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divendres 7 de gener de 2005
Porque hay que decir NO a ESTA Constitución para la Unión Europea
per  Antonio Arnau

"Hay que desmontar el Estado del bienestar y no tenemos mucho tiempo para hacerlo”. (Alfredo Sáenz, vicepresidente del Banco Santander)

Este Tratado, por el que se pretende instaurar una CONSTITUCIÓN PARA EUROPA, no responde a las expectativas de los europeístas más moderadamente progresistas: avanzar significativamente en la construcción política de una Europa más democrática que, superando su déficit original, consolidase un modelo social europeo netamente diferenciado del "anglosajón" -más "darvinista" y "desprotegido"- y, que además, supusiese un contrapeso al "unilateralismo" de la superpotencia hegemónica, en favor del Derecho Internacional y los Organismos multilaterales en las relaciones internacionales.

Ni siquiera parece que la Convención -férreamente controlada por Giscard D’Estaing- haya podido seguir las "recomendaciones" de la Comisión que, por boca de R. Prodi, les instaba a "adecuar los Tratados" (fundamentalmente económicos) que han ido construyendo el Mercado y la Moneda Común ", a los nuevos "valores de la UE" reflejados en las partes I y II con la inclusión de la "Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión"; seguramente tampoco ha conseguido "acercar a los ciudadanos", ni aumentar mucho la "transparencia" para legitimar el proyecto, a la vista de los resultados en participación de las últimas elecciones europeas...

Sería un error pensar que los ciudadanos de los Estados que componen la UE han perdido el interés por construir una ciudadanía europea, ... más bien quizás lo contrario y, simplemente, no comparten ya los valores reales -neoliberales, los del devaluado "pensamiento único"- que han servido para construir una economía de escala para la multinacionales europeas y el Euro. Quizás la ciudadanía entiende la esencia del actual proyecto de construcción europea, como contrario a las mejores tradiciones y conquistas del pensamiento europeo, las que si son los "valores" que podrían fundamentar una ciudadanía europea; como la democracia radicalmente igualitaria, la soberanía de los pueblos, el Estado de Derecho garante de la Justicia y protector y redistribuidor en favor del más débil, ... aquí y en el mundo.

Este tratado "por el que se instituye una Constitución para Europa" sería desde este punto de vista "antieuropeo"; contrario desde luego a las aspiraciones a "Otra Europa posible" y que resulta imprescindible para ese "Otro Mundo posible" por el que cada vez más voluntades trabajan y luchan, es decir, sueñan...., pero también de una gran parte de la ciudadanía europea que tampoco siente como suyo un proyecto en el que no participa, del que solo percibe como se disuelven en el economicismo, las garantías y conquistas sociales que tantas luchas costaron, que frustra sus aspiraciones (ver eurobarómetros) a un modelo social más solidario, en el que las personas y la política estén por encima del "mercado" y, sus libertades, primen sobre las de los "capitales".

Este tratado es lo contrario a lo que debe ser una Constitución para los ciudadanos y ciudadanas, para los pueblos europeos, no es la base desde la que construir una unidad política europea progresista, democrática y social. Es su negación; significa la "constitucionalización" de las políticas europeas que han sido "colaboradores necesarios" de la actual Globalización Neoliberal"; pero también de las que han ido desmantelando las insuficientes conquistas de "los estados del bienestar", privatizando las empresas públicas, precarizando los servicios y el trabajo, mercantilizando cada vez más facetas de la vida.; es la "constitucionalización" de los Tratados Intergubernamentales que desde Maastriche a Lisboa y Niza, durante los años más bajos de la contestación social, los de mayor desorientación y parálisis de las izquierdas tras la "caída del muro", los años del triunfo del "pensamiento único/cero", han ido construyendo el paraíso capitalista que, ahora, pretenden consolidar contra los cambios de orientación a que otras mayorías políticas y sociales puedan aspirar; blindar contra toda política "alternativa" a su ultraliberalismo.

Ese es el autentico valor simbólico -para nada despreciable- de constitucionalizar prolijamente los tratados anteriores, hacerlos más perdurables y prioritarios en las políticas cotidianas de los estados que componen la UE, más resistentes a las "veleidades políticas" y las "presiones sociales/ciudadanas" a que pueden verse sometidos los gobiernos nacionales, es una armadura contra toda alternativa más allá de la alternancia, bien sellada en su parte IV- 7 a la "revisión del tratado" que se nos presenta ahora, cerrado a los cambios por la necesidad de unanimidad de los 25 Estados, solo el Art. 24 permite al Consejo de ministros actuar por “mayoría cualificada” en “partes” de la parte III ... siempre que la decisión de hacerlo así ¡se tome por unanimidad!

Este “tratado por el que se instituye una Constitución para Europa” y que el próximo 20 será sometido a Referéndum consultivo, no es lo que se entiende por una Constitución al uso, un marco general de principios comunes, de Derechos con sus mecanismos de garantía, que permiten a distintos Gobiernos aplicar distintas políticas; este es un texto detallado y exhaustivo que restringe el campo de elección política al máximo, fija cosas que una ley de rango constitucional no debería fijar. Eso sin entrar ahora en su sujeto político "constituyente" los estados nación en los que reside la soberanía y, en última instancia, el poder de decisión.

No es casualidad que V. Giscard d’Estaing fuese escogido para presidir la "Convenció europea", la que decidio convocar el Consejo Europeo de Laeken (Diciembre de 2001) "a fin de hacer frente a los retos de la ampliación a 25 países", no fue fácil para Chiraq imponerlo a pesar de su desprestigio político, pero no le faltaban razones para quererlo así, d’Estaing representaba el núcleo duro de los intereses del gran capital europeo, fue el valedor de las reformás más ultraliberales que se impusieron al "mercado común europeo", y era la garantía de que "los debates" sobre el futuro europeo irían en la línea adecuada para la derecha económica europea y las multinacionales, la de consolidar los tratados que habían construido su paraíso capitalista, como marco necesario de actuación para el futuro de la UE.

No se podrá decir que no ha cumplido su cometido con el texto que presenta como Constitución Europea, sus valedores pueden estar satisfechos en sus expectativas de desmontar el Estado del Bienestar. Seguramente no ha acercado las instituciones a los ciudadanos, no la ha hecho más transparente, ni adecuado los tratados a el espíritu de la Carta de los derechos fundamentales de la Unión, ni siquiera simplificado los tratados, como pedía el “mandato de Laeken”, pero... “que importa errar lo menos, si acertó lo principal” (El alcalde de Zalamea).

Lo que "ha de durar al menos 25 años" (según Giscar d’Estaigne)

- El Neoliberalismo que machaconamente se repite en sus preceptos una y otra vez a lo largo de las 182 páginas de su parte III, las dedicadas al "mercado interior". Dice el art. III-69: "la política económica. . . se llevará a cabo de conformidad con el respeto al principio de una economía de mercado abierta y de libre competencia". Con ese fin se institucionaliza la estabilidad presupuestaria y, se excluyen, las políticas antirecesivas (Art. III-73) que impliquen déficit “excesivos” (Art. III-76), por eso también, se reafirma la independencia del Banco Central Europeo, emisor del Euro y eje del sistema, de cualquier objetivo no estrictamente monetarista -de empleo por ejemplo- y, se apuesta implícitamente, por la "desconvergencia" salarial (en salarios directos, e indirectos en prestaciones sociales) y fiscal (¡ni siquiera "colaborar" para perseguir el fraude es política de la unión!). La mesa del "dumping" y la "deslocalización" intereuropeo esta servida, los "menús alternativos" prohibidos. De remachar que nada puede ser excluido -"por su interés general"- del inflexible "mercado libre" se encargan los Art. III-29 y 33

Si alguien albergaba alguna duda sobre el alcance de ’la economía de mercado", el texto es claro: el mercado no se limitará sólo a bienes y servicios lucrativos, ya que se prohíben las restricciones a la "libre prestación de servicios" y se insta a la más "amplia liberalización", abren la puerta a la privatización de servicios públicos y la perdida de su universalidad.

Es sin duda una Europa de vía única al ultraliberalismo económico y monetarista, que deja al "optimismo tecnológico" la forma de resolver la cuadratura del circulo, entre el productivismo de la "alta competitividad" y, los costes ecológicos y sociales que produce, de momento parece que el grado "alto de protección" que merecen el medio ambiente y el modelo social europeo, circulara por esa vía única con ruedas cuadradas.

-La Creciente precarizacion del empleo y la disminución de la protección social, junto al deterioro progresivo de los servicios de salud, los culturales, de la educación y el medio ambiente. Todos ellos condicionados al "libre mercado" y la "no distorsión de la competencia", sin "convergencias" europeas y sin presupuestos comunitarios, seguirán dependiendo de cada estado (en una utilización algo perversa del principio de subsidiariedad), por lo que queda descartada la armonización social (Art. III.101). En cambio forzara a los Gobiernos de los distintos estados a seguir jugando con sus "ventajas competitivas" (menores costes salariales directos e indirectos, externalizaciones de costes productivos, exenciones fiscales)) para evitar las "deslocalizaciones" y atraer a los inversores. Los servicios públicos (ahora de “interés genera”) resultan grandes perdedores de la competencia sin restricciones (Art. III-55) y de la falta de ayudas que “falseen la competencia” (Art. III-56), pero es la posición de la UE en la OMC y el “Acuerdo General de Comercio y Servicios” el que los sitúa fuera de los “objetivos de la Unión”, a pesar de las peticiones de los “interlocutores sociales”.

-El déficit democrático originario persiste El Parlamento Europeo gana algo de protagonismo y competencias, pero sigue dependiendo del Consejo de Ministros y de su iniciativa legislativa “compartida”, y queda tan excluido de las políticas centrales (moneda, economía y comercio) como de la política exterior y de defensa. Quizás podamos cambiar con el voto a nuestro representante en el Consejo, pero no podremos cambiar fácilmente unas leyes consensuadas entre 25 estados. Tras año y medio de “Convención”, las posibles aspiraciones a más federalismo, legitimación democrática y participación de la ciudadanía, de simple transparencia de la burocracia de Bruselas, se han desvanecido. Los pueblos y los ciudadanos siguen sin ser el sujeto constituyente de esta UE. en la que la soberanía y el peso fundamental del poder decisorio sigue en el círculo de los Jefes de Gobierno de los actuales Estados miembros,... de algunos más que de otros, diferencias que se acrecentaran en un futuro de “cooperaciones reforzadas” hacia su eje y centro principal franco-alemán. En una Constitución a la medida de los lobbys de Bruselas, que representan las aspiraciones del capital financiero y las multinacionales europeas, los deseos expresos de los ciudadanos (90%, Eurobarómetro 2003) de que la UE. tenga como objetivo principal la “lucha contra la pobreza y la exclusión social” no tienen cabida. Con este “acercamiento a los ciudadanos” no es extraño que la abstención media en las elecciones europeas haya superado el 50%. Esta Constitución es lo contrario de un marco abierto y plural, donde distintos gobiernos y mayorías sociales pueden realizar políticas alternativas, al consagrar detalladamente las políticas neoliberales, restringe gravemente los campos de actuación para políticas futuras diferentes.

- Una Europa crecientemente militarizada e intervencionista. Con una política exterior y de defensa "bajo la autoridad del Consejo de Ministros" de la UE (Art. III-212), que no afectara a las "obligaciones del Tratado del Atlantico Norte" (Art. III-214) sino que "cooperara estrechamente" con la OTAN, que "pondrá capacidades civiles y militares" que "se comprometen a mejorar progresivamente" a "disposición de los objetivos fijados por el Consejo" (Art.40), y sobre la que el PE. solo tiene el derecho a ser consultado.

Una UE en la que la Cooperación con “los países en vías de desarrollo” se entiende como su “integración en la economía mundial” mediante la “abolición progresiva de las restricciones al comercio internacional” (Art. III-193), cuando tantas veces es, precisamente el “libre” intercambio desigual, la causa de su empobrecimiento actual.

Una UE en la que principio de la libre circulación de capitales y la libertad de comercio excluye las medidas correctoras, tipo tasa Tobin o el comercio justo, propuestas tendentes a paliar la especulación financiera y el intercambio desigual con el mundo en desarrollo. Es decir, una Europa que sea agente activo en el actual proceso de Globalización Neoliberal, que incrementa las desigualdades y la pobreza, las guerras y la injusticia en todo el mundo.

Por Europa y contra el Neoliberalismo, el 20 de Febrero Votemos No a la Constitución

Ahora, frente al referéndum consultivo, es el momento de reactivar el espíritu de rechazo “altermundialista”, expresado en las manifestaciones que se produjeron durante la Presidencia Española de la UE, a la Europa Neoliberal , el mismo de las resistencias y huelgas sindicales contra la precarizacion del trabajo, las privatizaciones y, el desmantelamiento de los servicios públicos de los últimos años. En este referéndum, el voto por el No debe expresar nuestra voluntad de alternativa a la Europa actual, la que se construye a costa de nuestros derechos y conquistas sociales, la que ahora se pretende blindar para el futuro a nuestras aspiraciones a un mundo mejor y más justo.

Para que “Otra Europa” sea posible resulta imprescindible romper con el actual proyecto y refundarlo, desde nuevas bases constituyentes, desde la ciudadanía y los pueblos de Europa por los derechos y la protección social, contra la visión reducida de la vida y las personas del economicismo neoliberal, por la Paz y la Justicia en su papel por Otro Mundo posible, contra el militarismo y la Guerra Global. El proyecto europeo actual que pretende cerrar en falso esta Constitución, esta en crisis creciente de legitimización, por el desapego de los ciudadanos y ciudadanas que no se sienten partícipes de él y, esta crisis, es la semilla de la Alternativa.



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LA OTRA CARA DE LA “EUROPA SOCIAL”: LA LIBERTAD DE MERCADO PRIMA SOBRE LOS DERECHOS SOCIALES DE LOS TRABAJADORES.
3 d'agost de 2010, per  mrg-valencia

LA LIBERTAD DE MERCADO PRIMA SOBRE LOS DERECHOS SOCIALES DE LOS TRABAJADORES.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha dictado una sentencia que impide a los Estados adoptar medidas sociales en los procesos de privatización y apertura al mercado de servicios prestados hasta ahora en régimen de monopolio, condenando a miles de trabajadores al desempleo o a la aceptación de condiciones de trabajo peores. El argumento básico es la libertad de empresa y defensa de la competencia y el objetivo de la bajada de precios para los consumidores.

La Directiva 96/67/CE, relativa al acceso al mercado de asistencia en tierra en los aeropuertos de la Comunidad, establece el fin de los monopolios en la prestación de servicios de asistencia en tierra de los transportes aereos, obligando a los Estados a abrir los mercados a nuevos operadores en régimen de competencia. Dicha Directiva prevé la posibilidad de supeditar el acceso al mercado de servicios de asistencia en tierra a la obtención de una «autorización» expedida por un organismo independiente. Además establece que los Estados miembros podrán tomar las medidas necesarias para garantizar la protección de los derechos de los trabajadores . Por otro lado, la Directiva relativa al mantenimiento de los derechos de los trabajadores en las transmisiones de empresa permite a los Estados mejorar las condiciones mínimas reguladas en ella.

Al amparo de dichas normas el Estado italiano promulgó una ley en la que se establece que las nuevas operadoras que entren en dichos mercados deben subrogarse en los trabajadores de las empresas que hasta ahora venían realizando estas tareas y mantener su estabilidad por un periodo de 30 meses. Pues bién, la Sentencia de 9 de diciembre de 2004 el Tribunal de Justicia (se adjunta al final de esta nota) ha declarado dicha regulación incompatible con la normativa comunitaria. En concreto, se establece que estas medidas son excesivas puesto que menoscaban el objetivo de la directiva que es una apertura de mercados que contribuya, “en particular, a reducir los costes de explotación de las compañías aéreas”, objetivo que se pondría en peligro con tales medidas sociales.

Como puede observarse, no solo se trata de una importante agresión a los derechos sociales de los trabajadores sino que supone una importante limitación de las posibilidades de los Estados -y, en gran medida, de la propia negociación colectiva-de establecer correcciones o limitaciones en los procesos de privatización-apertura de servicios.

Por otro lado, el planteamiento del Tribunal de Justicia adquiere particular importancia por su proyección sobre un gran número de trabajadores afectados por procesos de privatización-apertura de mercados (en España, transporte aéreo pero también terrestre por ferrocarril). Esta Sentencia, de no corregirse por nuevas interpretaciones o actuaciones de los Estados puede suponer condenar al despido a miles de trabajadores de empresas que actualmente prestan estos servicios o a la obligación de aceptar las condiciones que les impongan los nuevos operadores (desaparición de la antiguedad y la estabilidad, eliminación de sus conquistas históricas).

Finalmente, imaginad lo que puede suponer este tipo de interpretaciones si llega a aprobarse la Directiva Bolkestein que permitirá privatizar y abrir los mercados a multitud de servicios publicos prestados hasta el momento por empleados públicos.

En definitiva, esta es la otra cara de “ la Europa social”. Esa que Rodriguez Zapatero no quiere que veamos diciendonos que “no hay que entrar en la letra pequeña” hay que fijarse en los principios generales. ¿Cabía alguna duda de que hay que votar que no a la Constitución?

 
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