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divendres 4 de setembre de 2009
FRENTE AL CONSUMO ENERGÉTICO DISPARATADO, DIVERSAS COMUNIDADES PLANTEAN UN RITMO DE VIDA MENOS CONTAMINANTE
A la búsqueda de brotes entre el asfalto
R. Lago e I. Barcena, profesores e investigadores de la Univ. del País Vasco y activistas de Ekologistak Martxan
per  Ecologistas en Acción

La energía es un recurso esencial para la vida. Al igual que el agua o los alimentos, el acceso a la energía es un derecho humano, necesario para garantizar una alta esperanza de vida, mortalidad infantil baja, o para desarrollar nuestras capacidades humanas y sociales. De hecho, diversos indicadores del desarrollo humano mejoran a medida que aumenta el consumo energético per cápita.

A partir de esta evolución, se deduce un consumo óptimo, que se halla en torno a 1.000 o 2.000 kilovatios- hora per cápita (kWh/cap) anuales de electricidad, y una o dos toneladas equivalentes de petróleo per cápita (tep/cap) de energía total consumida. Costa Rica, Cuba, Uruguay o Argentina se sitúan en ese nivel óptimo con esperanzas de vida superiores a 75 años, por ejemplo, lo cual no se explica únicamente por la climatología o el tamaño del país. Sin embargo, el consumo eléctrico en el Estado español fue de 6.212 kWh/cap y el de energía primaria de 3,24 tep/cap en 2007 (fuentes: Red Eléctrica Española y Ministerio de Industria). Es evidente que el viajar más, últimamente en trenes de alta velocidad, no aumenta nuestra esperanza de vida, y si acaso, aumenta la probabilidad de accidente. Al igual que una persona que ingiere alimentos sin límite, nuestra sociedad crecientemente depredadora de recursos está enferma (¿el capitalismo provoca bulimia?), todo lo contrario de una sociedad desarrollada en equilibrio estable con su entorno.

Especialmente revelador resulta el escenario de ‘crisis’ desencadenado en el año en que se ha contenido el crecimiento del consumo. En un mundo finito, el crecimiento ilimitado es un suicidio. Además de sondear fuentes energéticas menos contaminantes, necesitamos explorar propuestas más generales que garanticen el acceso universal a los recursos básicos limitados.

Frente a los recursos fósiles apropiados por unas pocas empresas trasnacionales y Estados, muchas veces hemos mirado hacia las fuentes renovables basadas en la energía diaria proveniente del sol. El modelo energético solar tiene por principio que la energía complete su ciclo de vida localmente, desde su producción hasta su consumo y tratamiento de residuos. Comparativamente la energía eólica emite entre 10 y 40 veces menos CO2 que una central térmica de gas natural, y la fotovoltaica entre 5 y 15 veces menos, según la dificultad de extracción del gas y tecnología concreta.

La potencialidad de las renovables está demostrada: en 2007 se produjeron 1.476 kWh/cap de electricidad en el sistema peninsular a partir de fuentes renovables (incluyendo gran hidráulica), es decir, más de lo que se consume en Cuba por persona. Los estudios presentados por Greenpeace afirman que se podría producir toda la energía que se prevé consumir en 2050. Sin embargo, y en base a esos mismos estudios, aunque sólo se pretendiera abastecer la demanda eléctrica, las fuentes renovables ocuparían una extensión de terreno comparable a todo el terreno artificializado hasta ahora (suelo urbano, industrial, carreteras...), impacto que pone en cuestión el apelativo de ‘renovable’.

A esto se suman otros fenómenos que vamos presenciando: parques eólicos ocupando una sierra en manos de una empresa eléctrica en lugar de molinos de baja potencia instalados en tejados y propiedad de las personas residentes; extensiones de paneles solares a modo de huerta en lugar de integración en edificios; empresas fotovoltaicas que llevan su planta de producción a Asia para rebajar costes de manufactura... Éste es el caso de British Petroleum Solar, que ha cerrado recientemente sus plantas de fabricación en Sydney y Madrid. Pero el ejemplo se extiende a todo el sector, y en 2008, una de cada tres células solares se produjo en China (ver Photon International, marzo 2009). En un escenario de capitalismo globalizado, las fuentes renovables pueden adolecer de males similares a los de otros sectores, y acabar sirviendo a los intereses de una minoría.

Las fuentes renovables deben englobarse dentro de propuestas más generales de cambio de sistema (económico, productivo, transporte...). Al igual que el modelo energético solar, la biomímesis o imitación de la naturaleza, tiene por principio cerrar los ciclos localmente, no desplazando los materiales ‘demasiado lejos’, acumulando diversidad y simulando la bioquímica de la naturaleza en sus procesos productivos. Otros principios guía lanzados desde la biomímesis, o el ecofeminismo, se refieren a poner en el centro la vida y su cuidado: la relación entre tiempo, afecto y energía amorosa que las personas necesitan para atender a sus necesidades humanas reales, y las que garanticen la continuidad de la vida humana, a decir de Yayo Herrero. Desde este cambio de valores quizás fuera posible la “revolución de la suficiencia”, o vivir felices consumiendo menos, como sugiere Jorge Riechmann. Nacen intentos por el mundo, integrando gentes y actividades, con sus posibilidades y dificultades, y las incoherencias inevitables por ser hijas de nuestro tiempo. Brotes verdes entre el cemento, que un día levantarán aceras.



 
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Villares, R. - Bahamonde , A. El Capital en su contexto, El mundo contemporáneo. Siglos XIX Y XX (audiolibro mp3) 25 enero, 2013
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Una aproximación a la teoría laboral del valor (valor-trabajo)
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8 de març

concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"