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dilluns 19 d'abril de 2010
La Refundación de la Izquierda
CRISIS, OPORTUNIDAD Y REORGANIZACIÓN POLÍTICA
Armando Fernández Steinko, profesor de sociología, militante de IU, ATTAC y Socialismo21

Hacia la refundación ciudadana de la izquierda

En los últimos 30 años los movimientos sociales han sedimentado un espacio ideológico difuso. Esta ‘base social’ no ha generado una representación política propia y más o menos integradora de su diversidad, de modo que existe un desajuste entre el espacio social de la ‘izquierda social’ y su representación política. Acaba de surgir una propuesta de nueva organización. Abrimos el debate.

La crisis de todas las izquierdas ha puesto encima de la mesa su reinvención, su refundación. La crisis económica no ha hecho sino acentuar un declive provocado seguramente por errores propios, pero principalmente por los cambios sociales, laborales y culturales generados por el neoliberalismo a lo largo de tres interminables décadas. El neoliberalismo es todo un modo de civilización que busca en la individualización, en la competencia de todos contra todos, en lo micro frente a lo macro y en lo cuantitativo y conmensurable frente a lo cualitativo e irrepetible, la solución de todos los problemas. Sus propuestas son la negación de los pilares más sólidos de la arquitectura de la izquierda y es comprensible que, en este contexto, las cosas no vayan bien para los que buscan un mundo que funcione de otra forma.

Izquierda Unida no es toda la izquierda española, pero representa hoy a una parte muy importante de la misma. Algunos de sus dirigentes y muchos de sus afiliados vienen defendiendo desde hace años la necesidad de ir a un proceso de refundación de la izquierda social del país, de este país de países. La última Asamblea Federal ha desbloqueado definitivamente este proceso, aun cuando todavía haya resistencias no confesadas entre algunos dirigentes cada vez más aislados. Porque el acuerdo no es refundar Izquierda Unida, sino utilizar sus recursos organizativos, políticos y económicos, su rica experiencia acumulada para lanzar un proceso de convergencia de todas las personas, grupos, organizaciones y sensibilidades que hoy se reclaman de la izquierda; el acuerdo es darle una nueva expresión política y organizativa a la -nueva izquierda social. Existe un amplio consenso en que la iniciativa no debe partir de una definición a priori de lo que es y lo que debería ser la izquierda para luego contárselo a la sociedad en largos y sesudos documentos programáticos. Por el contrario, se trata de crear las condiciones organizativas y políticas -porque hace falta un consenso mínimo de partida para que sean los ciudadanos que apuestan por valores opuestos a los del neoliberalismo los que lo hagan, transformando sus propuestas en un proyecto programático y organizativo. La izquierda no incluye sólo el anticapitalismo más explícito frente al reformismo transformador, tampoco es el patrimonio ideológico exclusivo de aquellos que consideran que las instituciones no sirven para nada, ni de aquellos otros que piensan todo lo contrario, que los movimientos sociales son intrascendentes. Es todo eso junto, pero bien encajado, bien adaptado a la realidad cultural y social del momento, a la complejidad de las sociedades del capitalismo contemporáneo, al objetivo de ir a una transformación real, es decir, no sólo verbal y retórica de la sociedad que nos ha tocado vivir.

Pluralidad reconocida

El espíritu y la hoja de ruta propuesta por Izquierda Unida parte del reconocimiento de la izquierda española como un tejido político y cultural plural que va más allá del área de influencia de lo que es hoy Izquierda Unida. Insiste en la necesidad de hacerlo converger para conseguir forzar una transformación de las grandes estructuras de poder social, una transformación que no se agota en ningún caso en las sucesivas convocatorias y coyunturas electorales. Hay conciencia plena de que el proceso de convergencia tiene que ser abierto y deliberativo, de que sólo se podrá mantener en el tiempo si se crean espacios que estimulen continuamente la participación del mayor número de ciudadanos. De aquí la idea de los ‘foros para la refundación’ a los que se llama a toda la población que se reclama de la izquierda para que participe. En ellos debería producirse un debate programático y organizativo sobre lo que debería ser la izquierda, pero sobre todo también en los diferentes ámbitos locales, regionales y profesionales. Cada uno de estos foros debería elegir representantes que trasladen las deliberaciones a ámbitos superiores -regionales, sectoriales, finalmente a algún tipo de ámbito estatal. En ningún caso deberían desaparecer al poco tiempo, sino seguir funcionando como espacios estables y capilares de participación ciudadana. Esta situación creará una especie de estructura dual: por un lado, seguirán existiendo los órganos y los espacios de participación política de Izquierda Unida. Por otro, la izquierda tendrá una segunda pata, una segunda fuente de poder: los foros ciudadanos organizados en algo parecido a un consejo central de foros legitimado democráticamente.

En una conferencia estatal programática se discutiría un nuevo programa y un nuevo funcionamiento organizativo para terminar, algún tiempo después, en la convención constituyente de una nueva formación política. El hilo conductor del proceso es, pues, la participación ciudadana así como la convergencia de experiencias exitosas, de argumentos y de propuestas transformadoras consensuables en una nueva formación política. Para lanzar este objetivo se ha redactado un llamamiento en el que se invita a los ciudadanos, hoy y ahora, a que manifiesten públicamente su deseo de participar en el proceso. Se celebrará un acto el 28 de noviembre en Madrid a modo de pistoletazo de salida. En este acto, que pretende ser coral, varias personas del mundo de la cultura, del sindicalismo, ciudadanos vinculados a diferentes iniciativas, etc., expondrán las razones por las que, desde su propia experiencia personal, consideran importante que exista un fuerte movimiento de izquierdas en España en esta particular coyuntura histórica.

¿Cuáles son los problemas y bloqueos a vencer?

El primero es el desencanto acumulado a lo largo de años de derrotas y decepciones y esa terrible cultura de la pasividad y el escepticismo que se va sedimentando con los años. El desencanto es una percepción subjetiva de la realidad que cambia con la misma. La crisis económica está convirtiendo la necesidad de un polo de poder con capacidad de enfrentarse al neoliberalismo en una necesidad urgente y práctica -y no sólo teórica para muchas personas. Esto puede erosionar la cultura de la decepción y la tendencia a dejar que sean los demás los que hagan la política de forma más o menos limpia y profesional. Otro problema a superar: los que consideran las actuales estructuras políticas y organizativas de la izquierda como un predio personal podrían sentirse amenazados.

Pero una eclosión participativa como la que aquí se propone puede ahogar la endogamia en un mar de ciudadanos que exigen rigor en la aplicación de los procedimientos democráticos. Los grandes intereses económicos, mediáticos y políticos intentarán boicotear la formación de un polo de poder como éste, si es posible antes de que pueda consolidarse. Pero la existencia de medios de comunicación alternativos como este periódico y la creación de redes propias de comunicación, por ejemplo organizadas en bares y en los centros de encuentro naturales de las personas de a pie, pueden contrarrestar el intento. Por fin, el sectarismo. La preferencia por la frase hueca y el concepto puro frente a la complejidad de la realidad y la paciente visión del otro, pueden alejar de los foros a aquellos ciudadanos que intentan vivir en este mundo, y que son los imprescindibles. Pero no debería subestimarse el sentido común de las personas. Cuando hacen suya una idea y un proyecto tan necesario, resulta relativamente fácil aislar la frase hueca y conseguir que los antaño sectarios le cojan gusto a una idea liberadora y esencial: las semillas de una sociedad mejor están plantadas entre nosotros, pero que hay que abrir los ojos para descubrirlas.



 
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