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dimarts 5 de juny de 2007
LAS BIBLIOTECAS NO DEBEN PAGAR POR EL PRÉSTAMO DE OBRAS
BIBLIOTECAS AMENAZADAS
El Congreso aprueba por amplia mayoría el canon por préstamo de libros

BIBLIOTECAS AMENAZADAS Señor Director,

Recientemente, una sentencia del Tribunal Europeo de Justicia obliga a España a cumplir con la directiva 92/100, que grava el préstamo de libros en bibliotecas. La sentencia y la directiva siguen consolidando la “Europa de los mercaderes” que contempla impertérrita el progresivo acoso y derribo de los servicios públicos. En una vuelta de tuerca más en la lógica mercantilista, ahora las entidades de gestión, que representan fielmente los intereses de los grandes poderes editoriales, quieren cobrarnos por tomar prestado un libro de la biblioteca. En concepto de derechos de autor, se nos dice. No es cierto: la inmensísima mayoría de los autores no van a percibir un euro de lo que van a recaudar estas entidades y son más promocionados en las bibliotecas que en las librerías. Los derechos de autor ya están contemplados en el precio del libro. ¿Tenemos que consentir que haya que pagar también por el préstamo? ¿Y una vez aceptado este paso, cuál será el siguiente? De momento, se nos dice por parte del Ministerio de Cultura, “no paga el usuario”. ¿Entonces, quién paga, si las bibliotecas se financian con nuestros impuestos?

Si seguimos aceptando la mercantilización de los servicios públicos y de los bienes comunes (como el conocimiento y la cultura, patrimonio social que está pasando a manos privadas), no pasará mucho tiempo para que tengamos que pagar por respirar. Desde luego, así no se promociona la lectura; España es un país con bajo gasto social en bibliotecas y con pobres índices de lectura, y este nuevo impuesto es una desgraciada actuación que va a empeorar las cosas. No podemos consentir que la biblioteca, como bien público que tenemos que proteger, sufra este tipo de tropelías.


Autores contra el canon por préstamo de libros

NO AL CANON POR EL PRÉSTAMO DE LIBROS

Las escritoras y los escritores abajo firmantes, conscientes de la importantísima función social de las bibliotecas públicas y de nuestra deuda con ellas, nos negamos rotundamente a cobrar un canon por el préstamo de nuestros libros.

Las bibliotecas prestan un servicio público de primerísimo orden; que ahora se pretenda hacerles pagar por cada préstamo efectuado es sencillamente inadmisible, y no vamos a permitir que se haga en nuestro nombre, cuando los verdaderos beneficiarios de esta medida serían las grandes editoriales y las entidades gestoras de (supuestamente) los derechos de los autores.

Nos negamos a servir de coartada a esta nueva maniobra de mercantilización de la cultura, y exigimos que no se cobre canon alguno por el préstamo de nuestros libros.

(Puede adherirse en nuestra página de adhesiones).

Andrés Aberasturi Joaquín Mª Aguirre Romero Santiago Alba Rico Samuel Alonso Omeñaca Francisco Altemir Irene Amador Nuria Amat Miguel Ángel López Muñoz Enriqueta Antolín Javier Azpeitia Fernando Báez José Manuel Baraibar Luis Bartolomé Marcos Andrés Berlanga Juan Antonio Bermúdez Bermúdez Gloria Berrocal Marcel Bertolesi Shanti Barrios Fernández Angel Luis Calle Rita Candame Pedro Carrillo Rubio Manuel Carrión Gútiez Miguel Casado Mozo Juan José Castillo Alonso Miguel Ángel Cebrián Martín Fernando Chacón Fuertes Javier Climento Ortiz Pepe Colubi Flavia Company Navau Emilia Currás Coché Echarren Juan Echenique Pérsico Lucía Etxebarria Nacho Faerna García Bermejo José Luis Fernández Cabo Carlo Frabetti Amelia Gamoneda Lanza Javier García Blanco Ernesto García Camarero Juan García Campal Olvido García Valdés Javier Gimeno Perelló Ricardo Gómez José A. Gómez Hernández Julio Gómez-Alba Ruiz Ángel González Quesada Antonio González-Capitel Belén Gopegui Juan Gracia Armendáriz Agustín Hernández Óscar Herradón Ameal Yusuf Idris Andrés Jaque Tatiana Karsen Carlos Lapeña Morón Emilio Lledó Pedro López López Raquel Lozano Paris Igor Lugris Álvares Juan Madrid Mª Ángeles Maeso Antonio F. Marín Gonzalez Gustavo Martín Garzo Jesús Martín Jiménez Antonio Martínez Menchén Luis Mateo Díez Regino Mateo Pardo Óscar Maya Corzo José Antonio Millán Gonzalo Moure Zapopan Martín Muela Meza Pilar Muñoz López Andrés Neuman Pedro del Olmo García Luis Oporto Ordoñez Jaime Pastor Verdú José María Pérez Zúñiga Lucrecia Pérsico James Petras Xavier Puente DoCampo Juan Antonio Ramírez Rosa Regàs Iván Reguera Pascual Rafael Reig César Rendueles Pedro Rojo Pérez Vicente Romano Isaac Rosa Sara Rosenberg Lina Ru Javier Sábada Waleed Saleh José Luis Sampedro Fernando Sanz Santa Cruz Marta Sanz Pastor Francisco Serradilla Pascual Serrano Germán Sierra Paredes Jordi Sierra I Fabra Francisco Solano Carlos Taibo Arias Manuel Talens Maruja Torres Raul Tristán Javier Úbeda Fernández José Ramón Urquijo Goitia Carlos Varea Julia Varela Fernández Inmaculada Vellosillo González Agustín Velloso Antonio Ventura Fernández Francisco Vidal Castro Domingo Villar Vázquez Isabel Wences Elena Yágüez Pérez



Hoja de FIRMAS y Petición
Para enviar a: Biblioteca Municipal de Mejorada del Campo C/ Ciudad de Atenas, 10 Mejorada del Campo 28840 Madrid
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proposiciones no de ley reclamando al
en dos comunidades autónomas se han presentado sendas proposiciones no de ley reclamando al Gobierno de España la exención del canon por préstamos en las bibliotecas. Ramón Cardona, diputado del Grupo Parlamentario Esquerra Unida-Els Verds-E.valenciana: Entesa, registró una Proposición no de Ley en las Cortes Valencianas el pasado 9 de febrero.
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Resposta a l'article
BIBLIOTECAS AMENAZADAS: La Sociedad General de Autores, ataca de nuevo.
1 d'octubre de 2007, per  José Luis Sampedro

POR LA LECTURA

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez y un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit, a Punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana, aunque no tenía clases, porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus "clientes" éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.

Muchos años después hice una visita a una bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas.

Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.

Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y a sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo.

Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque:

a) obtiene algo a cambio

b) es objeto de una sanción.

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?

Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?

Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere Autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil.

Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente Deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.

Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses De autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.

 
25 de novembre
14 de noviembre 2017
Conversaciones en La Central (40) @Yayo_Herrero y @Rosa_Colmenarejo "Crisis ecosocial y perspectivas de cambio"

concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"