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dissabte 7 d'abril de 2007
Biocombustibles.
La segunda oleada neoliberal

A caballo de la crisis de la deuda externa se fue imponiendo en América Latina el modelo neoliberal que, en los 90, tuvo en las privatizaciones que desmontaron los estados nacionales uno de sus ejes más elocuentes. Esa política, impulsada por los organismos financieros internacionales e implementada sumisamente por las elites locales, fue resistida por los movimientos sociales con mayor o menor éxito. Buena parte de los paquetes de ajustes neoliberales consiguieron sus objetivos, pero el costo político y social de esas políticas no fue menor

A medida que se fueron imponiendo, las políticas neoliberales dejaron estelas de levantamientos populares de los cuales el precursor fue el Caracazo de febrero de 1989. Casi dos décadas después, la potente movilización social de los 90 consiguió deslegitimar a los defensores locales del modelo depredador y en su lugar tenemos un conjunto de gobierno de izquierda y progresistas, algunos con claros tintes continuistas y otros que buscan en serio salidas de larga duración. En suma, el mapa político de la región ha cambiado y los movimientos han jugado un papel relevante en ello.

Sin embargo, luego de la crisis mundial de los años 1998-2002, una nueva oleada neoliberal está avanzando en el continente. Ya no se trata de privatizaciones ni del desmontaje de los estados, sino de algo más complejo. Ciertamente, la deuda externa ya no está en el centro del debate sino el papel del continente en las estrategias de acumulación de capital. A grandes rasgos, observamos por un lado fuertes inversiones en minería, la expansión de los cultivos de soja y, más recientemente, vemos cómo algunos países líderes como Brasil pugnan por ofrecerse como grandes exportadores de biocombustibles. Se trata de una reprimarización de las exportaciones luego de una crisis que dejó maltrecho el vulnerable aparato industrial regional.

La región en su conjunto tiende a convertirse en provedora de commodities al mundo en desarrollo, tanto a Estados Unidos y Europa como hacia los países asiáticos emergentes. Algunos analistas estiman incluso que el Mercosur, donde décadas atrás florecía una prometedora industria, tiende a convertirse en una “república sojera" transfronteriza que se acerca a una producción de 100 millones de toneladas que representa casi el 70% de las exportaciones mundiales de soja. Los impactos sociales y ambientales son evidentes. En Brasil la soja es la principal causa de la deforestación de la Amazonia y en Argentina y Paraguay povoca la expulsión en masa de pequeños y medianos productores.

Según Jorge Rulli, del Grupo de Reflexión Rural de Argentina, conviven en su país y en el continente tres grandes modelos: la minería a cielo abierto en las regiones de la cordillera andina, la soja y el maíz transgénico, y la pasta de celulosa. Los tres tienen graves repercusiones sobre las comunidades pero ninguno está destinado al mercado interno sino a abastecer las necesidades de la producción industrial y el forraje que demandan las zonas y países donde es más intenso el crecimiento económico, o sea la acumulación de capital.

Este triple modelo tiene ahora nuevos objetivos vinculados a los biocombustibles, o sea a las necesidades de las grandes potencias, en particular los Estados Unidos, de diversificar su matriz energética para disminuir la dependencia del petróleo. La expansión de los cultivos transgénicos, la instalación de nuevas y más grandes plantas de celulosa y el exponencial crecimiento de los cultivos de caña de azúcar en Brasil, líder mundial en la producción de biocombustibles, son una de las principales apuestas de los gobiernos de Néstor Kirchner, Tabaré Vázquez y Luiz Inacio Lula da Silva, entre otros.

Con los nuevos gobiernos progresistas, y pese a esfuerzos como el desarrollado por Brasil para impulsar el comercio Sur-Sur, la pauta exportadora no sólo no se ha modificado sino que se encuentra en regresión. Las exportaciones de productos primarios siguen creciendo y los Estados Unidos se consolidan como el principal mercado en buena parte de los casos. En paralelo, los esfuerzos para acelerar y profundizar la integración regional que se realizan luego del fracaso del ALCA en la cumbre de Mar del Plata (Argentina) en noviembre de 2005, no parecen suficientes ante el impetuoso avance de esta segunda oleada neoliberal.

El próximo viaje de George W. Bush a Brasil y Uruguay parece estar vinculado estrechamente a la cuestión de los biocombustibles. En el caso probable de que Estados Unidos decida levantar la prohibición a la importación de biocombustibles brasileños, ese país va a experimentar una notable expansión de los cultivos de caña de azúcar y de la inversión privada extranjera en las 77 usinas previstas hasta 2012. Brasil produce la mitad d elos biocombustibles del mundo. El ingeniero químico brasileño Expedito Parente, propietario de la primera patente registrada para producir biosiesel, acaba de declarar: "Tenemos 80 millones de hectáreas en la Amazonia qe van a trasnsformarse en la Arabia Saudí del biodiesel". La celulosa, otra de las fuentes de biocumbustibles, de la que Uruguay puede llegar a ser un gran productor, será casi con seguridad uno de los temas que Bush conversará con Vázquez.

A diferencia de la primera oleada neoliberal privatizadora de los 90, monitoreada por gobiernos conservadores, la actual está siendo impulsada por los nuevos gobiernos progresistas. Si la primera fue resistida con empeño y coraje por los movimientos, la relación de fuerzas actual hace mucho más compleja la oposición al nuevo giro que está dando el modelo. Será necesario mucho debate, mucho estudio e investigación y una buena dosis de decisión y valentía políticas, para hacer frente a las fuerzas complejas que están promoviendo una profundización del modelo que para muchos resulta aún invisible y escasamente comprensible.



Biocombustibles, una amenaza pintada de verde
en megaproyectos de plantación de monocultivos y la transformación de soja y palma aceitera, así como de caña de azúcar, maíz y cereales para producir biodiesel y bioethanol respectivamente. La Unión Europea ha adoptado una directiva que promueve el uso de estos carburantes. Esta Biofuels Directive urge a los Estados miembros para que adopten una legislación con objetivos fijados de una proporción mínima de agro-carburantes en el mercado energético para el transporte motorizado. Estos objetivos han sido del 2% en 2005 y el 5.75% en 2010 (y se prevé un 10% para el 2020). Esto convierte a la UE en referente político mundial. Lo que no se dice es que estos objetivos serán responsables de una destrucción de los últimos bosques primitivos y de hábitats en el Sur global.
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Para quemar
El alimento de los pobres para los coches de los ricos.
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Resposta a l'article
Informe Gobierno Reino Unido alerta del peligro de los biocombustibles (BBC)
11 de setembre de 2007

peligro de los biocombustibles

La UE quiere el 10% del combustible usado en automóviles provenga de biocombustibles.

Los esfuerzos por pasar de los combustibles tradicionales a los biológicos podrían causar un incremento de los precios de los alimentos y de la deforestación a nivel mundial, según un informe británico.

La Unión Europea quiere que antes del año 2020 el 10% del combustible usado en automóviles provenga de biocombustibles.

Pero el informe de la compañía de seguros éticos Co-op Insurance Society indica que la consecución de este objetivo podría tener un grave impacto medioambiental.

El documento se publica pocos días después de que la ONU advirtiera que los biocombustibles son más efectivos cuando se utilizan para la calefacción y la energía que en el transporte.

Bosques

El informe señala que para sustituir el 10% de los combustibles para el transporte a nivel mundial sería necesario dedicar cerca del 9% de las tierras agrícolas del planeta.

Se están destruyendo bosques tropicales para sembrar cultivos destinados a la elaboración de biocombustibles

Dice Dieter Helm, asesor del gobierno británico: Esto significa que la fabricación de biocombustibles podría provocar una disminución de las tierras disponibles para la producción de alimentos en países donde ya hay hambruna.

"Se están destruyendo bosques tropicales para sembrar cultivos destinados a la elaboración de biocombustibles", le dijo a la BBC el catedrático Dieter Helm, un alto asesor del gobierno británico.

"Si uno piensa en la energía necesaria para talar esos bosques, en los daños causados al clima por la pérdida de esos árboles, en el proceso de arar y cultivar esos campos, en el transporte de esos combustibles, uno comienza a darse cuenta de que las emisiones de carbono tienen que ver con muchas más cosas que el simple proceso de sembrar en un campo determinado en un momento determinado", añadió.

 
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