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dijous 19 d'agost de 2010
De "¡Al Ataque!" e "¡Increíble!" a "¡Santo Dios! ¡La Malogramos!"
Mumía Abú-Jamal

Con la retirada de unas 50,000 tropas norteamericanas de Irak, después de casi 7 años y 1/2 de matanzas, destrucción masiva y muerte, podemos ver que hasta los imperios más poderosos tienen límites.

La retirada de la última super-potencia mundial de una nación destrozada y desgarrada por enemistades étnicas y religiosas, es en tremendo contraste con la entrada bombástica (literalmente) del ex presidente norteamericano George W. Bush quien orgullosamente se vanaglorió de la capacidad de Estados Unidos de "Aterrorizar y sorprender," tanto a Irak como a toda la región, con las fuerzas más destructivas del mundo.

Siete años y medio más tarde, después de años de insurgencia mortal y de guerras internas destructrivas que llevaron a Irak al mismo borde de la guerra civil y que mató a miles de soldados norteamericanos, mató a un sinnúmero de irakíes, e hizo que millones huyan de Irak y se vuelvan refugiados, la guerra mostró que un imperio puede entrar como león, y salir como cordero.

Irak es hoy una nación en ruínas, su infraestructura destruída. Sus políticos son poco más que instrumentos de Occidente, con pocos políticos que muestran sensibilidad por la real magnitud y dimensión de su nación.

Solo hay electicidad, vital para un estado moderno, por 4 horas al día.

Su misma existencia, hecha posible por la invasión de Estados Unido, cambió el balance geopolítico de la región, pero no como los norteamericanos lo hubieran querido. La invasión llevó al nacimiento de un estado Shí’a, en un mar de Sunnis, y así naturalmnte reforzó a Irán, un estado predominantemente Shí’a.

En consecuencia, la fuerza e influencia Shí’a han aumentado.

Como Gran Bretaña lo mostró en India, y la Unión Soviética lo mostró en Afganistán, Estados Unidos ahora lo está mostrando en Irak: los imperios, como la gente, también se pueden cansar.



 
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