte de la cosecha que utilicen para volver a sembrar, además de venderles el herbicida al cual es resistente.

La gran expansión de áreas destinadas al monocultivo de soja transgénica ha sido una de las principales causas de la deforestación de selva tropical. Aunque las selvas tropicales sólo ocupen el 6% del área terrestre del planeta, concentran los espacios con mayor biodiversidad y tienen más capacidad para suprimir el dióxido de carbono (CO2), por tanto, son imprescindibles para contrarrestar el efecto invernadero. La prohibición del uso de las harinas cárnicas en la elaboración de piensos ha disparado la demanda de soja. Hoy, el cultivo de la soja representa el 26% del total de la producción global. Sólo en Brasil se cultivan 52,3 millones de toneladas de soja cada año. La mayoría de esta producción se exporta a Europa y Estados Unidos para el engorde de ganado, este es el por qué de tanta producción de soja. El transporte marítimo o aéreo de soja, lógicamente, también tiene costes ambientales.

Quienes consumen hamburguesas aptas para vegetarianos elaboradas con soja, en realidad, consumen menos soja que aquellos que consumen hamburguesas de carne ya que se debe tener en cuenta el balance final. No es la soja destinada al consumo humano la que destroza las selvas, sino la soja destinada al engorde de ganado. Cada kilo de carne acumula entre cinco y diez quilos de soja y dieciséis mil litros de agua. La comercialización de soja trasngénica de peor calidad no se destina al consumo humano, sin embargo, la carne de los alimentados con soja transgénica se sirve cada día, sobretodo, en restaurantes de cadenas de comida rápida. Los efectos que la soja transgénica tratada con herbicida Roundup puede provocar sobre la salud humana todavía se mantienen en una gran incertidumbre, pero la corporación Monsanto acumula numerosas demandas de damnificados en diferentes países.



 
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