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dissabte 2 d'abril de 2011
¿Nucleares? NO Gracias
YA ESTÁ BIEN DE ENGAÑOS
José Albelda

Primero nos dijeron que una central nuclear nunca podía explotar.

Tranquilos vivimos el sueño del progreso nuclear hasta que el desastre de Chernobil mostró el primer engaño: sí pudo explotar, y ofreció al mundo crédulo una nube radiactiva equivalente a 100 veces las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Nos dijeron entonces que nunca más volvería a pasar, y sobre todo que nunca podría ocurrir un accidente nuclear grave en países democráticos y desarrollados.

Algunos volvieron a creerles, pero el accidente de la central de Three Mile Island, en Harrisburg, EE.UU., se encargó poco después de desvelarnos el segundo engaño: un accidente con fusión del núcleo, lo que nunca debería ocurrir en el corazón de un reactor, podía darse en cualquier parte del mundo, incluso en Estados Unidos de América.

Ya no le quedaba mucho más resguardo a nuestras falsas seguridades frente al riesgo atómico, empeñado en hacerse realidad cada tanto en tanto. Pero por si todavía albergábamos alguna duda, cuatro reactores de la central de Fukushima se han encargado de disolverla de golpe, recordándonos que ya está bien de engaños, que por el interés común de la humanidad hemos de combatir la energía nuclear, ese falso camino de progreso. Porque sólo desde la firme convicción de lucha podremos afrontar las difíciles preguntas que siguen, pues tenemos la responsabilidad de explicar por qué seguimos jugando a todopoderosos dioses ciegos.

¿Cómo les explicamos a los hijos y a los hijos de nuestros hijos y así sucesivamente, que hemos creado y liberado a la atmósfera isótopos de plutonio que contribuirán a hacerles enfermar y quizás a morir antes de tiempo durante los próximos 24.000 años?

¿Con qué palabras les confesarán los padres japoneses a sus familias refugiadas en albergues y gimnasios que ya no van a poder regresar a sus pueblos cerca de Fukushima si no quieren asumir el riesgo de morir de cáncer?

¿Cómo explicar a los pescadores artesanales que ya no van a pescar más en las aguas próximas porque el pescado será radiactivo, que ya no van a poder ganarse la vida como siempre lo habían hecho?

¿Cómo decirles a los niños japoneses de la región que deben tomar yodo para que su glándula tiroides se sature y así intentar evitar los tumores que padecieron muchos niños de Chernóbil al absorber el otro yodo radiactivo?

¿Cómo le contamos al Ginkgo de Hiroshima, que rebrotó al tercer año tras la bomba, que hemos faltado a nuestro juramento de proteger la vida frente al horror nuclear?

Y aquí, ¿cómo le explicamos a la gente que si se diera en Cofrentes -que también está sobre una falla sísmica- un accidente como el de Fukushima la Serranía quedaría envenenada, y también las aguas del Xúquer y, según sople el viento, quizás toda Valencia? ¿Cómo les explicamos esto?

¿Cómo les decimos que hemos de asumir todos ese riesgo inconfesable exclusivamente para que Iberdorla se enriquezca?

Porque esa es la verdadera razón de fondo que queda cuando logramos traspasar todos los disfraces y las mentiras, pues podemos prescindir sin ningún problema de la energía que nos ofrece la central nuclear de Cofrentes.

¿Cómo les explico a mis hijos que nos tratan como a tontos, que al día siguiente del desastre de Fukushima el ministro del ramo apareció en la tele diciendo que las nucleares eran totalmente seguras? ¿cómo les explico, entonces, que este señor es el que rige nuestro destino nuclear y que nosotros lo permitimos?

¿Cómo les digo que su salud realmente no les importa a los que deciden por nosotros?

Ya está bien de engaños, ¿qué van a decirnos ahora? No nos dejaremos engañar por tercera vez, la energía nuclear es incompatible con la seguridad humana e incompatible con la razón. Cerraremos las nucleares cuando la gente verdaderamente asuma que es responsabilidad no sólo de los ecologistas, sino de todos, de todos los que queremos una tierra sana, de todos los que asumimos la responsabilidad de la salud de nuestros hijos y de todos aquellos que aún no han nacido. Y lo lograremos cuando renunciemos al falso bienestar del autoengaño. Ya basta de riesgos generales y de promesas de soluciones equivocadas, la energía nuclear no sirve para evitar el cambio climático, sólo sirve para que unos pocos se enriquezcan poniendo en riesgo a toda la humanidad.

En nuestras manos está el evitarlo; ya está bien, que no nos engañen más.



Ya esta bien de engaños
Un amigo mío comentaba acertadamente que no vamos a cerrar las nucleares sólo con argumentos para la mente, sino con palabras que nos lleguen al corazón. Modestamente he escrito algunas con ese fin.
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