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dilluns 19 d'abril de 2010
Crónicas desde Cochabamba 1ª
La llegada a las alturas de Cochabamba
por Ana, Fran y Olga, de IU de Jaen

Entre el 19 y 22 de Abril tuvo lugar en Cochabamba (Bolivia) la Conferencia Mundial de Pueblos sobre Cambio Climático. Esta iniciativa fue impulsada por el Presidente de Bolivia Evo Morales tras el fracaso de la cumbre de Copenhague.

Los compañer@s Ana, Fran y Olga de IU de Jaen, "comunes y corrietes" nos remitieron unas crónicas acompañadas de alguna foto que nos han parecido de interés para compartir.

Los comunes y corrientes hemos protagonizado una épica primera jornada en la ciudad de la eterna primavera. Después de un tremendo viaje de diez horas, de una espera para trasbordo de seis horas en Santa Cruz, y de otro largo periplo hasta que por fin, pasadas veinticuatro horas desde que partimos de Jaén, nos vimos en nuestro deseado destino, hemos optado, conforme a nuestro carácter díscolo y cabezota, por desoír cualesquiera recomendaciones que hubiéramos recibido durante el largo periodo de preparación anterior al viaje: hemos consignado maletas en el hotel y sin haber más que cabezeado algunos ratos de vuelo, sin ver la habitación (ni la ducha ni la cama que en ella se encuentran), hemos salido a explorar la ciudad de la mano de Regis, nuestro anfitrión y agente de una generosidad y paciencia infinitas; sin protector solar, sin repelente de mosquitos, sin dormir, comiendo de todo y a todas horas...subiendo a 2900 metros de altura "de la mano de Cristo", y así hasta ahora en que son las nueve de la noche hora local mientras escribimos esto y vosotros dormís a pierna suelta.

Hemos efectuado la inscripción correctamente en Tiquipaya, y a propósito del evento en cuestión poco más se puede contar hoy porque hasta mañana no comienza; si acaso, solamente, dar cuenta de que se espera llegar a las veinte mil inscripciones y que varios presidentes han confirmado ya su asistencia. O sea que el evento promete. También, por cierto, estará Manolo Monereo, a quien hemos encontrado en el aeropuerto de Santa Cruz acompañado de François Houtart.

Acaso lo más interesante fuera informar de la visión que en un primer vistazo hemos podido fabricarnos de la ciudad de Cochabamba, y de toda la primera jornada, empezando por el mismo viaje: la comunidad boliviana nos resulta en cierto modo cercana a cada uno de nosotros, de los que vivimos en Jaén, tierra de destino de muchos de sus miembros en su lucha por fabricarse una vida mejor y un futuro más prometedor. La interacción que tengamos con ellos será variable, pero a todos nos afecta puesto que son nuestros vecinos, amigos, amantes, empleados, clientes, etc.

Pero son los que están en nuestra tierra. Nosotros, de los que muchos hemos batallado por dignificar no sólo las condiciones de estancia provisional de los inmigrantes en nuestra tierra sino también su re-conocimiento en la mayor parte de los sentidos posibles, no hemos dejado de ser en cierto modo los receptores de ese complejo de aportaciones que se nos aviene. Esta vez, hemos hecho un viaje en sentido contrario: hemos viajado en un avión mastodóntico acompañado de quinientos bolivianos que partían de todos los puntos de la geografía española para visitar a sus familias, hemos compartido asientos, algunas palabras y hemos sido espectadores de la emoción con la que un emigrante aterriza en su suelo o atropella, torre de maletas en mano, a cuanto tenga por delante sin más horizonte de visión ante sus ojos que el de los rostros descompuestos de alegría de sus familiares.

Y es que Bolivia es un país harto empobrecido, y en particular Cochabamba lo es y lo parece en grado sumo. Aquí las desigualdades sociales son extremas y omnipresentes. No se hallan ocultas, no requieren de un ejercicio voluntario para sufrir un estremecimiento y una compasión colectivos; está en todos los rincones, en todas las calles, en las laderas de las carreteras, en los semáforos. Los indígenas han buscado una salida en la urbe a su falta de perspectivas, y han hallado un abanico de posibilidades tan amplio que abarca desde la mendicidad hasta el lavado informal de coches de ricos pasando por la venta ambulante de todo tipo de productos. La miseria más lamentable y horrenda ha sido el destino de estas gentes durante demasiado tiempo. Por eso hace falta un Evo, por dignificar, por convertir en sujetos políticos preferentes a quienes no tienen nada, por recuperar las posibilidades de la vida en el campo y de la vida según las costumbres de quienes la viven; por encauzar los beneficios de los recursos naturales hacia programas sociales, por crear otro horizonte posible, que ante todo es eso, un horizonte, porque la realidad de los pobres en Cochabamba es hoy dura, demasiado dura, y la vida en general dentro de la ciudad, sucia y un tanto vertiginosa, parece poco edificante. Frente a todo eso están los de arriba, y lo sabemos bien porque también hemos estado con ellos, comiendo en la residencia de una universidad privada que se alza como un oasis en medio de un cinturón de miseria absoluta, de paupérrimas viviendas a la orilla de caminos infames en un barrio donde el acceso al agua es sencillamente una utopía. Lo sabemos también porque en las cafeterías hemos visto guardias de seguridad privados que protegen a lo que está un poco más adentro de esos márgenes. Y los servicios municipales tampoco existen por aquí, en concreto los del transporte, uno de los cuales (líneas de furgonetas que transportan personas) es gestionado por un sindicato, lo cual tampoco deja de ser interesante. Por eso hace falta un Evo y algo más que un Evo: una estructura municipal configurada desde la base.

Por otra parte, también nos ha impresionado que en los carteles de publicidad todos sean blanquitos, rubios y con poco en común con lo que es el común de los bolivianos. En concreto, a Ana le ha chocado, al bajar del avión, un panel de la compañía de teléfonos móviles con tres mujeres exhuberantes que podrían ser de cualquier lugar y que, por lo tanto, no eran de ninguno; y ello justo al bajar de un avión asistido por unas azafatas claramente “ identificables“ y de una belleza envidiable. Suponemos que la soberanía que aspire a ser realmente amplia deberá contemplar también esos aspectos.

Y aunque quedarán más detalles por relatar, el último por hoy es el fundamental de los pájaros de Olga, una búsqueda constante de ejemplares que nos va absorbiendo a todos y que ha empezado hoy a dar algunos resultados: el colibrí es el gran logro del día, pero aún quedan muchos, incluyendo los que puedan derivarse de la visita a algún parque nacional de por aquí en los alrededores.

Un fuerte abrazo desde tan lejos y hasta la próxima crónica.



Resposta a l'article
La llegada a las alturas de Cochabamba
30 de juliol de 2010, per  mrg-valencia

NOTICIA HISTÓRICA Y DESAPERCIBIDA:

La Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) aprobó ayer miércoles una resolución a iniciativa de Bolivia que reconoce al agua potable y al saneamiento básico como derechos humanos universales.

El texto fue presentado por el embajador boliviano, Pablo Solón, quien confirmó a la estatal Radio Patria Nueva que la iniciativa fue ratificada con el respaldo de 122 países y ningún voto en contra.

En ese proceso, dijo, se registraron 41 abstenciones, entre ellas naciones como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, y Australia.

El diplomático destacó la trascendencia de esa medida, pues desde 1948 la ONU reconocía los derechos humanos en general, pero sin contemplar al imprescindible líquido para la vida, la educación, el trabajo.

El presidente boliviano, Evo Morales, impulsor de esta idea, había alertado a ONU que su declaración del Milenio como dedicado al Agua Potable y Saneamiento Básico no podía concluir en 2015 sin este logro.

El diplomático explicó también que entre las metas del Milenio también sobresale reducir en 50 por ciento la cantidad de personas que no cuentan con el líquido.

La nueva resolución, dijo, reafirma el compromiso de los 192 Estados miembros de Naciones Unidas a cooperar de forma solidaria en la facilitación del acceso de todos los pobladores del planeta al agua potable.

Un informe de las Naciones Unidas de 2009 estima que para el año 2015 el 47 por ciento de la población mundial vivirá en zonas áridas y para 2030 unos 700 millones de personas podrían dejar sus lugares de origen por la escasez de agua y falta de saneamiento básico.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia señala que el problema se agrava cada vez más porque 900 millones de personas no tienen acceso al agua potable, mientras que 125 millones de niños menores de cinco años viven en hogares que carecen del servicio.

 
7 de juny
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concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"