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dissabte 11 de maig de 2013
Construir la Alternativa Democrática de las mayorías sociales
Manolo Monereo
per  Socialismo XXI

“…Hablar de Revolución Democrática es señalar con precisión la radicalidad y la hondura de los cambios a realizar y la necesidad de construir una pasión colectiva que de sentido a la vida y se oponga a la noche neoliberal. El asunto es tan viejo como el mundo: cuando las clases subalternas se organizan en torno a un proyecto de vida, se convierten en una fuerza material y crean poder…”

Las bases sociales para una propuesta programática democrático-republicana (1)

Una de las cuestiones esenciales del momento es conocer con precisión cómo y de qué forma están afectando los enormes cambios económicos y sociales que estamos viviendo a la consciencia, actitudes y comportamientos de la ciudadanía.

Para la izquierda transformadora no es un problema menor: conocer lo que piensan realmente las gentes en momentos donde, parecería, que todas las crisis se acumulan y se anudan en torno al régimen salido de la transición, es ahora un problema político decisivo. Buenas encuestas, en síntesis, para dar un fundamento realista a las propuestas que se formulan en la esfera pública.

Esto viene a cuento del debate abierto, sobre todo, en los mentideros políticos de la derecha extrema ante la encuesta realizada por la Fundación del BBVA sobre valores y actitudes sociales de las ciudadanas y de los ciudadanos de diez países de la Unión Europea (Alemania, Dinamarca, España, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, Reino Unido, Republica Checa, Suecia)

El estudio titulado ”Values and Worldviews” se realizó por IPSOS entre noviembre del 2012 y enero del 2013, con una muestra de 15 mil personas. ¿Por qué mereció una encuesta como esta tal atención y tan duras críticas de los tertulianos ultras? Porque se ponía de manifiesto, una vez más, que para una parte sustancial, claramente mayoritaria, de la opinión pública europea la defensa del Estado del Bienestar seguía siendo fundamental y que cinco años de crisis habían propiciado el convencimiento de que las políticas de ajustes que se han venido practicando son injustas e ineficaces.

Para decirlo con más claridad: la ciudadanía demanda derechos sociales y laborales garantizados por el Estado y una mayor implicación de éste en el funcionamiento, regulación y control de eso que eufemísticamente se llama mercado. Lo peor, de ahí el escándalo superlativo, era que la opinión pública española era la más radical en estas posiciones “intervencionistas y antiliberales”: ¡Tanto dinero invertido en propaganda, tertulianos y en sesudos estudios para esto!

No es posible resumir en tan poco espacio la riqueza del estudio y sus consecuencias para el análisis de la realidad social tal como las perciben las personas concretas. Solo aquellos datos más gruesos y definitorios.

Lo primero, es constatar que los españoles tienen una percepción clara de la hondura y gravedad de la crisis económica internacional y nacional. Segundo, los europeos identifican con mucha precisión (entre el 89 al 75,6 por ciento) quienes son los culpables de la crisis: los banqueros, los políticos, los gobiernos nacionales, los dirigentes de la UE, las compañías financieras, el Banco Central Europeo.

Esta percepción cuando llega la ciudadanía española es aún más mayoritaria, superando el 80 y 90 por ciento. Tercero, la media de los encuestados están entre las políticas de ajuste (38,5) y de aumentar o mantener el gasto (40,3). Los españoles lo tienen mucho más claro: Solo el 20 por ciento está por los ajustes; el 58,7 apuesta por el mantenimiento o el incremento del gasto público.

Como antes se dijo,

la defensa y el desarrollo del Estado de Bienestar es un elemento fundamental de la identidad de los ciudadanos y ciudadanas europeas.

La media europea de los encuestados (66,2 por ciento) considera que el Estado tiene la responsabilidad principal de asegurar la vida digna de las personas.

En España la cifra es del 74,1 por ciento, solo superada por Italia (76,3).

Una clara mayoría (66,2) opina que es necesario un amplio sistema de Seguridad Social aunque esto implique impuestos más altos.

En España, la opinión es más mayoritaria: el 80,5 por ciento, superada por Suecia, Dinamarca y los Países Bajos. No es de extrañar que para la mayoría de los europeos es fundamental incrementar el gasto en sanidad, educación, atención a las personas mayores, discapacitados, parados.

Es muy significativa la opinión sobre el papel del Estado en la economía. Sobre 10, el 6,8 por ciento considera que el Estado debe tener un papel muy activo en el control de la economía; en España el 7,1, solo superada por Francia (7,4). El 6,1 considera que la economía de mercado es el sistema más conveniente para el país; sin embargo, (es un dato interesante) el 6,0 considera que esta economía es la causa de las desigualdades sociales; en España las cifras varían: el 5,2 aprueba la economía de mercado pero el 6,6 considera a dicha economía la causa de las desigualdades sociales.

Otra cuestión a tener en cuenta es la opinión sobre el euro y la Unión Europea. La ciudadanía de los cinco países encuestados que pertenecen a la zona euro, excepto los Países Bajos, consideran que el euro ha sido negativo para sus respectivos países; los otros (los que no pertenecen a la zona euro) opinan muy mayoritariamente que es positivo estar fuera de la moneda única.

Sin embargo, esto hay que subrayarlo, la mayoría no está de acuerdo con la vuelta a las monedas nacionales. Es coherente con esto la opinión, también muy mayoritaria, de que el euro se va a mantener en el futuro. Algo hay en todo esto que no casa demasiado: la mayoría (el 60,2) considera que cada país debe mantener la autoridad sobre su política económica.

¿Puede extrañar que los ciudadanos y ciudadanas consideren a los políticos los culpables de la crisis? No demasiado. Sobre 10, el 7,7 de los encuestados considera que los políticos dedican más atención a sus intereses que a los intereses de la sociedad; en España esta opinión llega al 8,3 la más alta después de Italia (8,7) e igualada con la República Checa. Los políticos son los menos valorados de los grupos sociales y profesionales (3 sobre 10) junto con los periodistas (4,5), religiosos (4,7), empresarios (4,7). En España suspenden específicamente militares y jueces. La valoración de los políticos:1,5 sobre 10.

Una parte mayoritaria considera que la democracia no funciona bien en sus países. Esto es mucho más grave para los italianos y los españoles. La mayoría considera que el voto es la forma principal que tiene las gentes para influir en las políticas que hacen los gobiernos pero, este pero tiene su importancia, consideran que tienen poca influencia en las decisiones políticas.

Las bases sociales para una propuesta programática democrática-republicana (2)

En el artículo anterior expuse, muy sucintamente, los resultados de un estudio realizada por la Fundación del BBVA “Values and Worldviews” en base a una encuesta hecha en diez países de la Unión Europea. Ahora intentaré sacar algunas conclusiones que considero pertinentes para, por así decirlo, el debate de las izquierdas sobre nuestro presente y, sobre todo, nuestro futuro.

“Las gentes critican, al menos por ahora, la democracias existentes porque la soberanía popular manda poco o nada y porque las instituciones democráticas son cada vez más subalternas e impotentes ante los poderes fácticos”

La primera cosa a subrayar es que una parte claramente mayoritaria de la opinión pública europea rechaza las políticas neoliberales y defiende con mucha fuerza el Estado social. Para decirlo con más precisión:

para las mujeres y los hombres que viven en la Unión, los derechos sociales y laborales son un componente central de la ciudadanía democrática y de su dignidad como personas.

Una segunda cuestión a señalar es que se produce una hondísima crisis de representación, una enorme sima, entre dicha ciudadanía y las elites políticas, económicas y mediáticas que ejercen realmente el poder. Las personas no tienen dudas: los poderes existentes trabajan por y para el poder económico-financiero y los políticos están a su servicio.

Así de claro, y por eso una parte significativa de la ciudadanía, sobre todo en el sur, está profundamente insatisfecha del funcionamiento de nuestras democracias. Aquí tampoco cabría equivocarse demasiado: las gentes critican, al menos por ahora, la democracias existentes porque la soberanía popular manda poco o nada y porque las instituciones democráticas son cada vez más subalternas e impotentes ante los poderes fácticos.

Un Estado responsable

Hay un tercer dato, de valoración más compleja y sutil, con consecuencias políticas de mucho calado; me refiero a la valoración de eso que se ha dado en llamar economía de mercado.

El asunto se podría exponer del siguiente modo: la ciudadanía acepta la economía de mercado sabiendo que es la causante principal de las desigualdades sociales, por lo que reclama un Estado responsable y garante de los derechos sociales e implicado fuertemente en su control y funcionamiento. Se diría que la opinión pública, más allá de los límites tradicionales de la izquierda y derecha, está por un programa de orientación fuertemente socialdemócrata, sobre todo en España.

Se podría continuar pero nos llevaría, seguramente, demasiado lejos, sobre todo, si se compara con otras encuestas, como la reciente de la cadena SER. Insisto en lo siguiente: lo que nos dice el estudio que comentamos es que

en las consciencias de las personas hay un rechazo fuerte a las políticas dominantes y una aspiración a otras más justas e igualitarias.

Es decir, nos señalan disponibilidades, horizontes y perspectivas para otros proyectos, en momentos de mucho sufrimiento y depresión social. De ahí, al voto o al compromiso político sostenido va un trecho difícil, muy difícil, de recorrer.

Pasar de la disponibilidad a la acción y al compromiso exige un proyecto claro, creíble socialmente y políticamente solvente. No basta solo propuestas o consignas, hace falta fuerza organizada, capacidad, conectar y crear imaginarios sociales que impulsen a la acción, que combatan la resignación y el pesimismo. En definitiva, las personas no solo deben pensar que tenemos razón, más aún, deben creer y luchar por nuestro proyecto: la única forma de hacerlo viable políticamente.

Tres condiciones

En nuestras específicas condiciones eso exige, al menos, tres condiciones:

(a) una propuesta programática que conecte con las aspiraciones, necesidades y preocupaciones de las mayorías sociales, es decir, un discurso alternativo;

(b) construir una proyecto político y una alternativa electoral que por su carácter, amplitud y coherencia unitaria movilice el imaginario ciudadano para mostrar no solo que se quiere sino que se puede, que hay fuerza real cambiar las cosas desde las necesidades de las personas;

(c) situarse claramente en el conflicto social, impulsar las demandas, acompañar las luchas y convertirse en instrumento de los movimientos sociales.

La clave, al final y al principio, reside en la capacidad colectiva para situarse bien en el momento histórico donde se vive. La transición política, en muchos sentidos, ya ha comenzado. En el centro la lucha entre reforma y ruptura. En el fondo: la cuestión del poder en sentido fuerte, es decir, cambiar para que todo siga igual o democratizar realmente el poder económico, político y mediático-cultural.

Por eso, aquí y ahora, de lo que se trata es de construir la Alternativa Democrática como fuerza política y electoral de las mayorías sociales, con el objetivo explicito de disputarle la hegemonía al” partido único” del Régimen. Hablar en serio de la 3ª república significa eso: una nueva clase dirigente capaz de impulsar un proyecto de país al servicio de hombres y mujeres libres e iguales, comprometido con la justicia y haciendo de la emancipación social el norte de la vida pública.

Tampoco en esto debemos engañarnos: la tarea será dura y los obstáculos muchos. Hablar de Revolución Democrática es señalar con precisión la radicalidad y la hondura de los cambios a realizar y la necesidad de construir una pasión colectiva que de sentido a la vida y se oponga a la noche neoliberal. El asunto es tan viejo como el mundo: cuando las clases subalternas se organizan en torno a un proyecto de vida, se convierten en una fuerza material y crean poder.



 
concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"