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diumenge 11 de novembre de 2012
LA CRISIS ORGÁNICA DEL CAPITALISMO ESPAÑOL:
DE LA DEMOCRACIA OLIGÁRQUICA A LA DEMOCRACIA PLEBEYA
APORTACIONES A LA X ASAMBLEA DE IZQUIERDA UNIDA
per  Espai Alternatiu

1.-Propósito: recuperar la veracidad del discurso y de la práctica.

Había un dicho en las reuniones de la dirección de IU (mitad irónico, mitad triste) que el “papel lo aguanta todo” y que para poco o nada servían las votaciones, casi unánimes, porque después cada uno haría en su casa lo que le pareciera conveniente y que de lo acordado no quedaría mucho. Sólo, en tiempos de Anguita, quedaba el periódico llamamiento a la coherencia programática y a la necesaria unidad de acción. Después ni eso.

Viene esto a cuento de la X Asamblea de IU que se da en “un momento histórico” (así se dice en el documento-tesis) donde la dirección saliente propone un conjunto de políticas que, por definirlo prudentemente, suponen un giro profundo de lo que se pensaba y se hacía no hace demasiado tiempo. Cierto que algunas de las propuestas se habían esbozado meses atrás y otras se venían arrastrando de la anterior Asamblea; lo nuevo es, lo diremos así, su carácter “orgánico”: una política de ( a) “rebelión democrática”, al servicio de (b) un “proceso constituyente”, por medio de (c) un “bloque social y político” como mecanismo de masas para salir de (d) la “crisis del Régimen” surgido de la llamada Transición democrática. No es poco para esta Asamblea de IU.

En las tesis se habla mucho de la crisis de la política y la desafección democrática, así como de la crisis de la militancia, mejor dicho, de la crisis del compromiso de la afiliación con la organización. Sus causas son complejas y sus soluciones, difíciles. Hay una condición previa a todas las demás: recuperar la veracidad, recomponer la coherencia entre el hacer y el decir, huir del lenguaje falsario y no engañar ni engañarse. Esto sí que sería en nuestra cultura política un cambio histórico.

2.-Aciertos, debilidades analíticas, vacíos clamorosos e inconcreciones orgánicas: ¿hay una estrategia definida? Como suele ocurrir, las tesis evidencian una pluralidad de redactores, compromisos implícitos y contradicciones que se intentan soslayar con formulaciones genéricas y con frases hechas que poco o nada dicen.

Seguramente, el método más adecuado hubiese sido fijar con precisión en lo que se está de acuerdo y no entrar en aquello donde no hay consenso, quizás abrir el debate sobre las propuestas más de fondo. Si a esto se le añade, es ya tradicional, elementos que deberían figurar en un programa electoral, lo resultante es un documento largo, farragoso, a veces impreciso y donde las prioridades no están bien marcadas.

Los aciertos son relevantes. La hondura de la crisis sistémica del capitalismo global, la necesidad de una perspectiva socialista y la apuesta nítida contra el neoliberalismo y contra el imperialismo y la paz.

Se nota la falta de una visión geopolítica de la crisis, que es, por lo demás, decisiva. Se dice poco del papel de los EE.UU. en relación con las nuevas potencias emergentes y otras, como Rusia, en proceso de redefinición. Las relaciones de cooperación y conflicto entre Occidente y China, decisivas en la fase, no tiene la presencia que el tema merece. La globalización fue, desde el inicio, un proyecto político de la Administración norteamericana, precisamente, en un momento de crisis hegemónica y de cuestionamiento de su poder. No se trata de manera suficiente la crisis de la globalización neoliberal, consecuencia de los cambios geopolíticos y de las resistencias de las clases subalternas, naciones y estados que explican hechos como el estancamiento de las negociaciones en la OMC, la aparición de corrientes de desmundialización económica y de políticas proteccionistas de diverso signo o el surgimiento de proyectos de cooperación regional que no son determinados por las políticas neoliberales.

Todo esto es lo que la crisis ha hecho saltar por el aire: la globalización capitalista como proyecto de control económico y dominio geopolítico de los EE. UU. Y, más allá, de Occidente en su conjunto. Lo fundamental, nada dicen de esto las tesis, es una enorme redistribución del poder en el mundo que apenas está en su inicio. En este sentido, la salida de la crisis (siempre la hay) dependerá también de la correlación de fuerzas política y militares.

La gran cuestión es conseguir, con los esfuerzos conjuntos de Estados, fuerzas político-culturales, movimientos sociales, partidos y organizaciones sindicales, que la salida a la crisis sistémica del capitalismo no sea una vez más por medio de la guerra (¿qué tipo de guerra?). Hasta ahora siempre ha sido así.

En el centro, los recursos del planeta.

La conexión carrera armamentista, conflictos geopolíticos y deterioro ambiental, hace que la tendencia predominante de la fase en que vivimos sea la guerra y los recurrentes conflictos armados. Aquí la humanidad se la juega: la guerra sería la mayor catástrofe ecológica, el mayor desastre humanitario y la involución civilizatoria más completa. Unir lucha contra el militarismo, emancipación social y reconstrucción ecológica del planeta será la mejor forma de construir un poderoso movimiento internacionalista y antimperialista con objetivos claros, más allá de la retórica.

Un aspecto relevante tiene que ver con la cuestión de la mujer.

El feminismo político está presente en todas las cuestiones importantes. La crisis de los cuidados y su conexión con las políticas neoliberales no tiene el tratamiento que la importancia del tema merecería.

Otro elemento bien tratado es lo referente al proceso constituyente y sus dilemas.

Las debilidades analíticas son variadas, destacando, sobremanera, la cuestión de la Unión Europea: a ella le dedicaremos un epígrafe específico.

El otro asunto sobresaliente tiene que ver con la crisis de Régimen y específicamente del bipartidismo político. La “cuestión nacional” tampoco aparece: no es algo menor y señala que emerge, también, la crisis del Estado Español. No decir nada sobre esto es un enorme error que desdibuja el texto e incapacita políticamente a la organización.

Relacionado con esto, el vacío más clamoroso: la política de alianzas y la posición sobre el PSOE. Cuando menos resulta increíble que un tema como éste, decisivo, merezca apenas unos párrafos y que nada se diga, nada más y nada menos, del pacto de gobierno andaluz.

Todo lo relacionado con el Bloque Político y Social, la así llamada “revolución interna”, sigue siendo muy impreciso y sus concreciones escasas. El peligro, esta es nuestra reciente normalidad, que las grandes palabras difuminen el contenido y que al final se deje a la libre disponibilidad de las estructuras del poder interno la aplicación “creadora” de las políticas supuestamente regeneradoras.

3.- Unión Europea: ¿sigue siendo el federalismo la propuesta para la Unión Europea? La soberanía popular en cuestión.

Con el tiempo, se observa que el consenso sobre Europa fue lo central en la llamada Transición Democrática. El “ser como ellos”, el disfrutar de su nivel de vida y de sus derechos sociales y sindicales, de sus libertades públicas, alcanzar la paz verdadera en un territorio donde estallaron dos guerras mundiales, se convirtió en un imaginario mayoritario en nuestra sociedad y, aparentemente, nos hizo salir del enorme complejo de inferioridad que tradicionalmente teníamos frente a Europa.

Este prejuicio pesó y pesa mucho sobre el debate que tenemos sobre Europa, mejor dicho, sobre la Unión Europea que, como sabemos, no es exactamente lo mismo. Las tesis de IU reivindican una posición fuertemente crítica a la UE que se fue construyendo. Eso es justo. La posición mayoritaria de IU, defendida con rigor y con coraje moral por el coordinador Julio Anguita, merece ser recordada y valorada, no solo porque la realidad de los hechos ha terminado por darle la razón sino porque pone de manifiesto la coherencia de una política que fue durísimamente combatida desde el interior de IU y desde fuera por una parte mayoritaria de la izquierda social y cultural que hoy, amargamente, llora ante el declive de una UE cada vez más neoliberal y autoritaria. En todo el documento se señala una oposición consistente a la política internacional e interna de la UE.

El problema es que, cuando se llega a una coyuntura histórica donde prima la excepción frente a la normalidad, los viejos esquemas del pensamiento dicen ya poco frente a una realidad que se escapa y que difícilmente se puede aprehender con las viejas ideas y conceptos. Pensar, a estas alturas, que la UE va hacia un Estado federal y que tenemos que convivir con dos soberanías es no entender lo que está pasando y seguir prisioneros del pasado.

¿Alguien cree que existe un pueblo europeo, más allá y por encima de las naciones que la conforman? ¿Alguien cree que existe una clase obrera europea suficientemente homogénea y unificada, capaz de constituirse como sujeto autónomo y diferenciado? La convocatoria, histórica, de la Huelga General del 14 de noviembre en España, Grecia y Portugal, que es un paso extraordinario en la movilización social a nivel europeo, manifiesta también todas las debilidades del movimiento obrero en el marco de la UE, su impotencia para organizar una huelga general en los principales estados de la UE (Alemania, Francia, …), expresión última de los desequilibrios, asimetrías y fracturas entre los diversos estados y regiones de la UE. ¿Alguien cree que la refundación de Europa es posible desde esta UE organizada, dirigida y organizada por la plutocracia que ni siquiera autoriza una Iniciativa Legislativa Popular sobre la propuesta de un Banco Público Europeo por estar en contradicción con los Tratados de la UE?. Curiosamente hay que volver a Maastricht y encontrar ahí el hilo de una madeja que se ha ido desarrollando desde esa época aceleradamente. En ese momento dijimos que se estaba construyendo la anti-Europa, que una moneda única sin una forma-Estado detrás dividía social y territorialmente a la Unión y que se agravarían los riesgos de autoritarismo y de fragmentación intraestatal por la eclosión de las insolidaridades del “sálvese quien pueda” de las regiones y comunidades más ricas.

En gran parte, eso es lo que ha pasado.

¿Qué es lo que las tesis no dicen? Que desde la reunificación alemana, la disolución del Pacto de Varsovia y la desintegración de la URSS, Europa ha girado fuertemente a la derecha, que las políticas neoliberales se han hecho dominantes y que la socialdemocracia europea, en lo fundamental, ha dejado de ser socialdemócrata y que en poco o nada se diferencia de la derecha, sobre todo cuando ejerce el poder. Esto ya fue, en muchos sentidos, “la refundación de la UE” y nos faltó el coraje suficiente para decirlo con mayor rotundidad.

Como suele ocurrir, las crisis capitalistas ponen siempre de manifiesto la esencia del sistema y la lógica de poder subyacente a él. El “golpe de Estado silencioso” tiene en la UE su origen y su legitimación. La llamada Troika es la que organiza en todas partes la involución social y la contrarrevolución preventiva. Los latinoamericanos saben ya mucho de eso y cuando ven aparecer al FMI calculan rápidamente los derechos y los recursos que van a ser expropiados. También lo saben ya griegos, portugueses e irlandeses y nosotros lo estamos aprendiendo a marchas aceleradas.

El problema sigue siendo lo que, metodológicamente, podemos llamar la “unidad de análisis”. En los documentos se vive con una cierta dualidad: la UE aparece unas veces como política internacional y otras veces como política interna. Decimos y proponemos cosas que solamente se pueden hacer a nivel de la UE o al margen de ella, sin encontrar un territorio adecuado que puede hacer creíble análisis y propuestas.

Esto no es una cuestión menor o solo metodológica. Afecta, por ejemplo, al debate sobre la independencia de Cataluña o el País Vasco. No por casualidad el presidente de la Generalitat habla de una Cataluña como “nuevo Estado de Europa”, es decir, se sitúa en una restructuración de poder y de influencia que está en proceso en la Unión. Si se va a una UE alemana donde el peso económico está en Centroeuropa, ¿Cómo no conectarse con esa zona-corredor y desengancharse de una “España del Sur” pobre, subdesarrollada y subsidiada? La operación Padania “a la catalana” es lo que está detrás del proyecto de la nueva “interdependencia” del señor Artur Mas.

La derecha neoliberal catalana busca ser la Croacia o la Eslovenia de la Europa alemana.

Unidad de análisis, pues. “Mirar” y analizar el Estado español en el marco de una UE en reestructuración y en redefinición del poder. Esta supone un cambio de perspectiva de fondo e invita a un análisis de la globalización capitalista como proceso de desmantelamiento de concretos y precisos Estados-Nación al servicio de los intereses de las Grandes Potencias Estatales.

Como se dijo en su tiempo, la convergencia nominal provocaría más pronto que tarde una divergencia económica real de grandes dimensiones. El euro acentuó todos estos rasgos. Dos datos hay que tener en cuenta para definir con precisión lo que es hoy verdaderamente la UE: la cristalización de un Centro y de una Periferia organizado por la Unión y el predominio en la misma de la “gran” Alemania. Ambos elementos están íntimamente relacionados. El rasgo sobresaliente es la re-nacionalización de todas las políticas que atraviesan Estados y que articulan, como antes se ha dicho, un centro exportador y acreedor y una periferia endeudada e importadora. En medio, Alemania y sus prioridades geoestratégicas.

No se trata de hacer un discurso anti alemán. Nunca debemos confundir pueblos y Estados. Lo que decimos es que después de la reunificación, mejor dicho, de la anexión de la RDA por la RFA (20 años después y de gastarse más de 2 billones de euros, la operación no ha sido plenamente completada), Alemania cambió de estrategia. Se pasó, por así decirlo, de una “Alemania europea” a una “Europa alemana”. Los “deberes” que Alemania exige al Sur (la devaluación interna) en el día de hoy ya lo hicieron, en parte, en su propio país y lo planificó y ejecutó, no la derecha, sino la socialdemocracia. Ésta recortó derechos laborales y prestaciones sociales, flexibilizó la fuerza del trabajo y debilitó conscientemente el poder contractual de los sindicatos. El problema, esto es lo decisivo, es que no es posible la integración económica y social cuando el país económicamente más fuerte tiene una estrategia competitiva de base nacional frente a otros países y naciones. Para decirlo más claro, estamos ante una “guerra económica” por la apropiación de mercados que, en las condiciones de la UE, genera desigualdades sociales, rupturas territoriales, involuciones antidemocráticas y una insoportable dictadura de los acreedores.

En Izquierda Unida adoptamos en su día una posición clara, valiente, a contracorriente sobre la construcción de la Unión Europea. El contenido de nuestra crítica y rechazo al Tratado de Maastricht ha sido confirmado plenamente con el estallido de la crisis. Pero es necesario dar un paso adelante y actualizar nuestros análisis y perspectivas.

El debate del euro no puede ser eludido.

Hoy hay dos consensos básicos comúnmente admitidos: el euro está mal diseñado (según el lenguaje tecnocrático al uso) y hay que cambiar el conjunto de instituciones que lo han gobernado hasta el presente, especialmente el BCE.

Hablar de “federalismo” o de “más Europa”, en este contexto, es seguir encubriendo la expropiación de derechos y de soberanía democrática de las poblaciones. Federalismo significa, aquí y ahora, restarle a los poderes electivos el control sobre la economía y sobre la oligarquía financiera y entregárselos a la Troika.

Así de simple.

Se suele (le han dado recientemente hasta el Premio Nobel de la Paz ¡qué barbaridad!), hablar, con poca propiedad, del proyecto de los así llamados “padres fundadores” de la Unión Europea. No entraremos en el debate, solo señalar que el núcleo implícito del proyecto fue, desde siempre, el “Estado mínimo”, es decir, despojar a la soberanía popular del control sobre la economía y del poder financiero. Todo lo demás ha sido adaptación a los tiempos sociales y a los ritmos del día a día, con la cobertura de un federalismo genérico que no democratizaba el poder sino que lo concentraba en torno una plutocracia cada vez más audaz y más visible, que se ha servido de instituciones que no representan a nadie para imponer políticas de ajuste suicida para alcanzar los objetivos de déficit público, la prioridad de la devolución de la deuda a los llamados PIIGS en beneficio de la banca y fondos acreedores, agravando la crisis social, económica y política de éstos y acrecentando la fractura entre las zonas más ricas y las más pobres de la UE.

Los acuerdos financieros alcanzados en las cumbres de la UE han sido puestos en el congelador por el gobierno de Angela Merkel. Los riesgos de precipitación de nuevos episodios de crisis de la deuda en Grecia, Portugal, España e Italia y de los correspondientes rescates amenazan contagiar otros países de la UE, entre ellos Francia, y hacen aflorar nuevas tensiones en el eje franco-alemán.

El deslizamiento del conjunto de Europa hacia la recesión agudiza las tensiones económicas a nivel internacional agravando el riesgo de una recaída general en una nueva recesión. El horizonte económico próximo está cargado de amenazas e incertidumbres que se proyectan también sobre el curso de la crisis económica de la UE, haciendo ingobernable la salida de la crisis y abriendo todas las hipótesis y escenarios. En este sentido, Izquierda Unida no puede cerrar los ojos y apostar únicamente a una refundación de la UE sobre la que no tiene instrumentos suficientes para incidir a tiempo. Izquierda Unida necesita, cuando menos, explorar todos estos escenarios y elaborar los correspondientes planes alternativos para España.

Concluyendo, la posibilidad de refundar la UE ha terminado y la etapa que viene será mucho peor.

Lo que hay que garantizar en este momento, a toda costa, es la soberanía popular, la recuperación de los instrumentos y recursos para tener soberanía económica, los derechos sociales y laborales y la autonomía para realizar políticas económicas diferenciadas y alternativas de las predominantes en Europa, inseparable de la consecución de una democracia digna de su nombre. Todo lo demás, creemos, es mala retórica y peor política.

4.-Crisis de régimen: ¿Cómo se combate el bipartidismos político?

Las tesis señalan con mucha claridad que España vive una crisis de régimen y que los pactos básicos de la Transición han sido rotos, esto es muy importante, por los poderes económicos con el imprescindible apoyo de la clase política del bipartidismo reinante, a lo que hay que añadir siempre los partidos de la derecha catalana y vasca. El documento repite una y otra vez la fórmulagolpe de Estado silencioso y es verdad. Queda claro que la transición a un nuevo régimen ya ha comenzado y lo ha hecho cambiando la “constitución socioeconómica” del país. Estamos, pues, ante una ruptura constitucional sin proceso constituyente, ante el silencio del “soberano”.

Las tesis aciertan también al señalar el bipartidismo como el núcleo duro del régimen en crisis. Sin embargo, tiene poco en cuenta los cambios que se están operando en la sociedad española, destacadamente, el rechazo global a la política y a los políticos, los procesos de involución social y cultural que emergen por casi todas partes, al lado de otros que cuestionan el régimen desde sus raíces: 15-M, 25-S, Proceso Constituyente, etc.

Vivimos una triple crisis: de régimen, de Estado y de la política democrática, en un contexto de crisis “orgánica” del capitalismo español y ante un sufrimiento humano de enormes dimensiones.

La política ya no se puede hacer y pensar como antes y éste será el verdadero desafío en toda esta fase, desafío que no se afronta de manera coherente al eludir el análisis de lo que es el pacto de IU con el PSOE en Andalucía y la postura que se viene adoptando en Extremadura por IU ante la política del PP. ¿No será porque expresa de manera hiriente la falta de coherencia entre el decir y el hacer?, por un lado el programa, los compromisos electorales (el decir) y por otro la aceptación en la práctica, una vez en el gobierno de la Junta de Andalucía, de la realidad neoliberal o capitalista y sus límites (el hacer). ¿Cómo poder explicar la justificación de las políticas de ajuste y recortes en los servicios públicos por “imperativo legal”? ¿No es una “autoimposición” derivada de la participación en el gobierno de la Junta para mejor gloria de un posibilismo chato? Ahora se defienden los presupuestos con lenguaje falaz para encubrir lo que no deja de ser la aplicación de las políticas neoliberales emanadas de la Troica e impuestas a las autonomías por el gobierno de Rajoy. Obligados a no superar el 0,7 % del déficit y no poder aumentar los ingresos no les queda otra posibilidad que aplicar las políticas neoliberales asumidas por el bipartidismo.

En el caso de Extremadura tampoco se está a la altura de las circunstancias. Después del proceso democrático seguido por IU de Extremadura en el que se decidió abstenerse en el debate de investidura. Con esta decisión se dejó que gobernase la lista más votada, el PP, por considerar que el PSOE no representaba una alternativa real al PP, ya que aplicó las mismas políticas neoliberales cuando gobernó.

IU de Extremadura decidió, en contra de la línea aprobada por el CPF, que debía situarse frente a los dos grandes partidos, con su programa encima de la mesa. IU no debía ser subalterna ni del PSOE ni del PP. Nuestro papel no podía reducirse, en caso de ausencia de mayorías absolutas, a entregar nuestros votos automáticamente al PSOE, con independencia de las políticas que practique.

Sin embargo, la gestión posterior a ese ejercicio de participación democrática, que se debe mantener regularmente, no ha seguido coherente en la defensa del Programa y en su lucha contra el bipartidismo al avalar políticas presupuestarias que conllevan ajustes y recortes en los servicios públicos y en los derechos sociales. Así, se ha aprobado, con la abstención de IU, un proyecto fiscal que descansa sobre la base de los impuestos indirectos y las tasas como única concepción de recaudación, y dos presupuestos, el último en trámite de votación, con un recorte de casi el 10% en sanidad, ante el cual, el grupo parlamentario ha optado por no presentar enmienda a la totalidad y abstenerse ante la enmienda presentada por el grupo socialista.

Estas prácticas políticas impiden que IU de Extremadura aparezca como una alternativa consecuente contra el neoliberalismo y que pueda conectar satisfactoriamente con las protestas sociales que se vienen dando ante los recortes en los servicios públicos y en el gasto social (cierre de las urgencias sanitarias en las poblaciones rurales con la supresión de 21 puestos de atención continuada por el gobierno de Monago, supresión del transporte escolar en bachillerato y formación profesional, despido de profesores en la educación pública que cuenta con 800 docentes menos mientras se mantiene inalterable el apoyo a la escuela concertada). En conclusión, no se ha logrado canalizar todas esas protestas porque ello requiere el ejercicio de un papel de oposición contundente a las políticas de recortes en la Asamblea de Extremadura.

Ahora bien, ¿cómo compaginar estos análisis y la crítica al bipartidismo político con pactos de gobierno con el PSOE en Andalucía y con mantener al Partido Popular en Extremadura? No son cosas menores, cuestiones regionales. Tienen que ver con un aspecto central no resuelto en las tesis y que podía explicar del modo siguiente: ¿cómo combatir aquí y ahora al bipartidismo político?

No es solo una cuestión teórica: hay experiencia acumulada. En todos los temas centrales que afectan a los poderes reales de este país ha habido y hay acuerdos entre el PP y el PSOE, siempre con la inestimable ayuda de la derecha catalana y vasca. Y si hoy no lo hay es porque la derecha no lo considera oportuno, pero el acuerdo con el PSOE siempre está como reserva estratégica cuando las cosas lleguen a un límite donde el régimen se vea en peligro, incluida la Jefatura del Estado.

No habría que insistir demasiado, pero es bueno recordarlo. PP y PSOE están de acuerdo en la OTAN y en la subordinación a la política exterior norteamericana; la última muestra, que es de Zapatero y en Andalucía: Rota y el escudo antimisiles. PP y PSOE han estado de acuerdo y han participado activamente, desde Maastricht hasta aquí, en la Europa neoliberal que hoy nos expolia y liquida nuestro débil Estado social. PSOE y PP han aplicado, en lo fundamental, las mismas recetas ante la crisis y se han subordinado a la “dictadura de los mercados” y al dominio de la oligarquía financiera y ambos han debilitado sustancialmente el poder de los trabajadores en la sociedad, han propiciado la represión salarial y han favorecido la precariedad laboral hasta límites difíciles de imaginar hasta hace unos pocos años.

Esto no fue hace décadas, esto fue ayer y frente a esto se alzó el 15M, es decir, contra el poder omnímodo del capital financiero-inmobiliario y la subordinación a él de la clase política bipartidista. Las gentes sabían que el lubricante de este mecanismo era la corrupción y por eso la gente salió a la calle. Ese movimiento sigue siendo hoy, no la única, pero sí la posibilidad más clara de encontrar una salida democrático-republicana a la presente crisis.

Aquí tampoco deberíamos equivocarnos demasiado. Las gentes saben que no todos los políticos son iguales, pero que la mayoría de ellos son subalternos a los poderes económicos y no representan a la ciudadanía. Los que teorizaban no hace mucho tiempo sobre la necesidad de transitar hacia la “postpolítica” y que han defendido aquí y ahora un gobierno de “técnicos” en España, ahora se asustan de la crítica de masas a los políticos y a las políticas que realizan.

Este último aspecto se tiene en cuenta, pero no está bien valorado en las tesis. Aliarse con el PSOE tiene que relacionarse necesariamente con la desafección de la ciudadanía frente a la política. Si las personas identifican a la clase política bipartidista como la causa de todos los males, las relaciona con la corrupción y con la subordinación a los poderes económicos, y observan que IU termina gobernando con el PSOE, podrán llegar a la conclusión de que todos son iguales y que lo que se busca son las prebendas del poder. Dinero y política, la gente intuye que ahí está el problema real y eso es verdad.

El riesgo que se corre es que la crítica al sistema la protagonicen fuerzas que tienen más que ver con la derecha en cualquiera de sus formas y dejar sin voz y sin esperanza a una parte sustancial de la juventud que busca una regeneración de la democracia al servicio de las clases trabajadoras. Este es el problema estratégico real: ganarse para la política democrática y para la transformación social a una parte mayoritaria de la población que hoy está desesperada, que no ve futuro y que se encuentra con una identidad social quebrada. Nada garantiza que la izquierda salga victoriosa de esta batalla por el imaginario de las clases populares y esa debería ser nuestra principal preocupación y no “tocar poder” a cualquier precio.

En el fondo aparece un problema sustancial, bien definido por IU desde sus inicios y, después, conscientemente eludido. Nos referimos a la vocación de mayoría que tuvo en su mejor época IU. La alianza con el PSOE esconde casi siempre la derrota de la idea de la Alternativa. Se pactan o se realizan supuestas alianzas, acuerdos con el PSOE porque se desconfía de las fuerzas propias, de la capacidad política y organizativa para construir un proyecto socialista, obligadamente mayoritario. Al final, en nombre del realismo se acaba siendo la izquierda complementaria del Partido Socialista, la izquierda del PSOE.

Continuar con esta política en plena crisis de régimen y de Estado es conducir a la izquierda real, social y política al callejón sin salida de la restauración autoritaria del capitalismo. La construcción del Bloque Social y Político, así lo entendemos nosotros, debería ser el instrumento, el sujeto de una amplia alianza social, política y cultural que le dispute la hegemonía al bipartidismo y la mayoría al PSOE en los sectores populares.

5.-Crisis del modelo de estado: La alternativa federal democrática y municipalista ante el choque de trenes entre nacionalismos

La profundización de la crisis económico-social, agravada por las condiciones impuestas en los últimos Pactos y Tratados de la UE ha incrementado las tensiones del modelo de estado de las autonomías, y ha terminado por decantar amplios sectores de la ciudadanía en Catalunya hacia la opción independentista. Los previsibles efectos de contagio en Euskadi abren la perspectiva de una crisis terminal del actual modelo de estado, que se combinará inexorablemente con la profunda crisis social y de régimen. Todos los escenarios están encima del tablero.

La gran paradoja, no exenta de cinismo y de hipocresía, es que los discursos del nacionalismo centralista español y de los nacionalismos catalán y vasco se fundamentan en la defensa de la Unión Europea neoliberal como marco superior de realización de sus proyectos y sueños. Los grandes defensores del nacionalismo centralista español, representado en grados diversos por la derecha conservadora, el PSOE y UPyD, no dudaron en traicionar la soberanía de la ciudadanía del estado español al modificar sin consulta popular el artº 135 de la Constitución para cumplir con las exigencias de “Merkozy” y garantizar la devolución de la deuda española a los acreedores de Europa. En dicho trámite es justo reconocer que la mayoría del Parlament de Catalunya se opuso de manera “solemne” a dicha reforma.

Posteriormente, CIU votó junto con el PP, UPN, UPyD y Foro la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad financiera de las AA.PP. que aplicaba anticipadamente las directrices del futuro Tratado de Estabilidad Presupuestaria también llamado “Pacto Fiscal” y que abría la puerta de par en par a la recentralización del estado en perjuicio del autogobierno autonómico y municipal. Es decir, los representantes de la derecha nacionalista catalana no dudaron en traicionar los derechos y conquistas de autogobierno de sus ciudadanos. Por otra parte, han sido notorio el discurso “vanguardista” de los líderes de CiU promoviendo la aplicación de las medidas de ajuste neoliberal dictadas desde las instituciones de la UE y el BCE en el conjunto del estado…

El objetivo del nacionalismo burgués de conquistar la “soberanía” tras convertir a Catalunya en un nuevo Estado de Europa no es realizable en el marco de la UE neoliberal. No solo porque los Tratados en vigor no permiten tal automatismo y dejan en manos de los estados de la UE la decisión de admitir a trámite la petición de adhesión y su posterior ratificación, sino también, porque la construcción neoliberal de la UE bajo la hegemonía de la oligarquía de Alemania secuestra y destruye la soberanía de los estados deudores en su propio beneficio, tal como se evidencia en el tratamiento de la crisis en Grecia, Portugal, España e Italia, lo que también ocurriría en el caso de una hipotética Catalunya independiente como consecuencia de su elevada deuda pública y privada.

Los resultados de las elecciones en Catalunya del 25 N auguran escenarios de gran confrontación política sobre el futuro de Catalunya y de España. Todo queda abierto: desde la negociación a “cara de perro” de una mejor financiación para Catalunya que permita al gobierno de Artur Mas justificarse ante sus electores y dejar para un futuro incierto el sueño de la independencia, o preparar la consulta soberanista para reforzar sus posiciones en unas negociaciones al borde del abismo y del choque de trenes, incluso el desbordamiento de los planes de los “aprendices de brujo” por una marea de ciudadanos frustrados por las promesas incumplidas… Y todo ello, bajo un volcán de malestar social ante los recortes y el incremento del paro, la pobreza y la desigualdad social.

En esa perspectiva de choque de trenes conducidos por sendos maquinistas enloquecidos, por esos antiguos aliados neoliberales convertidos en adversarios tras envolverse en sus respectivas banderas, Izquierda Unida en tanto que organización que defiende un federalismo democrático tiene el deber histórico de dar una respuesta decidida, inteligente y creíble.

En primer lugar debe tomar nota de las legítimas frustraciones acumuladas por la ciudadanía de Catalunya durante la elaboración y adopción del “Nou Estatut”. Un Nou Estatut que nació desde su origen con evidentes renuncias (no incluyó el derecho de autodeterminación) y que posteriormente sufrió amputaciones hirientes en el Congreso de diputados y por el Tribunal Constitucional. De aquellos polvos surgen muchos de los lodos presentes. Pero en particular es necesario señalar la sensación de desamparo que se extendió entre amplios sectores de la ciudadanía de Catalunya al constatar que el principal partido de la izquierda estatal les daba la espalda y que la izquierda transformadora federalista no tenía suficiente fuerza y coherencia para ofrecer una nueva esperanza. En efecto, la marea independentista en Catalunya cuenta entre sus filas con muchos ciudadanos que han perdido la esperanza en una evolución o reforma del modelo autonómico español hacia más autogobierno.

Debemos reconocer que además de aspectos económicos y políticos hay algunas dimensiones culturales que no se han tenido presente a lo largo de la historia, que para una parte muy importante de la población de Catalunya son imprescindibles señales de identidad, la defensa de las cuales no está en contradicción con la identidad de clase, la lucha contra el neoliberalismo y en consecuencia el rechazo al modelo económico propuesto por CiU.

En segundo lugar debemos dar respuesta a los cambios sociales, políticos e ideológicos que han facilitado que un amplio sector de la ciudadanía no nacionalista haya aceptado el discurso insolidario y demagógico del “déficit y/o expolio fiscal”, del latiguillo “España ladrona” que roba a los “laboriosos” catalanes para despilfarrar el dinero entre los “vagos y perezosos” del sur y que tanto recuerda el improperio de la Liga del Norte y su líder Bossi contra la “Roma ladrona”.

Izquierda Unida como fuerza de la izquierda transformadora federalista tiene que acometer las siguientes tareas para dar una alternativa al choque de trenes entre nacionalismos:

1.- Debe denunciar sistemáticamente el doble lenguaje de los nacionalismos español y periféricos que traicionan las respectivas soberanías ciudadanas en beneficio de los intereses de las potencias europeas y grupos dominantes capitalistas. La construcción de la actual UE no es democrática. La cesión de soberanía no se da en condiciones de igualdad y control democrático de las ciudadanías de los respectivos estados sobre las nuevas instituciones parlamentarias y de gobierno europeos. No existe ninguna garantía de redistribución justa de la riqueza entre todos los territorios y entre todos los ciudadanos de la UE. En estas condiciones, la cesión de soberanía nos hace víctimas de las relaciones de dominación o colonización impuestas por las potencias más fuertes y hablando claro es una traición a la ciudadanía del estado español. Por tanto no hay salida de la crisis progresista, para España, Grecia, Portugal o Catalunya en el marco de la actual UE y la moneda única.

2.- Debe explicar al conjunto de la ciudadanía que las consecuencias del choque de trenes entre nacionalismos y la ausencia de una solución federal y democrática en España agravará todavía más la crisis, provocará consecuencias sociales aún mas terribles, y debilitará o dificultará las posibilidades para afrontar una salida progresista a la crisis.

3.- Ha de tener presente que el problema acerca de la soberanía tiene muchos frentes, el económico, el político, el cultural. Que las explicaciones sólo desde la perspectiva económica o política son reduccionistas si no tienen presentes aspectos históricos, lingüísticos o que conforman tradiciones. Que el respeto a estos aspectos es fundamental para que un colectivo se sienta respetado y tratado de igual a igual.

Dada la complejidad del tema, IU se compromete a abrir el debate en profundidad organizando unas Jornadas o Conferencia específica. En definitiva se trata de sentar las bases para un nuevo modelo de estado en el que todas las nacionalidades se sientan cómodas y representadas. Debe evitarse, tanto dentro como fuera de IU el debate sobre premisas vacías, es necesario clarificar, profundizar y actualizar términos como Federalismo, Independencia, Soberanía y tantos otros que se utilizan como armas arrojadizas sin contenido. Deben tratarse a fondo los aspectos económicos y de equilibrio territorial; los aspectos políticos profundizando en la descentralización del estado de las autonomías; los aspectos culturales, lingüísticos, históricos a fin de que sea efectivo el respeto real a la diversidad.

4.- Debe decir la verdad sobre el carácter irreformable de la Constitución española para dar una solución democrática tanto a la crisis económica provocada por el neoliberalismo y agudizada por la UE, para recuperar los derechos sociales y laborales degradados o eliminados, para recuperar el pleno empleo digno, para avanzar en la democracia directa y la participación ciudadana, para garantizar el desarrollo sostenible y ecológico, como para encontrar una solución a la crisis del modelo de estado que permita construir “una casa común libremente compartida”, una República federal democrática y municipalista inspirada en las aportaciones de Pi y Margall y del movimiento libertario, que garantice el derecho de autodeterminación, y abra la transición al socialismo.

5.- Izquierda Unida propone en consecuencia que la salida socialmente justa y progresista a la crisis económica, social, de régimen y del modelo de estado necesita del empoderamiento de la ciudadanía a través de un proceso constituyente que culmine con la conquista del poder por la ciudadanía organizada, y la elaboración y aprobación democrática de una nueva Constitución.

En este trayecto, Izquierda Unida debe dialogar y tejer alianzas con aquellos sectores de la izquierda nacionalista o independentista que tienen sentido de la realidad sobre las correlaciones de fuerzas existentes, y que defienden la importancia central de la transformación social, que comprenden la necesidad de recuperar conjuntamente con la ciudadanía del estado español la soberanía secuestrada por las instituciones de la UE y las potencias dominantes a través de los recientes Tratados y del mecanismo esclavizador de la deuda, que son consecuentemente antiimperialistas. Por tanto, que pueden compartir los objetivos de la moratoria de la deuda, su auditoria y renegociación, así como la desvinculación del Estado Español de los Tratados europeos injustos, e iniciar la cooperación con otras naciones y estados en una senda de liberación y construcción colectiva

6.- Izquierda Unida como organización de izquierda transformadora y federalista tiene que oponerse resueltamente a todo intento recentralizador venga de donde venga. En su propuesta federalista debe abogar por la democracia mas avanzada, y debe defender un modelo federal de autogobierno descentralizado desde los niveles más básicos, desde los ayuntamientos, etc., garantizando lo recursos justos e imprescindibles.

En cualquier caso, IU defenderá una solución política a la crisis actual del modelo de estado y se movilizará contra cualquier intento de utilización de la fuerza y la represión contra la ciudadanía y la expresión mayoritaria de su voluntad en las naciones históricas.

6.- Rebelión democrática para una constituyente: vocación de mayoría y alternativa de poder

La propuesta en positivo de esta Asamblea es clara: acumular fuerza social, orgánica y cultural para iniciar un proceso constituyente que dote al país de nuevas reglas, nuevos derechos y fije la “carta de navegación” de la transformación social que las mayorías sociales necesitan. El Bloque Social y Político es el instrumento que organiza la convergencia, que concreta las alianzas: la Rebelión Democrática es el (contra) poder ciudadano y pieza maestra del proceso.

Hay ambigüedades y contradicciones en la formulación. No entraremos demasiado en ellas, fundamentalmente, porque se ha discutido poco y todo está abierto, es decir, susceptible de demasiadas interpretaciones. Aquí, como diría el clásico: la Rebelión Democrática se organiza.

La pregunta es tan vieja como el movimiento obrero organizado (históricamente, el movimiento socialista, que es como se llamaban los de la 1ª Internacional):

¿Cómo nos organizamos para tener poder los que no tenemos el poder?

Eso tenía que ver con el partido y con el sindicato, es decir, con el protagonismo de los “comunes y corrientes”, los “don nadie”. ¿Os imagináis?: “los nada de hoy todo han de ser” y hasta dirigir la sociedad. Esa fue, sobre todo, una inmensa revolución cultural: ¿cómo los de abajo se atreven a cuestionar a los de arriba y a disputarles el poder, la dirección moral e intelectual, la hegemonía, a los que mandan?

Todo este mundo está en crisis.

Cuando se dice que hace falta una “revolución interna en IU” se dice mucho y casi nada. Somos, eso dicen los papeles, un partido, no un movimiento político y social. Pero ¿qué partido? No deberíamos confundirnos mucho: hablamos de un partido que ya no es un partido obrero y de masas y es, como mucho, una organización electoral e institucional, con escaso número de afiliados, pocos activistas y con conexiones muy débiles con lo que se mueve en la sociedad. El eje fundamental y actividad central: elecciones, instituciones y cargos públicos. De ahí se derivan los recursos, el aparato y el poder interno.

Las tesis no aciertan en lo fundamental: los problemas organizativos de IU son políticos en sus causas y en sus soluciones. Lo organizativo va por detrás de lo político.

Desde hace años Izquierda Unida se debate entre dos lógicas: “reparto de poder” o “hegemonía social”.

La dinámica de “reparto” es simple y se practica abundantemente. La narrativa: vamos electoralmente bien, tendremos más cargos públicos y tocaremos más poder. Si tenemos buenos resultados, las encuestas así lo indican, podemos, no tardando mucho, ser decisivos y gobernar con el PSOE y además le haremos girar a la izquierda. Es coherente.

Una organización así no necesita muchos afiliados ni demasiados activistas, basta con tener recursos económicos, buena relación con los medios y un aparato electoral solvente. No exageramos: en alguna federación es la dirección “quien elige a las bases”. Es la “creatividad” propia del hábil control de los censos. Después de las dificultades vividas: ¿vamos a iniciar un proceso que le dé recursos y cargos públicos a otras gentes? ¿A movimientos? ¿Quiénes son? ¿Quién los conoce? Esto es lo que se dice desde hace mucho tiempo. Ahora que las cosas nos van bien: ¿no es el momento de repartir entre nosotros, entre los nuestros? ¿No es el momento de fortalecer aparatos y presencia institucional propia?

Esta posición, razonable y comprensible, contiene algún error de importancia.

Primero, no tener en cuenta la crítica de la sociedad a esta política y a estos políticos. Crítica de masas trasversal y, sobre todo, de las nuevas generaciones a esa forma-partido y a esa lógica de poder que clausura socialmente el sistema de partidos y cierra la relación con la ciudadanía más activa y crítica.

Segundo, esa forma-organización condena a IU a la subalternidad frente al PSOE: el electoralismo y el institucionalismo perpetúa el bipartidismo, es jugar en el campo y con las reglas de los que organizan un partido en el que siempre ganan los mismos: los poderes facticos económicos, mediáticos y político-culturales.

Solo se puede superar el bipartidismo con amplias alianzas, movilización social y una organización política de masas.

Si esto no es posible o se considera quimérico, solo queda ser la izquierda que complementa al PSOE, que le dé los votos y compartir el gobierno.

Tercero, cualquier forma-organización transformadora y por lo tanto de masas, extremadamente difícil hoy, exige una socialización del poder interno, una democracia participativa que cree vínculos sociales y conexión con la parte más dinámica de la juventud. Es decir, “un sector publico de trabajo político voluntario”, miles de personas que dediquen su tiempo y sus energías morales al proyecto de forma gratuita. Para decirlo más claro: si la política es la actividad que fundamentalmente realizan los que viven de ella, no hay nada que hacer y esta sociedad no se podrá cambiar. Compárese esto y el tipo de organización que realmente somos para constatar que no se exagera cuando se habla de que necesitamos un autentica revolución interna.

La lógica de la hegemonía social y cultural, que es la originaria de IU, la definimos hace muchos años así: otra política, otras formas de organizarla y hacerla. La idea de fondo era una Izquierda Unida capaz de construir la Alternativa, es decir, otra política, otro Estado y otra sociedad. Las tesis van aún más lejos y nos dicen que hay que salir de esta crisis desde el socialismo del siglo XXI. No es poca cosa: salir no de la crisis en abstracto sino del capitalismo en crisis. Si nos lo creemos de verdad hay que ser coherentes hasta las últimas consecuencias.

Lo decisivo ante la “crisis orgánica” del capitalismo español (económica, de régimen y de Estado) es construir una alternativa de poder. El Bloque Social y Político (poco desarrollado en las tesis) debe ser el instrumento para esa amplia convergencia nucleada en torno al proceso constituyente. El problema real aparece de nuevo: ¿esta IU es el marco político-organizativo capaz de impulsar el proyecto que defendemos y que las clases populares reclaman? Basta leer los textos para saber que no. La revolución organizativa interna que se promueve debe ser, sobre todo, política y a su servicio; superando la lógica del reparto y retomando de nuevo una propuesta de alternativa y no de simple gestión de lo existente. De hegemonía social y cultural: ese es el camino para superar de verdad el bipartidismo y la subalternidad con respecto a la “honesta gestión de la cosa existente” con el PSOE.

7.-Hacer posible lo (que parece) imposible: el mundo se puede cambiar si queremos, nos dotamos de un proyecto autónomo y nos organizamos

Uno.- Crear imaginarios alternativos, voluntad transformadora y proyectos socialmente factibles.

Siempre ha sido así. Lo que parecía imposible, los enormes sufrimientos acumulado, las esperanzas, las aspiraciones de las dominadas y de los humillados se podían conseguir si las personas se unían, construían un ideario común y convertían los sueños en programa, en proyectos factibles de transformación social. La revolución no venia del cielo: era una posibilidad de la propia realidad que necesitaba de una subjetividad organizada y consciente.

Lo nuevo de hoy y obstáculo mayor estriba en la desaparición del imaginario de las clases subalternas de la idea misma de la revolución, de la posibilidad y deseabilidad de una sociedad alternativa al modo de producir, consumir y vivir del capitalismo en momentos en los que éste nos condena a una crisis civilizatoria.

Este “bloqueo de la subjetividad revolucionaria” tiene que ver, entre otras cosas, con la desorientación estratégica, el debilitamiento de la independencia de clase y el abandono del objetivo anticapitalista por los grandes sindicatos, con cambios estructurales en la composición de las clases trabajadoras, con cambios en la relación entre instituciones políticas y el movimiento obrero y las realidades de nuevos mecanismos en una economía en mutación; las nuevas formas de expropiación financiera de los trabajadores y sus conexiones con las enormemente desarrolladas estructuras de consumo; la derrota político-cultural del pensamiento socialista, radicalmente multiplicada tras la disolución del llamado “campo socialista”. En el trasfondo, la planificada erosión del Estado-nación, reforzada radicalmente, en nuestro caso, por el proceso de integración europea que ha significado una enorme desestructuración de nuestro tejido productivo, pérdida de control macroeconómico y una significativa reducción de la soberanía entendida como autonomía real para realizar políticas económicas y sociales diferenciadas y alternativas a las dominantes.

Dos.- Es una crisis de la globalización capitalista.

Lo sustantivo, es que nos encontramos ante la crisis del segundo intento por construir un capitalismo globalizado; el primero terminó en 1914 e inició la llamada guerra de los treinta años. El neoliberalismo ha sido el nombre que se le ha dado a la (contra) ofensiva del capital contra las conquistas históricas de las clases trabajadoras, los movimientos de liberación nacional popular y los países que se caracterizaban así mismos como realmente socialistas. Lo singular de esta crisis es que, por así decirlo, pone en cuestión la salida a la crisis anterior, es decir, el conjunto de políticas que sirvieron para restructurar sustancialmente el capitalismo y garantizar su supervivencia. Los grandes ejes de la ofensiva de los poderes económicos fueron: las políticas neoliberales, la globalización económica y productiva y la financiarización del capital. La pretensión: mercantilizar el conjunto de las relaciones sociales, eliminar los controles políticos, sociales y culturales que impedían la libre circulación del capital y construir el marco civilizatorio que hiciese factible la sociedad del mercado.

Todo esto es lo que realmente se cuestiona con la crisis. Lo que se cierra es un ciclo que comenzó en los años ochenta del siglo XX y que concluyó en el 2008. Los rasgos básicos de esta nueva fase son:

a) Una crisis de sobreproducción o de demanda. El dato fundamental de la misma ha sido la sobrexplotación de la fuerza de trabajo y de la naturaleza. Lo específico ha sido una singular combinación de globalización (libre circulación de capitales, cambios tecnológicos acelerados, desregulaciones masivas) y financiarización (control y dirección del capital dinero sobre el conjunto de la economía) que posibilitó un descomunal endeudamiento que (temporalmente) garantizó la expansión del sistema.

b) La gran transición geopolítica. La globalización ante todo fue un proyecto (imperialista) para perpetuar la hegemonía de los EE.UU. en momentos donde su predominio estaba en cuestión. Hoy asistimos a la emergencia de nuevas grandes superpotencias y a la decadencia de la que hasta ayer era la “hiperpotencia”. Este elemento marcará toda la época y determinará en muchos sentidos la salida de la crisis del capitalismo histórico. Lo fundamental: una redistribución del poder a nivel mundial de grandes dimensiones y la tendencia dominante al conflicto, a la militarización de las relaciones internacionales y a la guerra en sus diversas variantes.

c) El declive del “occidentalismo”. Desde un punto de vista histórico más amplio, éste puede ser el aspecto más relevante. Como es conocido, la modernidad aparece, no por casualidad, con el llamado “descubrimiento” de América y está unido, es su lado oscuro, al racismo y al predominio de los “valores” de un Occidente que se auto-constituía como la verdadera y única civilización. Todo esto está hoy en cuestión. Las nuevas potencias emergentes son grandes culturas que han resistido el imperialismo cultural de Occidente y que están definiendo, en la teoría y en la práctica, la crítica a la modernidad realmente existente y reivindicando la pluralidad esencial de la especie.

d) La crisis ecológico-social del planeta. La incompatibilidad entre el capitalismo industrialista y productivista y el medio natural es cada vez más evidente. El cambio de perspectiva se convierte en un problema político central. Con demasiada frecuencia se habla de la crisis ecológica como algo que le ocurre al medio natural con el que estamos relacionados. Esto es solo una mirada muy parcial. La crisis es ecológica, es centralmente social, es decir, producto de la acción de los seres humanos sobre el planeta; el problema es que, al poner en peligro los equilibrios esenciales de la biosfera, se hace cada vez más difícil la vida de las personas. Estamos haciendo imposible la pervivencia de la especie humana.

Tres.- La crisis orgánica del capitalismo español: el problema son nuestras clases dominantes y su incapacidad para generar proyectos democráticos.

Cada vez tomamos conciencia de que esta crisis no es una más. Es todo el modelo de crecimiento puesto en marcha desde la transición lo que hoy ha entrado en una crisis profunda. Hay que insistir que tanto los gobiernos del PSOE como del PP renunciaron a un modelo productivo de base nacional, comprometido con la reindustrialización y con un incremento sustancial de la productividad y del trabajo. Se optó por la “salida” europea y que fuese ésta la que resolviese todos nuestros problemas estructurales. Más allá de éxitos sociales y económicos que la población ha percibido como muy positivos, hoy sabemos que tenía un gravísimo coste que ahora se nos quiere hacer pagar. El núcleo duro: una descomunal redistribución de renta, riqueza y poder en favor de los poderes económicos y financieros.

Los poderes dominantes en la Unión Europea están definiendo una nueva división del trabajo donde cristalice un centro dominante y una periferia subalterna. Las políticas que se están aplicando contra Grecia y Portugal dan muchas pistas del modelo económico social que se quiere para el sur de la UE: economías deprimidas, con bajos salarios y prestaciones sociales, compradoras de bienes de producción, consumo y servicios y sin capacidad para un desarrollo autónomo que garantice la satisfacción de las necesidades básicas de las personas. Para decirlo con más precisión:

estamos en una larga marcha hacia el subdesarrollo económico-social y la subalternidad política.

Esto es incompatible con los derechos sociales y sindicales, las libertades ciudadanas y la soberanía popular entendida como autogobierno de las poblaciones. Nos encontramos en el camino hacia la barbarie.

Las clases dirigentes, las distintas burguesías dominantes, incluida la vasca y la catalana, aceptan este modelo dependiente y subdesarrollado y se conforman con repartirse una parte del beneficio global fruto de la sobreexplotación de la fuerza de trabajo y de la naturaleza. Es el patrón de crecimiento franquista empeorado. Los debates “soberanistas” tienen mucho que ver con los movimientos que se realizan entre los grupos dominantes y de su capacidad para implicar subalternamente a las clases populares.

Cuatro.- Reconstrucción social, Poder Constituyente, República Federal: las mayorías sociales protagonistas y constructoras de la revolución democrática.

Hay que salir de la resignación y convertir la rabia en política.

La gente común y corriente, las clases populares, deben construir una nueva hegemonía y un nuevo poder al servicio de las mayorías sociales.

Hay que recuperar el saber, la cultura democrática-popular olvidada y enterrada en la transición política. El problema de España son sus clases dominantes, por su histórica carencia de un proyecto nacional integrador y por su parasitismo social y económico; por su dependencia de los intereses extranjeros y su profundo desprecio del pueblo, de los ciudadanos y ciudadanas.

Ahora, de nuevo, se apresta a convertir la crisis en una oportunidad para restringir derechos sociales y libertades públicas. Las clases dominantes (incluidas las burguesía vasca y catalana; la gallega jamás tuvo proyecto propio alguno) aceptan sin más el papel que se asigna al Estado español en la nueva división del trabajo que se está configurando en la Unión Europea en crisis. Una España subdesarrollada y dependiente no puede permitirse el “lujo” del pleno empleo, de derechos sociales universales, de un Estado social que regule el mercado, redistribuya la riqueza y defina el desarrollo sostenible del país. Este es el dato políticamente relevante: el capitalismo oligárquico y rentista es incompatible estructuralmente con la democracia y condena a España en su conjunto ser una “región periférica y subalterna” de un centro económico y político dominante bajo hegemonía alemana.

Una de las mentiras más consistentes de la política en la “joven democracia española”, aderezada con la vulgata marxista habitual de la época, fue eso de que la Republica y los Estatutos vascos, catalanes y gallegos eran formas de dominación burguesa, y por tanto secundarias, en la definición de las estrategias de los trabajadores. En medio se quedó la ruptura democrática y lo que era política y culturalmente más significativo: que en este país la República siempre tuvo un contenido democrático-plebeyo, anti oligárquico, federalista y socialmente igualitario.

Hoy, ante una crisis que es de Estado, de régimen y de la política democrática en sentido fuerte, en plena regresión social y cultural, las clases populares, para defender derechos y libertades conquistadas, tienen que definir un proyecto alternativo de país, un proyecto republicano-plebeyo. En el centro, el poder constituyente de la ciudadanía; el medio: un nuevo bloque social y político y la rebelión democrática, la auto-organización de la ciudadanía como instrumento. Quinto.- Una Instituyente democrático-popular para una Constituyente: soberanía popular y revolución democrática.

Hay que entender que ya estamos en una transición de régimen. Lo fundamental: la constitución de 1978 ha cambiado sustancialmente, siendo la modificación del artículo 135 el golpe de gracia, y el pacto político-social subyacente no existe ya. Los poderes económicos, con la complicidad de la clase política bipartidista, han dado un verdadero golpe de Estado y se inicia el proceso para un nuevo régimen sin proceso constituyente, sin el protagonismo del soberano, sin legitimidad. Este es el hecho decisivo.

Esto lo cambia todo: el pasado no volverá y es necesario, para defender derechos y libertades, impulsar el proceso constituyente, el poder de la ciudadanía, el poder del pueblo. Esto no vendrá del cielo ni surgirá de la nada. Exige proyecto, organización, movilización sistemática y capacidad de hegemonía. En la crisis que vivimos se produce un doble movimiento: una parte se retira de la política, otra, se politiza y muestra su disponibilidad para la acción y hasta la organización. Ambas están conectadas y sus posibles derivas no están escritas en parte alguna. Depende de nosotros y no tenemos todo el tiempo del mundo: la disponibilidad puede cesar y las mayorías, por ahora silenciosas, pueden activarse en diversas direcciones, incluidas las autoritarias o abiertamente fascistas.

El tiempo apremia. Venimos hablando de movimiento político y social y lo que tenemos son caricaturas de los viejos partidos de integración de masas. Aparatos institucionales y electorales, con poca conexión con los movimientos y con una lógica marcada por el reparto de poder interno. Eso lo sabe todo el mundo y se convierte en un obstáculo de grandes dimensiones para interpretar e intervenir en esta fase de excepción.

De lo que se trata ahora es pasar de las declaraciones a los hechos con veracidad. Hoy es necesario, imprescindible, un proceso Instituyente de un Movimiento Político y Social que sea vehículo de auto organización, instrumento de regeneración democrática de la política y fuerza capaz de protagonizar una nueva República; combatir el bipartidismo en serio y asegurar el poder constituyente de la ciudadanía.

La auto-organización del movimiento político y social debe partir de la pluralidad esencial de las fuerzas existentes, es decir, pluralidad ideológica, de género, nacional y cultural. Una fuerza así solo es posible si se organiza democráticamente, se dota de reglas claras de funcionamiento, se fundamenta en un programa colectivamente elaborado y garantiza la unidad de acción.

La experiencia latinoamericana ha mostrado hasta que punto un proceso constituyente puede cambiar desde abajo la sociedad y generar una nueva cultura política.

Es la Constitución entendida como proyecto colectivo y como hoja de ruta de la transformación social. Ganaríamos mucho si la Constitución fuese el verdadero programa del movimiento y plasmación de una nueva unidad de pueblos, de culturas e identidades en torno a la transformación, desde una lógica antioligárquica y abierta a la emancipación socialista.

Firmantes de la Aportación a la X Asamblea de Izquierda Unida:

Javier Aguilera, José Alcalá, Ana Alcantara de la Chica, José Luis Angulo, Antonio Arnau, David Arrabalí, Violeta Barba, Angel Barrio Bobo, Dolores Barroso Parra, Andoni Basterra, Natalia Biscari, Andrés Bodalo, Jaume Botey, Luis Cabo, Pepe Cabo, José Cabrero, Miquel Candel, Víctor Casco, Juana Cazorla Ruiz, Luis Cerrillo, Carme Conill, Manolo Colomer, Jorge Cortegana, José Coy, Albert Escofet, Lola Flores Lendínez, Santiago Fernández Vecilla, Ramón Franquesa, Fernando García Noval, Arístides García Suarez, Luis Gibello, Manuel Gomez, Raul Gomez de la Peña, Margarita González-Jubete, José Valentín Gonzalo, Constantino Gutierrez Barbarrusa, Alberto Herbera, Felipe Herrera Carrillo, Héctor Illueca, Pedro Jimenez Muñoz, Damián Jimenez Ruiz, Ana López Castillo, César Manuel López Nieto, Sebastian Martín Recio, José Antonio Martos, Isabel Mateos Valero, Encarnación Millas González, Manolo Monereo, María Montávez Sanchez, Pedro Montes, Paco Morote, Celes Navarro, María Dolores Nieto, Araceli Ortiz, Raquel Palacio, Gumer Pardo, Pablo Paz, Ana Padilla, Juan Padilla Ruiz, Catalina Parra, Paola M. Pestana, Mariano Pinós, Julián Polo Ciudad, Javier Portal, María Cruz Ratia, Flora Rendón del Rio, José Domingo Rodríguez, Clara Rivas, Miguel Rivas Cano, José María Ruiz Losa, Francisco Sánchez del Pino, José Luis Serrano, Manuel Sosa Aparicio, Javier Sumelzo, Manuel Vargas Galizano, Rodrigo Vazquez de Prada, Diosdado Toledano, Ana Torres Medina, Marta Tudela.



 
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concepció&disseny: miquel garcia "esranxer@yahoo.es"