logo_mrg

 

 
dijous 22 d'abril de 2010
Entrevista a Richard Heinberg
La gran fiesta de la sociedad industrial ha llegado a su fin
por Carlos Fresneda

Richard Heinberg no tiene vocación de aguafiestas, aunque el libro que le valió el reconocimiento mundial se titula precisamente así: The Party’s Over. Su visión del futuro es cruda, pero relativamente esperanzadora. Pese a los nubarrones en el horizonte, aún confía en la capacidad de adaptación del hombre a la sociedad post-carbono, la que brotará tras la borrachera industrial del último siglo.

En Peak Everything, publicado durante la orgía económica que precedió a la gran recesión, Heinberg pronosticaba ya el inevitable declive de casi todo en el siglo XXI, empezando por el petróleo. En Blackout intenta alumbrar varios escenarios de futuro si logramos superar la última e inconfesable dependencia del carbón.

“En el siglo XXI seremos 100% renovables, por el simple agotamiento de las energías fósiles”,

vaticina. Pero la transición será larga y dolorosa, advierte, y supondrá una profunda transformación del modelo económico y de nuestros estilo de vida. Desde el mirador del Post Carbon Institute en Santa Rosa (California), Heinberg se asoma al futuro incierto que dejaron los líderes mundiales a su paso por Copenhague.

¿Cuál es la lección que podemos sacar de la crisis? ¿Se acabó realmente la fiesta?

Sin ninguna duda. La gran fiesta de la sociedad industrial ha llegado a su fin. Todas las deudas ambientales del último siglo están convergiendo al mismo tiempo... La crisis financiera no ha sido más que el preámbulo, y estuvo precedida -no lo olvidemos- de una subida fulgurante del precio del petróleo. El agotamiento de los combustibles fósiles nos va a forzar a cambiar radicalmente de modelo económico y de estilo de vida. Si encima le añadimos la presión del cambio climático, la situación es aún más urgente e imperiosa.

Pero las grandes potencias, empezando por Estados Unidos y China, no dan su brazo a torcer. ¿Hay aún algún atisbo de esperanza después de lo visto en Copenhague?

El acuerdo ha sido muy pobre; ya lo eran de antemano las expectativas... La preocupación común, y más en estos momentos críticos, es el crecimiento económico. El clima ha ido siempre por detrás y nada cambiará realmente hasta que no se ponga al mismo nivel.

Estamos ante el final del crecimiento económico tal y como lo hemos conocido,

pero nuestros gobernantes y sus economistas se niegan a aceptarlo y siguen funcionando con la misma lógica que nos ha llevado a esta situación.

¿Incluido Obama?

Barack Obama está en una encrucijada política, y no veo que esto vaya a cambiar pronto. Llegó a la cumbre de Copenhague con un mandato muy débil, pendiente aún de la aprobación en el Senado. En Estados Unidos estamos viendo ya la puesta en marcha de algún tipo de legislación para controlar las emisiones, pero son avances muy pequeños, ya digo. En este país hay una minoría muy activa, y movimientos emergentes, como el que pretende paralizar la apertura de nuevas centrales térmicas de carbón. Pero luego hay una realidad a la que nos tenemos que enfrentar: la mayoría de los ciudadanos norteamericanos no cree que la actividad humana esté contribuyendo al cambio climático.

¿Pagaremos antes la factura del cambio climático o la del pico del petróleo?

Las dos facturas las hemos empezado a pagar ya, incluso en Estados Unidos. El desastre del Katrina y el aumento espectacular de los combustibles en el verano del 2008 han sido dos poderosas advertencias.

En 1972, el Club de Roma divulgó su famoso estudio anticipando que el crecimiento económico iba a tocar techo en algún momento del siglo XXI.

Pues bien, creo que ese momento se ha anticipado y podemos estar ya en él.

¿Hemos llegado ya al pico del petróleo?

El pico pudo haberse producido perfectamente en el 2008. Si bajarom luego los precios fue por la caída de la demanda. En dos o tres años, cuando la demanda vuelva a los mismos niveles, habrá caído la producción. En fin, hemos entrado en el definitivo callejón sin salida... Con la explotación de los pozos de Irak, las cosas pueden variar ligeramente. Tal vez se vuelva a producir más petróleo de aquí al 2015, pero será una situación temporal que apenas servirá para prolongar la fiesta. El petróleo barato se ha acabado o está a punto de acabarse.

¿Y qué me dice del petróleo del Ártico? Las grandes potencias están tomando ya posiciones para el reparto...

El petróleo del Ártico es muy caro, y no bajará de 70 u 80 dólares el barril. Y con esos precios llegaremos a situaciones sin salida como la que experimentamos en el verano del 2008 y que aceleró el camino hacia la recesión.

¿Y el carbón? Sus defensores sostienen que aún hay carbón barato para 200 años...

El 50% de la energía en Estados Unidos es producida por el carbón. Somos, por así decirlo, la Arabia Saudí del carbón. Pero a los niveles actuales de consumo de energía, con China devorando sus reservas al ritmo actual, no es muy arriesgado predecir que

el carbón alcanzará un pico entre el 2025 y el 2030

. De hecho, China está comprando ya minas en Australia ante el previsible agotamiento de sus recursos. China no puede mantener por mucho tiempo más sus niveles artificiales de crecimiento económico al 8% anual. Tarde o temprano se va a topar con sus propios límites, y uno de ellos puede ser fácilmente el carbón.

¿Cree usted en el carbón limpio?

No hay carbón limpio. Hoy por hoy, es la fuente de energía más sucia que existe, la que más estragos causa en el medio ambiente y más contribuye al cambio climático. Las nuevas tecnologías para mitigar sus efectos y secuestrar el CO2 van a resultar muy caras. No tiene sentido invertir en una infraestructura de aquí a varias décadas si en ese tiempo vamos a dejar de usar carbón. Tiene más sentido invertir ese dinero en energías limpias.

James Lovelock, James Hansen y otros renombrados científicos sostienen que la energía nuclear es parte de la respuesta la cambio climático. ¿Cuál es su postura?

La energía nuclear es y seguirá siendo residual.

Hay muy poderosas razones ambientales para oponerse a ella, aunque la de más peso es sin duda la económica. Las inversiones son muy caras y sólo tienen sentido a largo plazo. Con los 435 reactores que funcionan hoy en día, podríamos alcanzar el pico del uranio entre el 2040 y el 2050. Con más reactores, el pico se adelantaría aún más. ¿Qué sentido tiene invertir ahora si el suministro no está garantizado?

Relevo de las renovables

¿Y hasta qué punto podrán garantizar el relevo las renovables?

Vamos a llegar 100% renovables en el siglo XXI, lo queramos o no, simplemente por el agotamiento de las otras fuentes de energía. El país que controle mejor esa transición va a ganar el juego. Pero tampoco nos engañemos: las renovables no van a permitirnos el actual derroche de energía. El consumo es hoy por hoy insostenible. Europa ha demostrado que se puede mantener un nivel de vida comparable al de Estados Unidos con la mitad de la energía. Pero no es suficiente. Más allá de la eficiencia, el ahorro de energía va a ser el gran imperativo en la próxima década si queremos evitar el apagón.

Usted habla en su libro de tres escenarios energéticos de futuro, de más a menos preocupante. ¿En cuál estamos actualmente?

Por desgracia, en el primer escenario: la máxima combustión. Los países industrializados y en vías de industrialización mantienen prácticamente todos los esfuerzos por mantener el crecimiento convencional; esto es, aumentando el consumo de energía y de explotación de los recursos. Hay indicios de que estamos moviéndonos hacia el segundo: la solución limpia, en la que los gobiernos hacen esfuerzos coordinados por mitigar el cambio climático e invertir en nuevas tecnologías para reducir las emisiones. Pero en este escenario aún tiene una gran peso el carbón y las inversiones para secuestrar el CO2. Hay que dar un paso más allá, y avanzar necesariamente hacia el tercer escenario: la sociedad postcarbono. Este escenario va a requerir una transición más o menos dolorosa durante veinte años, hasta que se estabilice la proporción de energía neta disponible. Vamos a tener que cambiar radicalmente nuestras pautas de producción, movilidad y consumo: la economía tendrá que relocalizarse necesariamente.

Ayúdenos a visualizar la sociedad post-carbono...

Nos moveremos mucho menos: los aviones serán los grandes dinosaurios del siglo XXI. Habrá muchos menos coches circulando por nuestras calles: ni los biocombustibles ni el motor elétrico podrán mantener la flota actual de automóviles. La transición se empezará a hacer en las ciudades, con movimientos como Transition Towns o Post-Carbon Cities, que ya están dando los primeros pasos... Las grandes metrópolis adoptarán planes de choque y volverán a ser la suma de pequeños barrios, unidos por el transporte público. Las ciudades pequeñas se adaptarán mejor a los criterios de ausuficiencia energética y alimenticia. Habrá una tendencia a la descentralización y a la re-ruralización. Se crearán incentivos para que la gente vuelva a la tierra, y brotarán las granjas urbanas. La amenaza del cambio climático forzará también la inmigración hacia el interior, donde no exista el riesgo de la subida de los océanos y esté garantizado el suministro de agua... El futuro de nuestra energía estará definido por los límites, y por cómo responderemos a esos límites.

¿Utopía o distopía?

Yo lo llamaría realismo.

Tenemos que redefinir el modelo económico.

Ha llegado el momento de admitir que no tendremos ni la energía ni los recursos para mantener este estilo de vida. Pero los cambios no significan necesariamente autoprivación... Tenemos que pasar de maximizar la producción y el beneficio a maximizar la calidad de vida y la felicidad, incluso en los países que aspiran a emular el american way of life. Todos tendremos que poner de nuestra parte.

Debemos diseñar un modo de vida más sostenible, más local, más lento, más feliz. Y eso significa poner más énfasis en la cultura, el arte y la educación.

Ésa es, si acaso, la transición más necesaria: hay que embarcar a los niños en la dura tarea de cambiar nuestra sociedad; no les podemos seguir enseñando a ser brokers en Wall Street.

Del ‘pico’ de petróleo a la sociedad postcarbono.

Periodista, educador y ambientalista, Richard Heinberg se ha convertido en la última década en uno de los máximos expertos mundiales en energía y una de las voces más autorizadas en el estudio del pico del petróleo y del agotamiento de las energías fósiles. Ha publicado nueve libros, entre los que destacan The Party is Over: Oil, War and the Fate of Industrial Societies (2003), Peak Everything: Waking Up to the Century of Declines (2007) y Blackout (2009).

Trabaja como investigador en el Post Carbon Institute de Santa Rosa (California) y colabora intesamente con el Foro Internacional sobre la Globalización, que abandera su útlima publicación: Searching for a Miracle: the coservation imperative (Buscando un milagro: el imperativo de la conservación).

Heinberg ha propuesto un protocolo internacional para calibrar los efectos del pico del petróleo y mitigar su impacto global. A nivel local, ha pasado a la acción en la fuerza de choque para reducir la dependencia del petróleo en la ciudad de Oakland. Ha aparecido en documentales como La undécima hora e Impacto Crudo. Toca el violín e indaga en la íntima conexión entre Cultura y Ecología.



 
7 de juny
Mano Negra & Manu Chao - Sidi Hbibi (Live) Bayonne (France) 2008 More than a concert... in a big venue or an intimate dive, the equation is sure to be the same: Manu Chao are an explosive cocktail an explosion of joy.

concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"